A CONTRACORRIENTE

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Continúan los escándalos del presidente Donald Trump.

SIGUE EL ESCÁNDALO DE LAS REVELACIONES DEL LIBRO “FUEGO Y FURIA EN LA CASA BLANCA DE TRUMP”

Dice el dicho popular que “cuando no llueve, llovizna”; refiriéndose a cuando una persona no sale de un un problema y ya está en otro. En este caso, ni lluvia, mucho menos llovizna, sino huracán; y es que sobre el patético Donald Trump aun no se ha perdido la capacidad de asombro. Así pues mientras en el mundo entero el escándalo siguen siendo las revelaciones comprometedoras publicadas en el libro: “Fuego y Furia en la Casa Blanca de Trump”; otro no menos mayúsculo que parece afianzar todo lo que en el libro se puede leer es que Donald Trump, se refirió a El Salvador, Haití y varios países africanos como “países de mierda”, y sugirió que preferiría recibir en Estados Unidos más inmigrantes de Noruega en lugar de los de esas naciones. “¿Por qué tenemos a toda esta gente de países (que son un) agujero de mierda viniendo aquí?”, afirmó Trump durante una reunión con legisladores en la Casa Blanca, de acuerdo a dos fuentes familiarizadas con el encuentro.

Trump reaccionó así cuando dos senadores le plantearon un proyecto de ley migratorio que otorgaría visados a algunos de los ciudadanos de países que han sido retirados recientemente del programa de Estatus de Protección Temporal (TPS), como El Salvador, Haití, Nicaragua y Sudán. Trump sugirió entonces que Estados Unidos debería traer a más inmigrantes de países como Noruega, con cuya primera ministra se reunió este miércoles. Los comentarios de Trump dejaron impactados a los legisladores presentes en la cita,

Medios masivos norteamericanos han confirmado que, antes de proferir el insulto, Trump exclamó: “¿Para qué queremos a haitianos aquí? ¿Para qué queremos a toda esta gente de África aquí?”.

Preguntado al respecto, un portavoz de la Casa Blanca, Raj Shah, no negó que Trump hubiera hecho esas declaraciones, y como ya es habitual, Trump tuiteo “El lenguaje utilizado por mí en la reunión de DACA fue duro, pero ese no fue el lenguaje empleado. Lo que fue realmente duro fue la extravagante propuesta hecha, un gran paso atrás para DACA”, escribió en su cuenta de Twitter. DACA es el Programa de Acción Diferida que protege a jóvenes inmigrantes llevados a los Estados Unidos de niños de manera indocumentada por parte de sus padres.

Sin embargo, poco tiempo después de la reacción de Trump en Twitter, el senador republicano por Illinois, Richard Durbin, que estuvo en el encuentro, aseguró que el xenófobo presidente sí utilizó el término “países de mierda” y que lo repitió en varias ocasiones. “(Fue) la palabra exacta utilizada por el presidente, no solo una vez, sino repetidamente”, dijo el demócrata en declaraciones.

Durbin es el primero de los asistentes al encuentro que confirma públicamente las afirmaciones de Trump que reportaron los medios estadounidenses.

Las reacciones no se hicieron esperar. La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos criticó el incidente. “Estos comentarios del presidente de Estados Unidos son sorprendentes y vergonzosos”, afirmó en una conferencia de prensa el vocero del organismo, Rupert Colville. “Lo siento, pero no pueden ser definidos de otra manera que como racistas”, agregó.  El gobierno de Haití emitió una enérgica nota en la que consideró “inaceptables” las palabras “odiosas y abyectas” de Trump. El embajador de Haití en Washington, Paul Altidor, dijo que era angustiante que la atención se centrara en los comentarios de Trump cuando se cumple el octavo aniversario del devastador terremoto que causó 220,000 muertes en la isla, en un día que debiera ser de conmemoración. Por su parte, la Unión Africana condenó las declaraciones “hirientes” y “perturbadoras” del mandatario.

En El Salvador, el presidente Salvador Sánchez Cerén protestó enérgicamente. “El Salvador demanda respeto a la dignidad de su noble y valiente pueblo”, dijo Sánchez Cerén al leer un comunicado durante un acto público. Esas expresiones “golpean la dignidad” de los ciudadanos salvadoreños, dijo. Por su parte, el gobierno de Botsuana convocó al embajador estadounidense para que explique si esa nación africana es “considerada un país de mierda”.

Hasta los propios noruegos, elogiados por Trump, quedaron helados por las declaraciones del presidente. “Soy un noruego que apreció estudiar y trabajar en EEUU. Lo único que me llevaría a emigrar a EEUU es su animada sociedad multicultural. No la eliminen”, declaró Jan Egeland en Twitter. Exsecretario general adjunto de ONU, Egeland dirige ahora el Consejo Noruego para los Refugiados.

Para Andreas Wiese, reputado comentarista noruego, quedó “en evidencia el racismo” de Trump. En el plano interno, las reacciones tampoco tardaron en aparecer. La excandidata presidencial Hillary Clinton señaló en Twitter que Trump sometió al país a una “visión ignorante y racista de cualquiera que no se parezca a él”.

Demócratas y republicanos se encuentran negociando a contrarreloj una solución para los cerca de 800,000 jóvenes que se benefician del programa DACA, que protege de la deportación a los inmigrantes indocumentados conocidos como dreamers (soñadores).

Como parte del acuerdo, el presidente busca que los demócratas acepten financiar el muro que quiere construir en la frontera con nuestro país, algo a lo que los legisladores se muestran reticentes.

En las mismas negociaciones se está discutiendo la decisión de la Casa Blanca de poner fin a los programas que permiten residir en los Estados Unidos a decenas de miles de ciudadanos de países como Haití o El Salvador.

El lunes, Estados Unidos anunció que la protección temporal que da desde 2001 a unos 200,000 salvadoreños concluiría en septiembre de 2019, por lo que podrían ser deportados. En Estados Unidos residen y trabajan unos 2.8 millones de salvadoreños, cuyas remesas a los familiares que siguen viviendo en El Salvador son la base de la economía de ese país.

Y por si fuera poco, mientras el mundo se convulsa con las imperdonables declaraciones de Trump; en el vecino país del norte ya se le abrió otro frente, ahora resulta que Donald Trump compró en 2016 el silencio de una exestrella porno con la que habría mantenido mantenido relaciones sexuales. Así lo asegura el diario The Wall Street Journal , que el pasado viernes publicó, citando a fuentes anónimas, que el abogado de Trump, Michael Cohen había pagado 130,000 dólares en efectivo a la actriz para que no comentase públicamente sus encuentros con el entonces candidato a la presidencia. El pacto entre Cohen y la actriz Stephanie Clifford se fraguó en octubre de 2016, a tan solo unos meses de que se celebrasen las elecciones presidenciales. No obstante, a pesar de que este caso no salió a la luz ese mes, ya en la campaña electoral Trump se enfrentó a otras duras acusaciones por unos comentarios sexistas sobre las mujeres hechos en una cadena de televisión. Así las cosas, entre los escándalos, revelaciones, filtraciones y los propios dislates del inquilino de la Casa Blanca, Trump no ve lo duro, sino lo tupido.

Aunque con algunos matices, las presidencias en los Estados Unidos de América  suelen tener un ritmo más o menos parecido: un primer año de ‘luna de miel’ que viene impulsado por la victoria en las urnas, seguido por otro más “pragmático” donde el Presidente en turno concreta algunos temas de su agenda y luego un tercero y cuarto que se caracterizan por dificultades y quizá algunos escándalos. Pero en el caso de Donald Trump parece estar sucediendo todo lo contrario.

En estos primeros 365 días, que se cumplen el sábado 20 de enero, no ha pasado semana sin que el xenófobo magnate republicano se haya visto involucrado en alguna polémica o disputa hasta con sus supuestos aliados e integrantes de su propio gabinete.

Por momentos han sido asuntos triviales que por lo general nacen y mueren con polémicas en las redes sociales. Pero otros han involucrado decisiones de gran calado y con enormes repercusiones tanto para los Estados Unidos, como para el resto del mundo. Especialmente las que apuntan a un repliegue del liderazgo mundial que por décadas ha comandado Washington en temas tan sensibles como seguridad, comercio, medio ambiente y Derechos Humanos.

En el proceso, además, Trump no solo ha roto con todos los esquemas tradicionales de la política sino que ha provocando un sismo, racial y social, que tiene al país más dividido que nunca. Prueba de ello es la tormenta que desató este jueves cuando llamó “agujeros de mierda” a naciones de África y el Caribe y se quejó por estar dando amparo a sus ciudadanos en lugar de abrir la puerta a otros provenientes de países nórdicos como Noruega. Así pues lo que sí es un hecho es que el Trump ha estado tratando de cumplir a cabalidad con la agenda ultranacionalista y antiinmigrante que lo llevó a la victoria. Por poner ejemplos, se estrenó con una polémica orden ejecutiva con la que bloqueó el ingreso de los ciudadanos de seis países de mayoría musulmana desatando protestas mundiales por su aparente sesgo religioso, y así las medidas racistas continuaron todo el año. Ahora en medio de insinuaciones de que no es apto mentalmente para ser presidente y tras su polémico mensaje en Twitter , en el que asegura ser “un genio “, el médico de la Casa Blanca declaró que Donald Trump se encuentra en un “excelente estado de salud”. El viernes pasado, el republicano se sometió a su primer examen médico en el hospital militar Walter Reed, a días de cumplir su primer año en Washington y tras los diversos reclamos de profesionales de la salud que advirtieron que el mandatario no tiene lo que hay que tener para estar donde está. En un comunicado oficial, el médico Ronny Jackson dijo que la revisión “salió excepcionalmente bien”. “El presidente se encuentra en un excelente estado de salud y espero poder informar algunos detalles el martes”, agregó. Ronny el jueves pasado recibió una carta urgente de un grupo de especialistas que le solicitaban un examen mental para el presidente dado que de su salud “dependen las vidas estadounidenses y la seguridad de la nación”. Sin embargo el pedido quedó sin respuesta.

La Casa Blanca dijo que el republicano no se someterá a un análisis psiquiátrico.

Trump pasó alrededor de tres horas en la unidad médica de Bethesda, Maryland, a las afueras de Washington, para su examen médico, que adquirió una importancia desmesurada debido al tono de algunas de sus publicaciones en Twitter, comentarios atribuidos a algunos de sus asesores cercanos y la reciente mala articulación de palabras en sus discursos en la televisión nacional. Sin embargo, Trump rechazó tajantemente cualquier insinuación de que no está apto mentalmente y se declaró a sí mismo como “un genio muy estable”; lo que desde luego dejó sembró más dudas.

El examen médico duró varias horas y revisó aspectos como la presión arterial, el colesterol, el nivel de azúcar en la sangre, ritmo cardiaco y peso del mandatario. La Casa Blanca no proporcionó resultados específicos de las revisiones. Está programado que Jackson, quien también era el médico del ex presidente Barack Obama y se convirtió en el doctor de la Casa Blanca en 2006, dé una lectura detallada de la prueba el martes y responda a las preguntas de los medios de comunicación. Pero no se prevén conclusiones sobre su agudeza mental, por lo que sin duda el tema será más fuerte aun, pues al no haber examen de ese tipo, muchos podríamos entender que algo se oculta y que realmente, como ya se dice, la salud mental de Trump no es la adecuada.

Pero aun hay más, la polémica parece seguir a Donald Trump, vaya dónde vaya. El pasado viernes salía a la luz que el abogado de Donald Trump había pagado a la estrella porno Stephanie Clifford para que guardase silencio sobre su encuentro sexual de 2016 con el magnate. Ahora, ha resultado ser que una tercera persona no solo conocía la relación puntual que tuvieron Clifford y Trump, sino que podría haber llegado a estar implicada.

Se trata de la también actriz porno, Alana Evans, que ha revelado que Trump y Clifford, la invitaron a unirse a ellos en su encuentro sexual para “pasarlo bien”. Finalmente, la actriz no acudió. A pesar de que la Casa Blanca ya negó, tanto que hubiese sucedido como que Clifford hubiese cobrado 130.000 dólares en efectivo para no comentar públicamente el encuentro con el entonces candidato de la presidencia; lo cierto es que las críticas sobre las relaciones sexuales extramatrimoniales de Trump llevan tiempo dando de qué hablar. Sin ir más lejos, ya se menciona a una tercer actriz porno, Jessica Drake, que en 2016 acusó al presidente de acosarla hacía una década durante un torneo de golf; es decir, también en el 2006. Drake ha afirmado que Trump le ofreció 10,000 dólares y el uso de su avión privado si le acompañaba a su habitación.

Ahora, y en contraste con todos los escándalos, la base electoral de Trump sigue firme, y es que los resultados macros han tenido extrañamente un mejor desempeño. Según las últimas estadísticas del departamento del Trabajo la cifra de desempleo de EE. UU. está en el 4.1 por ciento, la cifra más baja en 18 años mientras todo el mundo habla de bonanza en el mercado de valores.

Aun así, entre un buen sector de los republicanos hay alta preocupación pues la llegada de Trump a la presidencia ha provocado una fractura al interior del partido que podría salirles cara en las elecciones legislativas del 2018 cuando los demócratas esperan recuperar al menos una de las cámaras del Congreso.

Las salidas en falso del presidente y su falta de coherencia frente a algunos temas, también han despertado nuevas dudas sobre su capacidad para estar al frente de la principal potencia del mundo. Algo que se agravó tras la publicación de del libro ‘Fuego y furia’ del periodista Michael Wolff, donde pinta al presidente como una persona errática y carente de las condiciones mínimas para el cargo que ejerce. No en vano el tema de un posible “juicio de destitución” (‘impeachment’) o una invocación de la enmienda 25 de la Constitución Nacional –que prevé la remoción de un presidente por discapacidad–, son temas recurrentes en la capital estadounidense. Y en ese sentido en nada ayuda la sombra que lo acompaña desde el primer día de su mandato por una posible colaboración con Rusia para incidir en las presidenciales del 2016.

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