Alianzas repugnantes

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Tres veces lo negó, y tres veces mintió. El supuesto aspirante independiente a la presidencia,  Armando Ríos Piter, negó e incluso firmó que no declinaría por ningún otro candidato al ejecutivo federal. Mintió e incumplió su promesa. También había dicho que nunca se sumaría al Partido Revolucionario Institucional (PRI). También mintió. 

El pasado 20 de abril anunció su incorporación a la campaña del priista José Antonio Meade Kuribreña, argumentando que “es la mejor opción para la presidencia, porque cuenta con una visión social que nos permitirá hacer una política diferente”.

Ya fuera de todo recato en su alianza con el oficialismo priista, el diario La Razón que se edita en la Ciudad de México tituló: “Acerca ‘El Jaguar’, la izquierda progresista y voto joven a Meade”. De risa loca. Ahora resulta que el aspirante independiente que más firmas falsas entregó a la autoridad electoral es representante de una supuesta izquierda moderna y del preferido por los jóvenes de este país.

Si algo representa Ríos Piter, autonombrado “El Jaguar”, es a los políticos profesionales, sin principios, sin congruencia, sin ideología, sin convicciones, sin congruencia, sin decencia, pero sí con mucha ambición para conseguir un cargo público y conseguir, a través de él, prebendas y beneficios para darse una vida de lujo.

Su misma biografía lo delata: estudió derecho en la UNAM y economía en el ITAM, dos maestrías en Estados Unidos. Trabajó en el gobierno del priista Ernesto Zedillo Ponce de León, luego en la del panista Vicente Fox Quezada. De ahí saltó al gobierno perredista del empresario Zeferino Torreblanca, en Guerrero. Luego saltó al poder Legislativo, primero como diputado federal por un distrito de la Ciudad de México, y luego como senador por Guerrero.

Hace menos de un año dejó el Partido de la Revolución Democrática (PRD) para buscar la candidatura independiente a la presidencia de la república. Fracasó en el intento porque el Instituto Nacional Electoral (INE) le detectó más de 811 mil firmas falsas.

Es decir, trató de conseguir su registro como aspirante a la presidencia copiando, alterando o comprando firmas electorales.

Bastó que el derrotado candidato priista le hiciera una mínima insinuación a sumarse a la campaña (por supuesto, previo acuerdo previo) para que “El Jaguar” se olvidara de sus promesas de que no declinaría por nadie y que no quería nada con el PRI, como dijo en la entrevista a Fernando del Collado (Tragaluz, mayo de 2014). Hoy se traga sus promesas y compromisos y hace lo contrario a lo que dice.

Me entretengo en el caso de Ríos Piter, no porque signifique mayor cosa políticamente, sino porque representa claramente la falta de congruencia y de ética en la clase política profesional mexicana.

No es el único caso, por supuesto. Casos semejantes son los  de Emilio Álvarez Icaza, quien también anunció que buscaría la candidatura presidencial independiente por la plataforma llamada “Ahora”. No lo consiguió y al final terminó pactando el apoyo a Ricardo Anaya del amasijo conformado por el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano.

La política mexicana está plagada de estos casos políticos que incumplen sus promesas y hacen lo contrario de lo que prometen.

Es esa indecencia y falta de congruencia ética la que tiene a la clase política mexicana, y a la partidocracia tradicional, en un rechazo y desaprobación, y constituyen, por lo demás, otra muestra de la crisis terminal del sistema político liberal mexicano.

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