Adiós certidumbre, hola Bronco

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Hay una frustración dolorosa en aquel que se siente impotente, vejado, humillado e incapaz de restituir su dignidad y conseguir justicia ante una fuerza superior o distante. Esta frustración, esta rabia, se encuentra del lado opuesto al principio de certidumbre y en el tsunami de heces fecales que es esta contienda electoral. El INE, que tan caro nos salió, debería trabajar para ser el antiácido y acabó por ser una úlcera sangrante gracias al Tribunal Electoral.

Hablo específicamente de la discrecionalidad dañina, de la politiquería que privó sobre la legalidad, en el caso de Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón alias “El Bronco”, hoy aspirante a la silla del águila, gracias a la resolución de los juicios SUP-JDC-186/2018 y su acumulado SUP-JDC-201/2018 en la que prevaleció el bien de un señor antes que el prestigio de las instituciones y el bienestar de la república misma.

Pero vamos a ver, desgajando la madeja de la justicia electoral, ésta tiene tres elementos a saber: el Instituto Nacional Electoral, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales.

Estos tres bodrios juntos forman y constituyen el sistema de justicia electoral que, teóricamente, tendría la pequeña obligación de salvaguardar la democracia y ser garante de la justicia en este pilar fundamental de nuestra vida política como país.

Es por eso que, en medio de esta complicadísima elección, con el tufillo del fraude del 0.58% de 2006 y la corrupción rampante del sexenio en curso, que ponen en jaque la credibilidad de las instituciones, que han puesto en el ridículo y la ruina la rendición de cuentas, la garantía de no repetición y la reparación del daño con majaderías como “pongo a mi achichincle Virgilio a investigar la casa blanca de mi esposa para que demuestre mi probidad mientras me bolea los zapatos”, o “ya me cansé”, que los encargados de garantizar la certidumbre democrática deberían andar con pies de plomo, pero prefirieron dar una patada en la entrepierna a la certidumbre.

¿Qué hicieron los magistrados que fue tan grave?

No violaron la ley, porque la sentencia cumplió con los aspectos leguleyales, eso es indiscutible, perogrulladas, pero en el marco de lo que les permite su investidura. Sin embargo, al avalar el registro del Bronco, abollaron la credibilidad del sistema electoral en su conjunto.

En vez de fortalecer la confianza en las instituciones, ellos solitos las mandaron al diablo, con una decisión que parece más estrategia política que argumento jurídico.

Privó el interés del Bronco sobre el interés general. Los magistrados sostuvieron que apenas le faltó el 1.92% de firmas, es decir, 16 mil 656 rúbricas que fueron solventadas de un plumazo ante la duda.

No llegó es no llegó y 99 centavos no hacen un peso, además de que el argumento de que la revisión de firmas por parte del INE no se podía llevar a cabo a tiempo ya que de probarse que las firmas estuvieran bien, se perdería el tiempo irrecuperable de campaña del Bronco, y por ende, se le causaría un daño y una desventaja irreparable; es francamente una exageración desmedida porque, si bastaron 4 días para revisar las cerca de 400 mil firmas presentadas por el candidato, ¿cuánto podría tomar demostrar que efectivamente no cumplió o dar certidumbre al hecho de que sí ajustaron las firmas válidas? ¿24 horas en frente de los representantes del Bronco?

¿No vale la pena dedicar 24 horas a la revisión a cambio de fortalecer las instituciones? ¿A qué se debe la decisión del tribunal que decide dañarse y dañarnos para dar espacio a un ariete del poder?

Será el sereno, pero huele a estiércol.

Hoy toda duda es válida, eso es lo que avaló el tribunal. Hoy los que sospechen tienen argumentos.

EtiquetaZul
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