¿Miguel Castro va solo?

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La ausencia de liderazgos es la norma en las giras de Miguel por el interior.

La ausencia de liderazgos es la norma en las giras de Miguel por el interior.

LA SUMA DE RESENTIMIENTOS SE HA NOTADO EN LA PRECAMPAÑA DE CASTRO, QUIEN RECORRE LOS MUNICIPIOS PRÁCTICAMENTE SOLO

La desventaja con la que arrancó Miguel Castro Reynoso, el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al Gobierno del Estado, podría no ser su principal problema. Antes, tendría que resolver cómo hacer para que su partido se incorpore a su campaña y lo arrope.

Aunque apenas transcurren las precampañas, es evidente que en el PRI han preferido dejarlo correr solo. Su estrategia de comenzar recorriendo el estado, para reunirse con la militancia en las sedes de los 125 municipios, se ha caracterizado por la ausencia de los liderazgos estatales, en particular de la dirigencia estatal. Pareciera que la antigua disciplina de los priistas quienes, al margen de si están de acuerdo o no con las decisiones que se toman, se suman a las campañas, quedó atrás. Algunos incluso han expresado en corto que en esta ocasión irán de “brazos caídos”.

Tal vez el equipo que rodea al gobernador Jorge Aristóteles Sandoval Díaz esperaba tener mayor injerencia en la decisión de quién sería el candidato, pero la dirigencia nacional fue la que determinó quién sería el candidato, sin dar tiempo siquiera a las negociaciones con quienes se habían apuntado.

Entre quienes quedaron fuera, está el actual presidente del PRI Jalisco, Héctor Pizano Ramos, quien tampoco ha mostrado disposición para encontrar la vía que permita al partido sumarse al proyecto del candidato. Además, hay una vieja rencilla entre Pizano y Castro, cuando fueron compañeros en el Congreso del Estado, pues el actual dirigente estatal fue de los que defendieron el dinero del apoyo que se conoció como “casas de enlace”.  El candidato renunció a cobrarlo desde que llegó a la diputación.

De hecho, hay quienes señalan que el tema de las “casas de enlace” ha sido determinante para que algunos priistas se nieguen a apoyar a Castro Reynoso. La información que salió en los medios de comunicación, entregada por la Unidad de Transparencia del Congreso del Estado, sobre los gastos que se cargaron a esa partida, molestó a muchos tricolores.

Del equipo del gobernador, no había un aspirante en concreto; sin embargo, la molestia se origina en que la dirigencia nacional los ignoró. El día que se decidió que Miguel Castro sería el candidato, el único que fue convocado de ese grupo fue el mismo Aristóteles Sandoval.

Según los priistas, en otros procesos la costumbre es que antes de tomar la decisión del candidato, se defina qué será lo que se negociará con todas las corrientes, para que éstas se sumen a la decisión del centro. Ahora, aseguran, se hizo al revés.

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Miguel Castro en un acto de precampaña.

En esa misma reunión se acordó apoyar la candidatura a la alcaldía de Guadalajara de Eduardo Almaguer, quien había asegurado que sólo aceptaría ser candidato a gobernador. Aunque el ex fiscal general del estado quedó satisfecho con el espacio que le tocó, su designación generó posteriormente otros desplazamientos, como los de las diputadas locales Claudia Delgadillo y Rocío Corona. A ambas se les dieron “premios de consolación”.

El que sí alcanzó a negociar, antes que se anunciara la candidatura de Miguel Castro, fue el dirigente nacional de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), Arturo Zamora Jiménez, quien pidió designar al candidato a alcalde de Zapopan, pensando siempre en Abel Salgado Peña.

Lo anterior implicó que el grupo que actualmente tiene el control del partido en ese municipio, encabezado por el coordinador de los regidores del PRI, Salvador Rizo Castelo, fuera desplazado. Su postura de no colaborar en las campañas pareció quedar clara en un video que subió Salvador Rizo a sus redes sociales, precisando que apoyará a Valeria Guzmán, omitiendo intencionalmente al resto de los candidatos, incluidos Abel Salgado y Miguel Castro.

La suma de todos estos resentimientos se ha notado en la precampaña de Miguel Castro, quien recorre los municipios prácticamente solo, apenas acompañado de vez en cuando por algún diputado o alcalde.

Además, ni el partido ni el equipo del gobernador han asumido la difusión de las actividades de su candidato, como sí sucedió hace tres años, cuando se decidió que Ricardo Villanueva sería el abanderado por Guadalajara.

Las actividades de Miguel Castro casi pueden conocerse exclusivamente por la información que directamente sube su equipo a redes, sin una estrategia ni mensajes claros sobre hacia dónde apunta el proyecto, y hasta con faltas de ortografía. Además, el tradicional equipo de “bots” que rodea a los priistas, hace un claro silencio, sin replicar los mensajes del candidato, lo que sí se está notando en su principal contrincante, Enrique Alfaro, de Movimiento Ciudadano.

Como cereza en el pastel, la dirigencia del PRI Jalisco y los operadores políticos del gobernador no hicieron ni el más mínimo intento de acercarse a grupos que en otros procesos les han dado algunos puntos, como el Partido Verde Ecologista de México o el mismo grupo político de la Universidad de Guadalajara. Esos puntos, aunque puedan parecer insignificantes, serán uno de los lastres para Miguel Castro.

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