¿Deben quitar el logo del PRI?

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Dado el inmenso rosario de intereses que mueve a los involucrados, me veo obligado a arrojar un poco de luz a las interminables discusiones de sobremesas y corrillos políticos sobre el tema de moda: ¿deben los priistas usar el logo de su partido? ¿Es conveniente levantar las banderas priistas cuando el partido pasa por una de sus peores crisis de credibilidad? 

Lo que primero que hay que decir es que cada elección es diferente. Después, que la opinión o los intereses aislados de algunos militantes no pueden marcar el rumbo de una campaña, pero sobre todo y lo más importante: una campaña es una competencia donde deben tomarse todos los recursos al alcance para ganar. Ése es el último fin: ganar la elección.

Empezando por el caso de Miguel Castro, candidato a la Gubernatura de Jalisco, hay que decir que su precampaña estuvo dirigida (erróneamente, desde mi punto de vista) única y exclusivamente a los priistas de todo el estado. Recorrió todo Jalisco con el candado mental de que su campaña debía centrarse única y exclusivamente en los que traían globos, gorras y camisetas rojas. Casi pedían filiación priista para poder escucharlo en algún evento, y puede sonar irónico pero, de verdad, hubo varios eventos donde eran pocos asistentes o no se distinguían camisetas de otro color.

Ahora Miguel Castro y sus estrategas consideran que no es conveniente usar el logo del PRI en la primera etapa de la campaña. Seguro ya hicieron un análisis prospectivo considerando los pros y los contras de esta decisión, y en sus cuentas ya deben tener un estimado de lo que pueden ganar y lo que pueden perder.

Decididamente, si en este momento pones a elegir en una boleta entre PRI y MC, todos sabemos que MC resultará ganador. Sin embargo, si pones Miguel Castro y Enrique Alfaro, suena diferente. Esto no quiere decir que Miguel está muy fuerte: quiere decir que lo que haga para sumar a su persona le puede ayudar, y si en el camino se sacude negativos, son piedras que le quita al costal mientras sube la cuesta. Los 20 puntos que el PRI le da a Miguel ahí están, pero con esos puntos no gana. Debe chiquear a los de casa y eso debe ser un trabajo que haga el partido, pero Castro tiene que ir por el resto…

Caso diametralmente diferente a la circunstancia que se vive en Guadalajara. Ahí, Eduardo Almaguer Ramírez, el candidato priista a la Alcaldía, es un priista de a pie al que todos conocen y asumen como suyo. Cada priista de Jalisco se ve en él y ven en su oportunidad la suya propia. Además, la planilla que lo acompaña en esta travesía es lo más representativo de las bases de este partido en el municipio. En Guadalajara el tema del logo o de las camisetas rojas no es tema.

Pero también no es tema porque difícilmente José Antonio Meade y Miguel Castro le darán votos para ganar la próxima elección. Es al revés: será Eduardo Almaguer quien les dará votos a Meade y a Castro el primero de julio. Con un candidato tan fuerte a la Gubernatura como

Enrique Alfaro, y uno tan popular a la Presidencia de la República como AMLO, es el trabajo de Almaguer el que establecerá la dinámica de la próxima campaña.

Dicho sea de paso, Almaguer está haciendo todo lo que se puede y debe hacer para ganar la próxima elección, mientras su oponente, Ismael del Toro, está sentado rascándose la panza -cada vez más prominente- esperando que sea el efecto Alfaro el que gane Guadalajara.

En Tlaquepaque no es la misma situación; pero sí hay algo parecido: será Freddy Barba quien le dé votos a Meade. El candidato a la Alcaldía ya fue Presidente Municipal y en su momento fue el mejor evaluado de la zona metropolitana, sabe pelear como pocos su terreno y tiene recursos y mucho carácter para lograrlo. La base de Freddy es priista, sus líderes de colonias son priistas, sus estructuras son priistas. No depende del logo para ganar o perder. Depende de su estrategia y de su movilización. Y en su caso particular, sí le abona a su campaña el nombre de Miguel Castro, porque el candidato a Gobernador ya fue dos veces presidente municipal. La suma de la operación de Alfredo Barba con la campaña de Miguel sin duda dará buenos resultados. ¿Suficientes para ganar la elección? Eso sólo se sabrá el primero de julio por la tarde…

Y en Tonalá, Oswaldo Bañales tiene una amplia base priista que lo recibe bien y lo apoya en esta elección. En Tonalá, ni Meade ni Castro le darán votos a Bañales. Ahí será al revés. Será Bañales y los priistas de ese municipio los que, con su operación, den votos para el candidato a la Presidencia y a la Gubernatura. Ahí la maquinaria priista está bien aceitada: ahí el tema del logo ni les pasa por la cabeza.

Ergo: ¿importa el logo del PRI? Creo que la discusión sobre qué hacer debería estar en otro lado. No se trata de egos o pataleos personales, de logos o colores particulares. La discusión debe centrarse en que en una elección sólo hay dos bandos: los que ganan y los que pierden. ¿De qué lado se quiere estar?

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