Desbandada y crisis de la partidocracia

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Ruben MartinEstamos en plena zafra de desbandada de políticos que abandonan un partido para treparse a otro. No es algo fuera de lo normal. Ocurre en todos los procesos electorales. Y no es extraño que un profesional del poder salte de un partido a otro. Está en la naturaleza misma de su oficio acomodarse hacia donde soplan los vientos.

Los tres principales organizaciones de la partidocracia, Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), se han fracturado. Podría decirse incluso que la ruptura del PRD comenzó hace seis años, justo después de la elección presidencial cuando Andrés Manuel López Obrador se hartó de Los Chuchos, dejó el Sol Azteca y comenzó la fundación del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Fue una apuesta arriesgada pero atinada: seis años después el PRD es una piltrafa y Morena el partido en ascenso.

Luego de la ruptura del PRD, la pelea por la candidatura y las pugnas internas también fracturaron al PAN. La ambición del dirigente Ricardo Anaya pudo más que la ambición del calderonismo.

En el PRI no se presentan fugas de políticos de primera línea nacional, pero la desbandada en los estados es masiva, como lo muestra la fuga de alcaldes y dirigentes municipales del PRI hacia el proyecto de Andrés Manuel López Obrador o de Movimiento Ciudadano (MC), atraídos por la casi segura victoria electoral de Enrique Alfaro Ramírez.

La desbandada de políticos de esta zafra electoral tiene características distintas a las del pasado. Si ampliamos la mirada, vemos que tradicionalmente las desbandadas eran alimentadas desde el PRI. Al ser el partido hegemónico y que mantenía el poder legal o ilegalmente, la mayoría de la clase política profesional era priista.

Cuando las diferencias ideológicas o por cargos eran insostenibles, muchas de las divisiones priistas se convirtieron en la principal oposición al mismo PRI. Fue el caso del general Miguel Henríquez quien en 1952 salió del PRI ante la imposición de Adolfo Ruiz Cortines como candidato del sistema y se postuló a la presidencia como candidato de la Federación de Partidos del Pueblo. El PRI lo aplastó a costa del fraude y la represión.

El otro caso significativo en esta historia de fracturas es el rompimiento de la Corriente Democrática en 1987, encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo. El hijo de Lázaro Cárdenas compitió por la presidencia en 1988 postulado por el Frente Democrático Nacional (FDN) y ganó la elección. Un fraude mayúsculo de Estado, y una enorme represión que dejó casi 600 muertos en tres años fue el costo que impuso el PRI y el Estado mexicano para impedir que la corriente nacionalista asumiera el gobierno mexicano.

Andrés Manuel López Obrador es parte de esa experiencia política. Dejó el PRI de Tabasco para sumarse al movimiento cardenista.

En 2006, 2012 y 2018 ha sido el principal adversario electoral del PRI.

El movimiento de los tránsfugas es normal en periodos electorales dado que la correlación de fuerzas suele modificarse y los políticos profesionales siempre quieren hueso, y para eso necesitan estar con el que gane. Las convicciones ideológicas son un lujo que muchos políticos profesionales no pueden permitirse.

Ahora las fracturas políticas tienen un rasgo en común: son fracturas no solamente del PRI como tradicionalmente ocurría y afectan a las tres grandes organizaciones de la partidocracia: PRI, PAN y PRD. Las fugas no se convierten sólo en oposición al tricolor y se van a alimentar a dos formaciones emergentes de la partidocracia: Morena y Movimiento Ciudadano.

Las fugas y desbandadas del presente son una muestra más de la crisis de fondo que atraviesa la partidocracia mexicana, es decir, las formaciones que sostienen el sistema político mexicano.

Pero la crisis es tan profunda que no se resolverá con algunos políticos cambiándose de camiseta, ni será resuelta por las nuevas formaciones (Morena y MC) o las alianzas integradas en los tres frentes electorales, ni con los candidatos “independientes” que también provienen de la partidocracia.

La crisis y posible extinción de los tres grandes de la partidocracia es apenas el prolegómeno de la crisis y extinción del sistema. En todo caso, los nuevos partidos serán los sepultureros.

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