PROTECCIONISMO BELIGERANTE

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Salvador Cosio-08Donald Trump aplazó la imposición de aranceles al acero y al aluminio para México y Canadá, medida que firmó el jueves y que entrará en vigor en un plazo de 15 días.

“Vamos a aplazar el arancel de esos dos países (México y Canadá) para ver si podemos o no lograr el acuerdo sobre el TLCAN”, dijo el mercader neoyorkino en su mensaje en la Casa Blanca, flanqueado por miembros de su gabinete y trabajadores de la industria de los metales. México, Canadá y Estados Unidos renegocian el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), cuya próxima ronda está prevista para abril y hasta ahora lleva un avance de seis capítulos cerrados de un total de 30 a revisar. Estados Unidos ha advertido que el proceso avanza lento.

“Tengo la sensación de que lograremos un acuerdo con el TLCAN”, afirmó Trump, quien no mencionó a los países afectados. Los aranceles serán de 25% para el acero y de 10% para el aluminio.

Los detalles de la medida se conocieron tras una reunión informativa con funcionarios del gobierno antes del anuncio oficial.

El estadounidense insistió en que la producción nacional es necesaria por razones de seguridad nacional. “Si no quieren pagar impuestos, traigan su planta a Estados Unidos”, exclamó.

Existe un consenso casi universal entre economistas y líderes empresariales acerca de que los aranceles al acero y aluminio que ha impuesto Donald Trump son una mala idea, y que la guerra comercial generalizada que provocarán esos impuestos sería destructiva.

De hecho, la imposición de aranceles tal vez sean lo más trumpiano que haya hecho Trump hasta ahora.

Después de todo, el comercio (como el racismo) es uno de los asuntos en los cuales Trump siempre ha sido consistente a lo largo de los años. Ha pasado décadas despotricando en contra de otros países que, según él, perjudican a Estados Unidos por tomar ventaja sus nuestros mercados relativamente abiertos. Además, si sus puntos de vista se basan en el nulo entendimiento de los asuntos o incluso de los hechos básicos, bien, el trumpismo tiene como único principio la ignorancia beligerante generalizada.

Hay una razón por la que la mayoría de los países tenemos acuerdos comerciales internacionales y no es porque queramos protegernos de las prácticas injustas de otros países. Más bien, el verdadero objetivo es protegernos de nosotros mismos: limitar las políticas de los grupos de presión y la corrupción descarada que solía reinar en la política comercial.

Sin embargo, los asesores de Trump no creen que la corrupción y el mandato por medio de estos grupos sea un problema. Se podría decir que el sistema comercial del mundo está diseñado, en buena parte, para evitar que la gente como Trump tenga demasiada influencia. Por supuesto que quiere destrozarlo.

Contrario a lo que se cree, la economía de libro de texto no dice que el libre mercado sea una situación favorable para todos. En cambio, la política comercial involucra conflictos de interés muy reales. Pero estos se dan de una forma abrumadora entre grupos dentro de cada país, en vez de entre países. Por ejemplo, una guerra comercial en contra de la Unión Europea volvería pobre a Estados Unidos en general, aun si la UE no tomara represalias (lo cual sí haría). No obstante, beneficiaría a algunas industrias que resulta que enfrentan una fuerte competencia europea.

Además, el problema es el siguiente: los grupos pequeños que se benefician del proteccionismo suelen tener mayor influencia política que los grupos más grandes que se ven perjudicados. Por esta razón era habitual que el congreso estadounidense por ejemplo, aprobara proyectos de ley comerciales destructivos, como la Ley de Aranceles Smoot-Hawley de 1930: de un modo u otro, suficientes miembros del congreso recibieron un soborno con el fin de promulgar una legislación que casi todos sabían que era mala para la nación en conjunto.

Sin embargo, en 1934, Franklin Delano Roosevelt introdujo una nueva forma de abordar la política comercial: acuerdos recíprocos con otros países, en los cuales hubiera aranceles rebajados a sus exportaciones por aranceles rebajados a las importaciones. Esta estrategia generó una nueva serie de grupos de presión: los exportadores, quienes podían ofrecer un poder que contrarrestara la influencia de los grupos de presión que buscaban protección.

La estrategia de acuerdos recíprocos de Roosevelt provocó que se revirtiera rápidamente la Smoot-Hawley, y después de la guerra evolucionó en una serie de acuerdos comerciales a nivel global que crearon un sistema comercial en el mundo que en la actualidad vigila la Organización Mundial del Comercio, OMC. De hecho, Estados Unidos rehízo la política comercial del mundo a su propia imagen. Y funcionó: los acuerdos globales que evolucionaron de la estrategia de aranceles recíprocos redujo de manera importante las primas comerciales en todo el planeta, al mismo tiempo que establecieron reglas que limitaban a los países a cambiar de opinión sobre sus compromisos.

El efecto total de la evolución del sistema comercial del mundo ha sido muy beneficioso. La política arancelaria, que solía ser uno de los aspectos más sucios y corruptos de la política en Estados Unidos y en todos los rincones del planeta, se ha vuelto (aunque no perfecta) notablemente limpia.

Además, los acuerdos comerciales a nivel mundial son un ejemplo sorprendente y alentador de cooperación internacional eficiente. En ese sentido, son una contribución verdadera, aunque difícil de medir, a la gobernanza democrática y la paz mundial.

Conforme a la ley comercial de Estados Unidos, la cual está escrita para estar en armonía con los acuerdos internacionales, el Presidente puede imponer aranceles bajo ciertas condiciones poco definidas. Sin embargo, es claro que los aranceles al acero y el aluminio, los cuales han sido justificados apelando con una falsedad evidente a un asunto de seguridad nacional, no pasan la prueba.

Así que, de hecho, Trump está violando las leyes estadounidenses y sacrificando el sistema comercial del mundo a su favor. Si esta situación llega a convertirse en una guerra comercial a gran escala, volveremos a vivir como en los viejos y terribles tiempos. De nueva cuenta, el tráfico de influencias y los sobornos conducirán la política arancelaria, ya no digamos los intereses nacionales.

Sin embargo, eso no molestará a Trump. Después de todo, en esencia tenemos una Secretaría de Protección Ambiental que beneficia a los contaminadores, un esquema agrario y territorial que dirige gente que quiere saquear las tierras, un modelo educativo que está a cargo de la industria escolar con fines de lucro, etc. ¿Por qué la política comercial tendría que ser un caso distinto?

Es verdad que muchos de los grandes negocios y los ideólogos del libre mercado, quienes pensaban que tenían a Trump de su lado, están horrorizados con sus medidas en el tema del comercio.

Sin embargo, ¿qué esperaban? Nunca hubo una buena razón para pensar que la política comercial estaba a salvo de las depredaciones del sicofante de la política.

Ahora Estados Unidos está dividido entre la cautela y el aplauso tras la gran puesta en escena del proteccionismo de su Presidente, Donald Trump, a pesar del gran rechazo internacional que ha generado la imposición de aranceles al acero y el aluminio.

Las medidas del locuaz mandatario no han dejado a nadie indiferente en el país, que hoy se debate entre la precaución inicial a la espera de que se concreten las posibles excepciones y el buen recibimiento de los trabajadores de la industria, además de la previsible oposición de los sectores más globalistas.

Con una imposición del 25 por ciento para las importaciones de acero y del 10 para las de aluminio, la confirmación de la semana pasada del proteccionismo de Trump ha levantado diferentes pasiones en las filas demócratas y conservadoras.

Entre los compañeros de partido del mercader neoyorkino, muchos han visto en los aranceles un golpe al libre comercio, como es el caso del senador John Cornyn, el segundo republicano de mayor rango en la Cámara Alta, que lamentó la creciente influencia de los asesores proteccionistas de Trump y el declive de los librecambistas. En este sentido, algunos legisladores republicanos adelantaron que presentarán una iniciativa legal para frenar las nuevas tarifas -que eximen por el momento a Canadá y nuestro país- ante una previsible “guerra comercial”. Desde los sindicatos y las asociaciones gremiales la noticia fue recibida con los brazos abiertos. Por su parte, Richard Trumka, el Presidente de AFL-CIO, el mayor sindicato gremial del país, no tardó en aplaudir las medidas anunciadas por el mandatario. La AFL-CIO, que cuenta con 12.5 millones de miembros, es una importante fuerza dentro del electorado demócrata y apoyó a la candidata Hillary Clinton en las elecciones de 2016, pero el gravamen y el giro proteccionista en la industria ha satisfecho una reivindicación recurrente durante los últimos años en el sector. Uno de los argumentos más recurridos por la oposición es el miedo a una subida irremediable de los precios de productos que incluyan alguno de estos dos materiales, algo que se ha reconocido incluso desde la Casa Blanca.

Del lado del Partido Demócrata, la senadora Elizabeth Warren rechazó la acción del Presidente al considerar que afecta a una “pequeña sección de la economía” y que “mete en el mismo bote” a los aliados y a China.

Las grandes economías del mundo sí que han mostrado una oposición sin paliativos y han pedido se retiren los aranceles impuestos por Trump, quien cumple con el giro proteccionista prometido en campaña electoral.

La Unión Europea mantuvo la cautela y evitó la colisión frontal, pero la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, advirtió al magnate: “La primera opción de la UE siempre es el diálogo pero, llegados a la situación, responderemos”, señaló en referencia a posibles excepciones.

Malmström aseguró que la UE tardaría un máximo de 90 días en actuar tras la entrada en vigor de los aranceles estadounidenses.

El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, lamentó el viernes la decisión al tiempo que advirtió que el bloque comunitario “responderá” para proteger a su industria.

China pidió a Estados Unidos que retire “lo antes posible” esos nuevos aranceles, pues alertó que tendrán un “grave impacto” sobre el comercio internacional. 

Para el director del departamento de investigación comercial del Ministerio chino de Comercio, Wang Hejun, la decisión atenta contra el orden comercial de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

En Tokio, el ministro de Asuntos Exteriores de Japón, Taro Kono, calificó de “lamentables” esas medidas arancelarias y advirtió que “puede afectar mucho la cooperación económica entre Japón y EU”.

También el Gobierno surcoreano se sumó con sus quejas y lamentó la decisión de Trump, a quien anticipó que sopesa acudir a la OMC.

La ministra alemana de Economía, Brigitte Zypries, aseguró que Berlín acordará con la Comisión Europea una respuesta “sensata, pero clara” a los aranceles al acero y al aluminio estadounidenses y advirtió a su presidente, Donald Trump, que está aislando a su país. También el Gobierno francés protestó la decisión.

Sólo el Gobierno canadiense aplaudió la decisión de Estados Unidos al excluir a su país pero precisó que “hay más trabajo por hacer”.

Desde Brasil, su Ejecutivo reiteró la “gran preocupación” que causa la decisión de Estados Unidos y anunció que “recurrirá a todas las acciones” para preservar sus intereses.

Esa medida provocará “graves perjuicios” a las exportaciones brasileñas, “ampliamente” favorables a EU, según el comunicado conjunto de la cancillería brasileña y del Ministerio de Industria y Comercio.

Por su parte la patronal europea del acero, Eurofer, calificó de “absurda” la decisión del Gobierno estadounidense con el pretexto de la seguridad nacional y abogó por una repuesta comunitaria.

Eurofer subrayó que la medida es “perjudicial y contraproducente tanto para Estados Unidos como para la UE”.

Ahora bien, si los aranceles de importación están destinados a mejorar las perspectivas para la industria siderúrgica de Estados Unidos, ¿por qué los inversionistas locales no están celebrando?

Las acciones de Nucor Corp cayeron un 2.7% luego que Donald Trump firmara el jueves el decreto para imponer aranceles, mientras que los títulos de U.S. Steel Corp. perdieron un 2.9%. Steel Dynamics Inc. bajó un 2.8% y AK Steel Holding Corp. descendió un 4.1%.

En relación con el primer golpe de emoción el 16 de febrero cuando el secretario de Comercio, Wilbur Ross, presentó sus propuestas de gravámenes, los cuatro principales productores estadounidenses se negocian a la baja.

Parte de la respuesta es que la proclamación, que entrará en vigor este mes, excluye las principales fuentes de importaciones de acero estadounidense – Canadá y México – y deja la puerta abierta para que otros aliados también obtengan un pase. Otra parte es probablemente porque los accionistas han estado comprando con el rumor y vendiendo con la noticia.

Sin embargo, hay más que eso. La mejor respuesta es probablemente que el acero no es una simple materia prima que sube y baja en respuesta a datos como una línea en un gráfico. En cambio, es una canasta de productos especializados en la que cada uno tiene características propias.

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