ADVERSIDADES

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Salvador Cosio-08El Banco Central de México (Banxico) consideró al cierre de la semana que la economía del país todavía enfrenta un entorno complejo a futuro, aunque estimó que la inflación podría alcanzar la meta oficial de 3.0 por ciento en el primer trimestre de 2019. Lo que se ve lejos tras conocerse casi a diario nuevos incrementos sobre todo en productos de la canasta básica cuya alza ha sido alentada por el aumento en el precio de las gasolinas y otros combustibles.

En su comunicado de política monetaria, Banxico dijo que los recientes aumentos en la tasa clave de interés han contribuido a que la economía mexicana esté en mejor posición para enfrentar “posibles escenarios adversos”.

“Hacia adelante, se prevé que la economía seguirá enfrentando un panorama complejo”, explicó la entidad económica, por lo que sugirió continuar con una política monetaria “prudente y firme”, además de que se impulse la implementación eficiente de reformas estructurales.

No obstante, hay otro factor a considerar y sobre el cual, como país no tenemos mayor influencia, se trata de  la recuperación de la economía global que todavía está sujeta a diversos riesgos, económicos y geopolíticos. Lo que desde luego en cualquier momento puede desencadenar nuevas problemáticas que incidan negativamente en la economía nacional, que si bien en términos “macros” ha sido aceptablemente conducida, en el orden de la economía familiar no se ha reflejado por lo menos una estabilidad ya que los precios de los insumos básicos tienen altibajos todos los días, siendo la constante el incremento en la mayoría de ellos.

En particular, Banxico destacó la posibilidad de un ritmo de normalización de la política monetaria más rápido a lo anticipado en las economías avanzadas, y que se adopten medidas proteccionistas en diversas regiones.

Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó, en un comunicado que la inflación mexicana se desaceleró a un 5.55 por ciento en enero en tasa interanual, su menor nivel en diez meses, y después de haber cerrado 2017 en su mayor nivel en casi 17 años.

Luego entonces, como ya se apuntaba, la junta de gobierno del banco central decidió de forma unánime elevar la tasa clave de interés, de un 7.25 a un 7.50 por ciento, el segundo incremento bajo la gestión de Alejandro Díaz de León, quien asumió la gubernatura en diciembre pasado, tras la salida de Agustín Carstens.

Asimismo, el Banco Central no descartó actuar nuevamente si ve amenazado su objetivo de inflación.

Por su parte, grupos financieros han dado a conocer a sus clientes, que tras el resultado de inflación de enero, es muy probable que el indicador siga disminuyendo en los próximos meses. Especialistas estiman que la inflación se ubicará en un 4.1 por ciento al final de 2018.

Así, el escenario para la economía mexicana, la segunda de América Latina, “está sujeto a riesgos”, han coincidido analistas, poco después de que se difundieran las últimas cifras de inflación en México, que se ubicó en 0.53 % en enero y 5.55 % en la tasa interanual ante aumentos en los precios de energéticos y de algunos alimentos.

La inflación en México cerró 2017 en 6.77 % anual, la cifra más alta en casi dos décadas. El año pasado, el banco central se vio obligado a elevar la tasa de interés en cinco ocasiones hasta llevarla a 7.25 %.

En otro indicador, si bien la cotización del peso ha presentado una moderada apreciación en el transcurso de 2018, se ha mantenido volátil, ubicándose actualmente en 18.86 unidades por dólar. Existe el riesgo de una depreciación del peso en respuesta, entre otros factores, a una evolución desfavorable del proceso de renegociación del Tratado de Libre Comercio que México sostiene con Canadá y Estados Unidos.

Otros factores que podrían influir negativamente en la moneda mexicana son una reacción adversa de los mercados a la política monetaria de Estados Unidos, principal socio comercial de México, y también las condiciones más restrictivas en los mercados financieros internacionales, o a la volatilidad asociada a las elecciones presidenciales que México llevará a cabo en julio próximo.

Adicionalmente, la actividad económica podría presentar un menor dinamismo que el anticipado. La economía de México creció un 2.3 % el año pasado, animada por un repunte de la actividad en el último trimestre, según datos oficiales preliminares.  En contraste al inicio de este año para hacer honor a la cuesta de Enero, los productos que tuvieron un alza de precio fueron gasolina de bajo octanaje, gas doméstico LP, huevo, loncherías, fondas, torterías y taquerías, plátanos, restaurantes y similares, papa y otros tubérculos, vivienda propia, derechos por el suministro de agua y universidad.

El INEGI señaló que el aumento mensual se debió sobre todo al alza en precios de gasolina y gas LP, lo que fue parcialmente mitigado por la reducción de precios en transporte aéreo y algunas frutas y verduras, como jitomate.

Otros productos que también bajaron de precios son los servicios turísticos en paquete, cebolla, otros chiles frescos, chile serrano, tomate verde, ropa de abrigo, chile poblano y jabón de tocador.

La inflación de 0.53% en el primer mes del año prácticamente estuvo en línea con lo esperado por analistas. De acuerdo con el INEGI, la baja en la tasa anual a 5.55% desde el 6.77% al cierre de 2017, es importante pues se ubica en su menor nivel desde marzo de 2017. Esta reducción se debe a que si bien los precios de energéticos han seguido aumentando, este comportamiento ha sido de manera moderada respecto al fuerte movimiento al alza que tuvieron de enero del año pasado.

Aun así, los números y las estadísticas, alagueñas algunas, están muy lejos de reflejar el verdadero sentir social de un pueblo que ya no siente lo duro, sino lo tupido por tanto embate recibido y que inexorablemente es adjudicado casi en automático a quienes llevan las riendas políticas y económicas del país, por que sin duda este factor será decisivo al momento de emitir el sufragio en las elecciones concurrentes que se realizaran a mitad del año.

En este contexto, mal y de malas ha sido el desempeño de la industria en México se ha visto afectado en el último año por una lista de factores internos y externos, los cuales tomarán mayor fuerza en 2018, destacando una mayor incertidumbre sobre el futuro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), menor actividad minera y alzas en las tasas de interés en México.

Desde abril hasta noviembre de 2017, la actividad industrial registró cada mes caídas en términos anuales y fue hasta diciembre que registró un crecimiento de apenas 0.1% frente al mismo mes del año pasado y de 0.9% frente al mes previo, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

La actividad industrial del país sufrió una contracción de 0.6 por ciento durante 2017, su nivel más bajo desde 2009, cuando la crisis económica afectó a los sectores productivos y lo retrasó 7.43 por ciento con base a cifras originales.

El balance anual de la producción industrial del país no fue nada alentador para tres de las cuatro ramas que forman parte del indicador.

El sector que presentó la mayor contracción anual fue la minería, pues su actividad industrial anual disminuyó 9.8 por ciento según cifras originales, dicha cifra representa la caída más importante de la minería desde 1994.

Las actividades que más presionaron a la baja a este indicador fueron los servicios relacionados con la minería, que cayeron 25.9 por ciento durante el último año. Entre las actividades consideradas para construir este subsector se ubican las relacionadas con la exploración de pozos petroleros y de minerales.

Por el lado de la construcción, los números también encontraron lugar en el terreno negativo, al caer 1 por ciento durante el año anterior.

El menor desempeño se relaciona con una menor inversión por parte de la iniciativa privada y el sector público.

La inversión fija bruta, que representa los gastos del sector público y privado en maquinaria y equipo, y en la construcción, cayó 4.1% en noviembre de 2017, frente al mismo mes de 2016. Fue la peor caída registrada desde noviembre de 2013, cuando descendió 5.7%.

La construcción se ha contraído como efecto de los recortes al gasto en obra pública que iniciaron en 2015 y es hasta ahora, el factor que más ha pegado.

Adicionalmente, desde inicios del año pasado ha existido una constante incertidumbre sobre el futuro del TLCAN, lo cual ha detenido o postergado proyectos de inversión. No obstante, si este año se obtienen resultados favorables en las negociaciones los flujos de inversión pueden retomar su dinamismo. Pero si las negociaciones se prolongan hasta 2019 es probable que continúe esa desaceleración. Además, la inversión pública en infraestructura puede mejorar en medio del proceso electoral, pues comúnmente en ese contexto las obras públicas en los estados se reactivan para favorecer a los candidatos de sus partidos.

En este contexto hay que recordar que el Banco de México subió su tasa 25 puntos base para quedar en 7.5%. Según las previsiones de analistas, el banco central aumentará su tasa otros 25 puntos base en octubre, para cerrar 2018 con una tasa de 7.75%.

Entre los factores externos que presionan a Banxico a subir una vez más la tasa este 2018 están la continua incertidumbre por las negociaciones del TLCAN, los efectos de la reforma fiscal de Estados Unidos, además de incrementos en la tasa de referencia en el país del norte, inflación y volatilidad en el tipo de cambio.

Así pues, el comportamiento de la actividad industrial además de los retrocesos en la industria de la construcción coinciden con una política monetaria más agresiva del Banco de México, pero también con los incrementos en los precios de las materias primas que prevén que mantengan esa tendencia el resto del año, por la recuperación de la economía a nivel global.

Las construcciones de obras de ingeniería civil fueron los principales ‘culpables’ de la debacle del sector, ya que su producción cayó 10 por ciento anual.

Los industriales que se especializan en generar, transmitir y distribuir energía eléctrica, agua y gas al consumidor final registraron un año sin mucha variación respecto a 2016, en sus niveles de producción, al descender 0.2 por ciento, aunque dicha caída se ubica como su primera contracción desde 2002, cuando el crecimiento se redujo 0.31 por ciento con base a cifras originales.

El único sector que registró un crecimiento durante el año fue la industria manufacturera, que reportó un incremento de 2.9 por ciento.

Los tres subsectores más destacados del año para la manufactura fueron el de maquinaria y equipo, con un aumento de 9.3 por ciento anual; de equipo de transporte, al registrar un alza de 8.7 por ciento, y de computación, comunicación y accesorios electrónicos, con un incremento anual de 6.8 por ciento.

En contraste, la fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón registró una fuerte contracción de 18.2 por ciento. De esta manera, este subsector acumula cuatro años sin buenos resultados.

De cara al futuro, esperamos que el lastre de la minería y la construcción se alivie gradualmente, y que el sector manufacturero se beneficie de un tipo de cambio competitivo y un sólido crecimiento en los Estados Unidos, de quien aun tenemos una amplia dependencia, por ello es que el asunto del TLC ha significado una tormenta aun no dimensionada.

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