TUTTO BENE

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Juan-Carlos-Partida-03-03-300x200-2Casi un 10 por ciento de las personas reportadas como desaparecidas en el país (un total de 33 mil 513 al más reciente corte del 31 de octubre pasado según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas) fueron vistas por última vez en Jalisco.

El reporte del fuero común suma 2 mil 971 personas desaparecidas y ubica a Jalisco en el tercer lugar nacional, sólo debajo de Tamaulipas y el Estado de México.

En tres meses y medio que no ha sido actualizada esta lista terrible, en Jalisco las desapariciones suman docenas más, incluidas las de los tres italianos que vinieron de Nápoles a hacer negocios con maquinaria apócrifa que buscaban hacer pasar como de marcas reconocidas, según informó la Fiscalía.

El tema de las desapariciones en Jalisco, de tan cotidiano le pareció al gobierno que ya no era prioridad y por eso, pese a la desesperación de cientos de familias que viven en el estado, lo fue minimizando con pildoritas de fiscalías especializadas que poco han logrado ante el tamaño de las tragedias.

Un drama social más para el que no hay respuesta, hasta que, oh falta de discriminación de los delincuentes, desaparecen tres extranjeros en la cuna de los sones jaliscienses. Y lo cotidiano en Jalisco se vuelve noticia internacional.

Entonces sí se envía a Tecalitlán la artillería pesada del estado y de la federación, a la región donde los Russo (Raffaele y Antonio) y Vincenzo Cimmino, el 31 de enero, desaparecieron sin dejar rastro, al mero estilo de “aquí, así son las cosas; cómo ven, de qué se asustan”.

El terror cotidiano que se padece en un territorio ampliamente superado por la delincuencia, donde el gobierno es sólo un grupo de personas que cobran muy bien por rendir cuentas mochas, gente que se la vive en la burbuja de la grilla electoral.

Un rastreo, un despliegue por lo demás tardío.

Policías, soldados, perros entrenados, helicópteros enviados hasta que pasaron 21 días de las desapariciones, 20 días después de la denuncia.

En la historia ya muy sobada de la burocratización de la justicia en Jalisco, no faltan los capítulos dedicados a la criminalización de las víctimas para desviar la presión pública por la falta de resultados en su localización, o del escape del director de los polis de Tecalitlán, Hugo Enrique Martínez, a quien perdonando la mordacidad dicen que lo vieron irse para el mismo rumbo desconocido que se llevaron a los italianos.

Debido al corte internacional del suceso, los aderezos bien rancheros tampoco faltan a la historia, como es el caso (y la olla) del alcalde Víctor Díaz Contreras, con la sarta de tonterías que dijo para justificar la ausencia de su jefe policial o ponderar las estadísticas como si las matemáticas y la muerte fueran la misma cosa.

En la denuncia presentada el 1 de febrero, los familiares de los desaparecidos relacionan a la policía de Tecalitlán con lo sucedido, pues fueron oficiales a bordo de una patrulla y una motocicleta quienes detuvieron a dos de los italianos, según los últimos mensajes de voz que enviaron -publicados por la prensa italiana- antes de que se les perdiera la huella.

Los italianos, a quienes en la región la raza los señala como estafadores, no tienen la culpa pero se convirtieron en el modelo más burdo de la parcialidad de las autoridades, del tutto bene con que suelen buscar disfrazar la realidad que no puede disfrazarse porque es un pulpo cuyos tentáculos nos ventosean en la cara hasta ahogarnos.

PARTIDIARIO

Más burdos: Hablando de política burda, la exhibición que está dando el Grupo Universidad en su alianza con Enrique Alfaro es tan mosqueada que huele muy feo. Cambiar la rectoría por una diputación de Tonatiuh (no que tan) Bravo Padilla es una prueba más de lo que ya todos sabemos y enseña la docilidad que los RPLboes tienen con su jeque de jeques. Perredista convertido a emeceísta, supuesto luchador social apoyando a un sujeto tan nefasto y señalado de lavador de dinero como (c)Anaya. En el grupo de la jerarquía dorada universitaria se frotan las manos (sobre todo en el CUCEA), no por la suplencia en el rectorado (todo pinta hacia “El Atenguillo” que tendrá casi un año para disfrutar sentarse a la diestra del señor) sino porque la salida de Tonatiuh abre las puertas de la sucesión de a deveras en la casa de estudio…

Y ya con ésta: En Puente Grande, en el penal de “máxima seguridad” para ser más exactos, ya va para dos semanas una huelga de hambre que realizan decenas de internos ante los malos tratos y autogobierno que padecen. Poco se ha difundido esta información, en particular porque varios de los promotores fueron criminalizados como supuestos guerrilleros y, por ende, al sistema no le conviene que trascienda mientras la lógica sumisa de muchos medios sigue ese juego de la conveniencia. Ni siquiera la CNDH, ante quien se denunció, ha actuado como debería, y los malos tratos a internos y familiares son cotidianos. ¿Faltará un extranjero que denuncie para que hagan caso?…

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