Ya es imposible navegar

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Las campañas no han empezado, dicen las autoridades que no se enteran ni de que no se enteran, porque eso empezó hace años, porque nunca terminan, porque los informes de gobierno son campañas, porque la gestión gubernamental es campaña.

Pero sí es cierto que, naturalmente, se ponen más intensas conforme se acerca un periodo electoral.

Lo que está pasando en nuestros días es la absoluta invasión de todos los canales de las nuevas tecnologías por parte de todas las fuerzas electorales.

Guerra sucia y no tanto, perfiles reales y no tanto, todos contribuyen a un internet inmanejable.

La sobreinformación sobre las noticias y falsedades en torno a los candidatos hacen absolutamente inmanejable la red; me pregunto si eso es adrede o si es simplemente desesperada incapacidad.

“Si todas las películas no son rigurosas, se debe a que en la industria hay demasiada gente que no comprende nada del arte de la imagen”, decía Hitchock, hace ya muchos años.

Escuchando hoy el drama de las capacidades de la suprema corte, los infinitos logros de la cámara de diputados, los cambios indiscutibles que han mejorado las condiciones de vida de toda la nación surgidos desde la cámara de senadores, y otra lluvia de pavadas que por segundo nos torturan desde los medios tradicionales, me hace recordar la frase de Hitchcock, cambiando solamente el término películas por campañas.

Hay una de dos: o entienden que esta lluvia brutal, excesiva e inaceptable de comerciales de partido y candidato en lo federal, estatal y municipal es inmanejable y asesina, que genera una apatía y un asco que se reflejará en menos votos en la boleta y lo hacen adrede para desincentivar la participación, o son francamente unos tontos del haba.

Me atrevo a afirmar que no hay nadie en el país que no odie prender la radio, porque la tele la ve cada vez menos público, llenos de odio en el tráfico ante “este comercial es para militantes de sepa el cielo qué madres, pero igual se lo recetamos a todo el país porque la legislación, como casi todo en la patria, es para simular que hacemos”.

El problema es que hace mucho que los medios tradicionales dejaron de ser el tema, el espacio invadido.

Porque uno puede apagar la tv y la radio para irse feliz a opinar en su muro del “feis”. Pero “el feis”, precisamente, es el nuevo espacio de la guerra mediática donde 2 mil 215 portales de “noticias” surgen al día compartiendo notas de que el Peje se comió una foca bebé, o que en una encuesta imaginaria Meade va a la delantera, o que Ricardo Anaya en realidad no es del Partido Acción Nacional en una alianza incomprensible con el PRD y Movimiento Ciudadano, sino que es un extraterrestre bondadoso en el cual se cifra la única esperanza que tenemos para construir un futuro digno en el que nuestros hijos vivan felices y coman perdices.

Tanta desinformación brutal, tal bombardeo (y apenas van a empezar las campañas), genera una versión de los hechos muy lamentable en la que la mayoría del electorado se comporta y comenta como si de un partido de futbol se tratara.

Hay pasión, hay un montón de pseudo información. Lo que no hay es un debate basado en los hechos y en los datos duros. De cada uno de nosotros depende si aporta a los hechos, a la revisión puntual de información y fuentes para tomar una postura, o si se trata de que su equipo meta goles.

Va a ser un año espantosamente largo.

EtiquetaZul
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