Tres campañas, un proyecto

179
0
Compartir

Ruben MartinLa primera fase de la contienda electoral de 2018 terminó el pasado 11 de febrero con el cierre de las precampañas; a esta fase seguirá una extraña fase llamada legalmente “intercampañas” que es una especie de limbo, cuando no una simulación en la contienda política por la presidencia de la República.

Como sea, los meses de precampaña han sido suficientes para mostrarnos cómo será la contienda presidencial del año en curso. Estos meses de precampaña han sido suficientes para mostrar que los tres candidatos con más posibilidades de ganar la elección, Andrés Manuel López Obrador de la alianza “Juntos haremos historia” (Morena, PT y PES), José Antonio Meade Kuribreña de la coalición “Todos por México” (PRI, Panal, PVEM) y Ricardo Anaya, de la coalición “Por México al Frente” (PAN, PRD, MC), se cuestionan y debaten para atraer votantes y cuestionar a sus adversaros, pero en el fondo coinciden más de lo que los confronta.

Meade, el desabrido candidato priista, ha dicho claramente que va a apostar por la continuidad de las políticas de los anteriores gobiernos, y seguirá con las reformas estructurales y la política económica que él mismo ha contribuido a diseñar tanto en el gobierno del panista Felipe Calderón, como en el del priista Enrique Peña Nieto.

Ricardo Anaya, el ambicioso abanderado de la mezcolanza panista-perredista y MC, ha construido un discurso que trata de desmarcarse de los dos ex presidentes panistas (Fox y Calderón) y asumirse como la opción de cambio “con futuro”, a diferencia del cambio de Andrés Manuel López Obrador a quien el panista le atribuye una opción del cambio “del pasado”.

Por su parte, montado en la ola ascendente de las encuestas, López Obrador se ha centrado más en presentar a su futuro gabinete, hablar de “empezar a gobernar” e insistir que su distintivo es su honestidad y lucha contra la corrupción.

Se presentan como tres opciones políticas, pero en el fondo sus proyectos y programas de gobierno coinciden más de lo que suponen los mensajes de la campaña electoral.

En asuntos de fondo, ninguno de los tres candidatos de la partidocracia tradicional se ha diferenciado. Por ejemplo, ninguno ha criticado abiertamente el fallido modelo de guerra contra el crimen organizado que tiene al país sumido en su peor temporada de violencia en varias décadas; ninguno ha cuestionado que este modelo ha propiciado graves hechos represivos de parte de fuerzas federales como las desapariciones forzadas y las ejecuciones extrajudiciales. Por el contrario, todos tratan de congraciarse con las fuerzas armadas en lugar de poner un límite claro a su actuación. Es de resaltar que ninguno de los aspirantes ha expresado una crítica abierta a la legislación militarista como es la Ley de Seguridad Interior.

En un ámbito esencial para la reproducción de la vida, como son las relaciones laborales y la venta de la fuerza de trabajo, ni Meade, ni Anaya ni López Obrador han cuestionado que México tiene el salario mínimo más bajo del mundo y es un país con graves violaciones a las derechos laborales y en un contexto de pérdida acelerada de seguridad social.

En el ámbito del territorio y los bienes comunes nacionales o en manos de comunidades y ejidos, ninguno de los aspirantes ha cuestionado las leyes de despojo producidas en los pasados 25 años que han entregado casi la mitad del territorio nacional para explotaciones mineras, energéticas, de bosques, aguas, infraestructuras, desarrollos turísticos e inmobiliarios, entre otros grandes negocios capitalistas y cuyas dinámicas de acumulación son causantes no sólo de desposesión, sino también de graves casos de violencia asociadas a esos procesos de despojo.

A pesar del ruido en las redes sociales y las ocurrencias en los discursos de campaña, Meade, Anaya y López Obrador comparten el modelo de una democracia representativa limitada a votar cada tres años, y una economía de mercado, con algunos matices. Pero ninguno se ha atrevido a cuestionar este modelo y proponer uno alternativo que saque al país de esta guerra que padecemos y ponga freno a las políticas de explotación, despojo y represión que atentan contra la vida de la mayoría de la sociedad.

Esos temas sólo los ha colocado en sus mensajes María de Jesús Patricio Martínez, la vocera del Concejo Indígena de Gobierno del Congreso Nacional Indígena, pero no estará en las urnas. Tal vez justamente porque plantea lo que otros no quieren escuchar y atenta contra los intereses, discursos y modelos que defienden los candidatos de la partidocracia tradicional.

Compartir

Dejar un comentario

WordPress Image Lightbox