Fuego y furia en la Casa Blanca

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Trump

El libro “Fuego y Furia” dentro de la Casa Blanca de Trump, voló como pan caliente.

EL LIBRO FUEGO Y FURIA, DE MICHAEL WOLFF, RECUERDA AL FENÓMENO DE HARRY POTTER EN LAS LIBRERÍAS

El polémico libro “Fuego y Furia: dentro de la Casa Blanca de Trump”, voló como pan caliente desde el primer minuto de su venta, y aunque si bien no se trata de un texto que refleje fehacientemente lo que sucede en el entorno del xenófobo mercader, si es un aproximación a lo que la mayoría ya se imaginaba y que ahora pareciera quedar patentizada en un incómodo texto con el que tendrá que lidiar la administración Trump mientras permanezca en el poder.

Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump fue escrito por el periodista Michael Wolff, reconocido en los círculos de Nueva York y Washington, quien contó con gran acceso a la campaña de Trump en el 2016 y sus primeros meses ya como presidente.

Según el autor, su texto está basado en más de 200 entrevistas con amigos personales de Trump y personas que trabajan o trabajaron con él durante este período. Aunque el libro apenas este viernes salió a la venta, algunos de sus polémicos extractos ya habían sido publicados por diversos medios en el transcurso de la semana, provocando la ira del presidente y una violenta reacción de su aparato de comunicaciones, que lo catalogó de “ridículo y fantasioso”. El eje del texto de Wolff circula en torno a la idea de que Trump no solo nunca quiso ser electo presidente, sino que carece de las condiciones para serlo. Si bien ambas premisas han sido abiertamente ventiladas en el pasado, lo grave en esta ocasión es que son personas cercanas a su esfera más íntima las que lo confirman. Entre ellas Steve Bannon, cerebro de la campaña y estratega en jefe de su administración hasta hace algunos meses.

La narración de Wolff empieza la noche de las elecciones presidenciales, cuando el personal de la campaña, incluido el propio Trump, se preparaban para lo que a todas luces parecía una contundente derrota.

Sin embargo, según el autor, el ambiente no era de funeraria sino, más bien, festivo. Era algo con lo que todos contaban: “No solo Trump no sería presidente, sino que había consenso en que tampoco era conveniente que lo fuera”.

Por eso, la noticia del triunfo les cayó como una bomba que a su vez explica el caos que siguió en los primeros meses, ya que nadie estaba preparado para lo que seguiría.

De acuerdo con la descripción de Wolff, la incompetencia de su equipo, que incluía a su yerno Jarred Kushner y su hija Ivanka (ambos sin experiencia en el gobierno), se vio agravada por la inestabilidad de un Trump que prestaba poca atención a su trabajo y vivía obsesionado solo por su imagen. En un pasaje, Sam Nunberg, exasesor de Trump, cuenta que lo enviaron a explicarle la Constitución del país. “Solo íbamos en la cuarta enmienda cuando el presidente ya jalaba el labio hacia abajo con uno de sus dedos, mientras los ojos se le cerraban”, dice Nunberg en el libro.

En otro segmento, Rupert Murdoch, el dueño de Fox, cataloga al presidente como “idiota” cuando este le contaba de sus planes de aprobar más visas para inmigrantes calificados, y su plataforma se había basado en cerrar la puerta al ingreso de extranjeros.

Igual de doloroso fue el comentario de Katie Walsh, segunda abordo en ese mismo gabinete, cuando dice que tratar con Trump es como tratar con un “niño”. Wolff pinta además a Trump como un personaje errático que se encerraba en su cuarto a comer “hamburguesas con papas fritas”, mientras veía televisión y llamaba a sus amigos a quejarse por lo mal que lo trataban los medios.

Lo describe a su vez como una persona “ignorante”, pues, según le dijeron sus fuentes, el presidente desconoce los detalles de la gran mayoría de sus iniciativas, no hace esfuerzos por enterarse y suele enfrascarse en soliloquios en los que repite lo mismo una y otra vez.  A pesar de todo lo anterior, el episodio que más controversia ha generado se desprende de algunas de las declaraciones que Bannon le habría dado a Wolff.

En una de ellas, el exasesor describe una reunión sostenida en el verano del 2016 entre Donald Trump Jr. y personas cercanas al gobierno ruso como poco “patriótica” y rayando con la “traición” a la patria. Además, se queja por la torpeza de no haber incluido a un abogado en la cita y dice que Trump Jr. y Paul Manafort, en ese entonces el jefe de campaña, debieron haberla reportado al FBI de inmediato.

Así las cosas: “Agotado”, rezan hoy los carteles de muchas librerías de Estados Unidos a propósito del libro “Fuego y Furia”, de Michael Wolff, cuyo ritmo de ventas en sus primeras horas solo recuerda al fenómeno de Harry Potter en las librerías.

Antes de la llegada de la medianoche ya había lectores esperando para hacerse con una de las copias en KramerBooks, una veterana librería y cafetería de Washington, que fue una de las primeras en colgar el cartel de “todo vendido” de la obra que versa sobre la presidencia de Donald Trump.

Ni 15 minutos tomaron los adictos a la política que frecuentan la librería especializada de la capital, Politics&Prose, en cuya puerta se agolparon  para arrasar con las decenas de ejemplares del libro de Wolff.

Desde la aparición de algunos extractos en medios locales que recogían duras declaraciones del ex estratega jefe de la Casa Blanca Steve Bannon contra el hijo del presidente Donald Trump Jr., la obra ha capturado el foco mediático y ha provocado movimientos desde el equipo de abogados de Trump, que pidió el pasado jueves la inmediata cancelación de su publicación -prevista antes para el 9 de enero-.

Entonces, y después de otra demanda dirigida hacia el propio Bannon reclamando que cumpliera el acuerdo de confidencialidad y cesara en sus declaraciones, la editorial optó por adelantar la fecha del comienzo de las ventas, aprovechando la ola de debate público y la campaña de desprestigio emprendida desde la Presidencia de Estados Unidos.

El texto, que ya es número uno en ventas en la plataforma comercial Amazon. Lo verdaderamente inusual es que nadie lo había visto venir, nadie esperaba que el libro fuera tan popular, pero la reacción de Trump ha motivado una demanda mayor. El fenómeno es sorprendente por todo el contexto que le rodea: una publicación casi improvisada, el equipo legal del presidente en contra y una ola de frío que tiene helado a dos tercios de Estados Unidos.

No solo me está ayudando a vender libros, sino también a probar el contenido del libro; es algo extraordinario que un presidente de Estados Unidos trate de impedir la publicación de un libro, no ha pasado con otros presidentes”, afirmó en una entrevista propio autor Michael Wolff.

También aseguró que, según su investigación periodística, los asesores del mandatario lo ven “como un niño” y lo llaman “idiota”, y defendió que los párrafos de “Fuego y Furia” se ajustan a la realidad del Ala Oeste de la residencia presidencial, pese a los desmentidos oficiales de las últimas fechas. Área en la que por cierto hace solo unos días fue prohibido el uso de teléfonos celulares para evitar “filtraciones”; orden dada por el mismo Donald Trump, lo que abona más a la credibilidad de lo que se publica en el libro.

Desde su aparición en medios de comunicación, la polémica en torno al libro, las disputas entre Bannon y Trump y los intentos de la Casa Blanca de desacreditar y acabar con la obra han eclipsado gran parte de la agenda mediática en Estados Unidos, lo que ha resultado en el velocísimo ritmo de ventas.

A un precio de 20 dólares en Amazon, el libro en el que se afirma que el objetivo de Trump como candidato presidencial no era la Casa Blanca sino promocionarse personalmente, es el “mejor vendido” de la plataforma, que ya ha liquidado todas las copias disponibles y ofrece un plazo mínimo de envío de dos semanas para los interesados.

Así pues, tras casi un año de su presidencia, podemos estar seguros de que el Trump obsesionado con su imagen y exageradamente emocional que vimos durante décadas en Nueva York y en televisión es el real y que nada le afecta más que lo que la gente dice de él. Desde el principio de su carrera, cuando se moldeó como personaje digno del escenario, se dejó guiar por sus impulsos dramáticos. Trump se refirió a su vida como un “cómic” y un “espectáculo”, catalogó de enemigos a personajes públicos y creó batallas que se libraron en la prensa. Además, sus actividades empresariales diversas, incluidas sus bancarrotas colosales, se volvieron parte del espectáculo. Entonces, como ahora, buscaba la atención y su vida dependía de ello; lo movía tanto con la prensa negativa como con la positiva.

Esta dinámica se volvió tan esencial para su ser que aparentemente solo existe en relación con lo que los demás dicen de él. Las palabras, ya sea escritas, publicadas o tuiteadas, lo hacen sentir vivo. Le duele que lo ignoren, así que quizá en el fondo no está tan molesto con el popular libro que ya se ha convertido en el más vendido de los últimos años, Más bien ha sido una suerte de gusto y susto lo que la publicación habría provocado en el mandatario.

Así, mientras la Costa Este de Estados Unidos sufría el embate de una brutal tormenta invernal el jueves, 4 de enero, Charles Harder —el nuevo abogado de Donald Trump dominó los titulares con su propio “ciclón bomba”. Harder, quien ayudó a llevar a la bancarrota al sitio web Gawker por haber publicado sin autorización un video sexual de Hulk Hogan, entró en escena amenazando con una orden de cese y desistimiento contra Michael Wolff, autor del libro Fire & Fury, la editorial del libro y el antiguo jefe de estrategias de Trump, Steve Bannon.

La carta amenazadora de Harder representa un riesgo mayor para Bannon que las amenazas huecas de una demanda por difamación en contra de Wolff y su casa editorial. La carta en la que Harder exige un desistimiento se refiere a un acuerdo que Bannon firmó durante la campaña de Trump, en el que se le prohíbe “desacreditar al Sr. Trump, a cualquiera de sus familiares, a cualquiera de sus negocios o a la campaña”. Ningún acuerdo de ese tipo le impediría a Wolff o a su editorial que distribuyan un libro en el que se citen los comentarios de Bannon.

Sería muy razonable que Bannon argumente que dicho acuerdo no lo vincula ahora porque sus alusiones despectivas a la gente cercana a Trump en el libro de Wolff se centran en el periodo de la presidencia de Trump y no en la campaña presidencial. Tras la toma de posesión de Trump, Bannon se volvió empleado del gobierno federal por ser “consejero especial del presidente” y como tal, alegará que no lo vinculaba un contrato laboral previo en el sector privado, relacionado con la campaña electoral. También podría invocar el derecho a la libre expresión consagrado en la Primera Enmienda, que le permite hacer comentarios sobre actividades que tuvieron lugar mientras trabajaba en la Casa Blanca de Trump. Sin embargo, Trump podría usar cualquier crítica que Bannon haga de la campaña presidencial en una demanda en su contra, dependiendo de la terminología del acuerdo de no desacreditación. Sería sumamente difícil demostrar el perjuicio porque Trump y su familia ya han sido objeto de una gran cantidad de críticas desacreditadoras en la dura escena de la política presidencial y sería casi imposible aislar el impacto de los comentarios de Bannon que se publicaron en el libro de Wolff. Por lo tanto, es muy probable que Bannon gane cualquier demanda que surja de un acuerdo de no desacreditación que haya firmado. Por otro lado, Bannon incluso podría contrademandar a Trump, quien dijo que “está loco”.

Demostrar el perjuicio en una demanda de difamación contra Michael Wolff y su casa editorial sería aún más difícil. Para ganar un caso como este, Trump tendría que demostrar que se publicó material falso y difamador sobre él en el libro de Wolff y que tanto el autor como la editorial actuaron con dolo al publicar el material.

En cuanto a la acusación de desacreditación contra Bannon, demostrar los perjuicios causados por el libro de Wolff sería otro obstáculo insuperable para Trump en una demanda por difamación.

Los abogados penalistas de Trump también le advertirán que cualquier expediente que surja de un juicio de difamación se puede usar en su contra en procedimientos penales o de destitución. Los abogados de Wolff también podrían tomarle declaración a Trump y probablemente le harían preguntas vergonzosas sobre el teje y maneje de la Casa Blanca y sobre sus afirmaciones de que el libro perjudicó su reputación. Declarar bajo juramento siempre es arriesgado para un presidente en funciones. En estas circunstancias, el riesgo para Trump sería tan grande que es probable que la carta de “cese y desistimiento” de Harder no sea más que una intimidación como aquellas a las que Trump recurría frecuentemente en su vida anterior en los bienes raíces. Pero usar esta táctica desde el Despacho Oval es mucho más peligroso que hacerlo desde la torre Trump. Ni siquiera el abogado de Hulk Hogan puede frenar al fuego y a la furia del libro de Michael Wolff, ni el desdén de Steve Bannon.

Nadie pone en duda que Michael Wolff no es precisamente un periodista de un rigor incuestionable. Se caracteriza por “embellecer” sus informaciones. Pero, en este caso y pese a las sombras, su descripción no hace más que confirmar desde dentro lo que otros medios han ido desgranando desde fuera.

 

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