Gentrificación y dudas sobre la ciudad

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Sonia Serano-04Durante las campañas para la alcaldía de Guadalajara en 2015, los tres candidatos con más votos, Enrique Alfaro Ramírez de Movimiento Ciudadano, Ricardo Villanueva Lomelí del Partido Revolucionario Institucional, y Alfonso Petersen Farah del Partido Acción Nacional (PAN), hablaron de la necesidad de redensificar Guadalajara.

Esa necesidad era clara para cualquiera, ante el gran fracaso de los desarrollos inmobiliarios en las periferias de los municipios de Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá y, en particular, de Tlajomulco de Zúñiga.

Llevar a los tapatíos a vivir a fraccionamientos alejados del centro, con la promesa de una mejor calidad de vida, por tratarse de cotos cerrados y precios más accesibles, se revirtió muy pronto. Todo terminó en falta de servicios, escuelas insuficientes y muchas horas de recorridos. Eso, sin contar con una inseguridad igual o peor que la de Guadalajara.

Los tres candidatos mencionaron en su momento que la redensificación debía darse en torno a las líneas de transporte público, en particular el Tren Ligero y el Macrobús. Parecía que hablaban de una inclusión para todos los tapatíos.

Al llegar a la alcaldía de Guadalajara, Enrique Alfaro cumplió con ese proyecto y se permitió el desarrollo inmobiliario. El municipio puso su parte, con la venta de algunos inmuebles públicos, para que ahí se desarrolle vivienda y servicios, en torno al transporte público.

Esta última medida ha generado inquietudes, por la forma en que se ha implementado. El problema principal es la diferencia entre una política pública de redensificación y una de gentrificación.

El primer punto que ha saltado, en la venta de bienes públicos, es la falta de transparencia y el desorden.

El Ayuntamiento de Guadalajara sacó a todos sus trabajadores de los espacios en venta y los hacinó en un inmueble rentado, conocido como “El patio de la Merced”; una simple visita de Protección Civil bastaría para clausurarlo.

Pero el problema más delicado es la forma en que se deshace de los bienes públicos, en ventas extrañas, que dejarán apenas unos millones de pesos. Por ejemplo, en el caso del edificio ubicado sobre la avenida De las Rosas, a una cuadra de la Expo Guadalajara, el municipio cobrará 10 millones de pesos. Ese monto equivale, por ejemplo, al costo de dos o tres departamentos en los nuevos edificios que se construyen en las colonias Americana y Lafayette. Imagine el tamaño del negocio para los compradores.

En la mayoría de los contratos, se han fijado prestaciones en “especie”, casi siempre poco claras. Si no se señala expresamente de qué se habla, no pueden culparnos por dudar.

Otro punto relevante es el costo de las viviendas que se construirán en esos inmuebles, las cuales serán accesibles para clases media alta hacia arriba. Eso, en cualquier ciudad, ha sido parte de los procesos de gentrificación.

Ésta es nuestra ciudad y su rescate, aunque moleste tanto a las autoridades, es un asunto que nos incumbe a todos.

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