La partidocracia y su cajita feliz

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Ruben MartinEs tan evidente el hartazgo de la sociedad mexicana hacia el sistema político imperante, que la partidocracia tradicional ha tenido que esconder sus siglas a fin presentarse en los comicios presidenciales de este año. Es como esa trasnacional que, apenada por su pobre hamburguesa, inventó la cajita feliz para vender al menos lindos juguetes. Igual la partidocracia: ningún partido se atreve a defender sus principios y por eso recurren a los combos electorales.

De los tres grandes partidos que conforman el núcleo de la partidocracia, Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), ninguno fue capaz de presentarse con un candidato propio.

La crisis es aún más evidente en el PRI, partido que se avergonzó de presentar a un militante político propio, por lo que recurrió a un tecnócrata, que es a la vez anfibio en lo político, pues ha servido por igual a gobiernos tanto priistas como panistas.

El PRI se coaligó con los partidos Verde Ecologista de México (PVEM), (su partido satélite desde hace una década) y con Nueva Alianza (Panal). Esta coalición no pudo imponer el apellido de su candidato José Antonio Meade por lo que optaron por el nombre genérico e insustancial de “Todos por México”.

Por su parte, PAN y PRD se coaligaron a Movimiento Ciudadano (MC) para integrar la alianza “Por México al Frente” que lejos quedó de tratar de vender una plataforma electoral que diera cabida a representantes de la sociedad civil. Los “foros ciudadanos” convocados por las dirigencias del PAN-PRD-MC fueron mera fachada para legitimar un reparto de candidaturas cantadas desde hace meses. Por ingenuidad o conveniencia, varios académicos, intelectuales y activistas de la sociedad civil terminaron dando legitimidad a una alianza que beneficia a una parcela de la partidocracia mexicana.

Aunque trata de venderse por separado a la “mafia del poder” y presentarse un partido ajeno a la partidocracia tradicional, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) que postula a Andrés Manuel López Obrador, terminó coaligándose con su partido satélite, del Trabajo (PT) y también con Encuentro Social (PES) en una alianza que sería inexplicable, según los que todavía creen en que una sigla partidista es sinónimo de una ideología y de una postura política.

La alianza de Morena con el PES es tan pragmática como las del PRI con PVEM y Panal y la que conforman PAN-PRD-MC.

¿Dónde está la derecha y donde la izquierda en estas coaliciones que buscan conseguir la presidencia de la república? Los supuestos extremos ideológicos están revueltos en todas las alianzas electorales y por lo tanto, están mezclados en todas las agrupaciones que conforman la partidocracia mexicana.

El fin de las ideologías y el imperio del pragmatismo político no un una cosa nueva entre la partidocracia. Recuerden cómo el PRI se sintió un partido socialdemócrata un tiempo, y cómo al rato se convirtió en el partido del neoliberalismo mexicano.

Y en el PAN, más que maromas ideológicas, se dio una acelerada descomposición ética apenas tomó el poder para convertirse en una clase política igual o peor de corrupta que la priista que decía combatir.

Pero de todos los partidos quien más sale perdiendo en esta coyuntura de pragmatismo político es el PRD, un jirón organizativo e ideológico de lo que llegó a ser hace 30 años cuando se formó. La corriente dominante en el sol azteca trata de dar lecciones de lo que es una izquierda moderna, y todo para terminar de palero y tapete del partido del conservadurismo mexicano.

En suma, en esta temporada de pragmatismo y oportunismo político, la partidocracia nos hace un favor y se desnuda. Nos hace ver con claridad que si en algún tiempo de su historia los partidos se movían por ideologías medianamente definidas y con cierta coherencia, ahora nada de eso existe y muestran que lo único que los mueve es la ambición de llegar al poder.

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