El fracaso de la verificación

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Sonia Serano-04
Los habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara comenzamos el año respirando un aire contaminado. En los primeros días de 2018, los avisos de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (Semadet) sobre la activación de las contingencias y precontingencias han sido comunes e incluso hubo un día en que se activó en dos ocasiones.

Este tema se ha convertido, sin duda, junto con la crisis en el sector salud y los problemas de inseguridad, en el dolor de cabeza del gobernador Jorge Aristóteles Sandoval.

A escala internacional se ha puesto la atención sobre lo que sucede con el planeta, lo que ha llevado a los gobiernos locales a legislar sobre la materia y a diseñar proyectos para tratar de reducir el daño. Jalisco no fue la excepción, y a lo largo del gobierno de Sandoval Díaz, se presentaron las propuestas para contar con leyes contra el calentamiento global.

A la par, se pusieron en macha diferentes proyectos que permitirían a la entidad contribuir a mejorar las condiciones del planeta, pero los resultados fueron nulos.

Uno de estos proyectos fue el de mejorar la revisión de los automóviles, con un modelo diferente de verificación vehicular y el endurecimiento de sanciones para quienes no cumplieran con esta obligación.

Los cambios se enfrentaron primero a la oposición de quienes son propietarios de talleres donde se lleva a cabo la verificación, especialmente por el alto costo de los nuevos equipos, que en automático los dejaría fuera. También estuvo la especulación acerca de un proyecto diseñado para beneficiar a determinados actores políticos que han incursionado en el negocio de la verificación.

Lo cierto es que fue siempre un proyecto endeble, que terminó enterrándose cuando el gobernador Aristóteles Sandoval decidió que no entraría en vigor en 2017.

Porque ante el aumento en el precio de la gasolina sería incosteable para el ciudadano. Finalmente, al cierre del mismo año confirmó que en su gobierno ya no se pondría en marcha y que se lo dejaría a su sucesor.

A la falta de políticas públicas para reducir la contaminación vehicular ayuda el caos en la zona metropolitana por los diferentes frentes de obras y, como cereza en el pastel, la falta de medidas reales de Semadet para proteger a la población cuando se presentan las contingencias ambientales.

Así que, por lo pronto, se puede augurar un 2018 en el que hasta respirar será un problema.

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