La crisis que viene

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Salvador Cosio-08Estamos acostumbrados, pero una vez más la realidad ha superado a la fantasía, y es que el gobierno es bastante hábil en todo menos en gobernar, así pues, mientras el pueblo parece estar en vilo mirando o escuchando los estires y aflojes de quienes quieren ser nominados a candidato presidencial por la alianza antinatura que convinieron PAN, PRD y MC a nivel nacional; o en tanto el distractor del “emecista” mejor posicionado en Jalisco que sale a decir que “va solo” acongoja o no pocos; o mientras la sucesión en el Banco de México tiene a inversores y analistas preocupados; o mientras José Antonio Meade, virtual candidato del PRI a la presidencia de la republica acapara los reflectores al tiempo que sacude algunas encuestas y a otros aspirantes a la silla presidencial, se distrae al pueblo de lo realmente importante.

Poco se dijo de la liberación de los precios de las gasolinas, es decir, a partir de hace un par de días ya no tendrá que anunciarse un precio máximo y el costo por litro lo determinará la oferta y la demanda, en pocas palabras, subirá o bajara a placer. Tampoco pesó tanto que los dos últimos meses hayan sido los más sangrientos en materia de inseguridad en décadas,  más que en los tiempos del nefasto Felipe Calderón. Todo lo malo, que es mucho y que también cuenta mucho ha sido opacado por noticias relacionadas con la efervescencia política, ya hasta los damnificados por los sismos de septiembre fueron relegados de la cobertura noticiera. Para rematar, el futbol, sin duda una de las pasiones nacionales vino a engordarle el caldo a eso de esconder las malas noticias. Lo triste es que hasta dicha noticia fue amarga, pues el grupo en que estará participando la escuadra nacional es uno de los más complicados de la justa. Total que los distractores no han dejado de opacar la triste realidad que golpea, lacera y amaga a nuestro país.

Tan solo en cuestión económica, y tras la salida de Agustín Carstens como Gobernador del Banco de México, las cosas no pintan nada bien, y no es que el señor sea indispensable, sino que hay una serie de factores que indicen directamente en que la situación económica vaya complicándose aun más para todos nosotros.

Agustín Carstens, dejó el pasado jueves su cargo de gobernador del Banco de México,  tras casi ocho años en el que afianzó su prestigio y logró el respeto de políticos, empresarios y opinión pública, creando un vacío difícil de llenar en una institución clave para la estabilidad macroeconómica del país.

Al margen de las criticas, Carstens es un funcionario muy completo, con experiencia técnica en el banco central y amplia capacidad de análisis económico. Logró combinar muy bien solvencia técnica y el talento de operación política, llevando a cabo operaciones complejas.

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y poseedor de una maestría y un doctorado de la Universidad de Chicago, Carstens, inició este 1 de diciembre una nueva etapa profesional como gerente del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés).

Inició su carrera en 1980 en el Banco de México, y fue designado subsecretario de Hacienda en el 2000. Tres años más tarde fue subdirector gerente del FMI, puesto que desempeñó hasta que en 2006 tomó las riendas de la Secretaría de Hacienda.

Es un destacado economista, con una buena formación, que tiene mucha experiencia y cuenta con una trayectoria de muchísimos años en el banco central. Estuvo en operación, tesorería, manejos y en áreas más estratégicas.

Carstens actuó dentro de los estándares de su autonomía y cumpliendo su mandato, y pudo contener la devaluación del peso y la inflación -si bien este año se situará por arriba del 6% por el alza en las gasolinas de enero-, pese a un entorno muy complicado.

Lidió con una economía que ha soportado un shock exógeno con el triunfo de Donald Trump o la devaluación del peso, sin entrar en choques perversos como en el pasado. La política monetaria cumplió su función. Con estas premisas, Carstens se ganó la confianza y respeto de especialistas y poderosos sectores.

También ha sido criticado por el “despilfarro” en burocracia interna implementada por Carstens desde que llegó al instituto emisor el 1 de enero del 2010.

Alejandro Díaz de León Carrillo, subgobernador del Banco de México, es el reemplazo de Carstens, y estará en el cargo hasta al 31 de diciembre de 2021, una decisión tomada la tarde del martes por Enrique Peña Nieto.

El hoy ex Secretario de Hacienda José Antonio Meade sonó en muchas apuestas, pero el lunes anunció su participación en la contienda presidencial del 2018 por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) sin nunca antes haber militado en ese partido.

El banco central es una institución de un servicio civil muy sólido y con una Junta de Gobierno que está funcionando, es menester no politizarla o partidizarla y distinguir entre la fortaleza de la institución y de la figura de su gobernador, pues una anticipación en el nombramiento hubiera sido preferible, sin embargo el gobierno de Peña prefirió jugar a la especulación y dejar todo hasta el ultimo momento para distraer la atención a la figura de su hoy destapado candidato.

Ahora bien, como ya se apuntaba, no todo es color de rosa en la gestión de Agustín Carstens porque se va sin cumplir su segundo mandato de 6 años, que culminaba en 2021, y abre un periodo de “incertidumbre” que coincide con los comicios del 2018. También ha trascendido que su salida coincide con su desacuerdo en las políticas económicas emprendidas por el actual régimen. 

En este contexto, la nueva Junta de Gobierno debe apostar por un factor claro: la continuidad, algo que quizá haya ocurrido con la designación de Díaz de León Carrillo, un economista con maestría en Administración Pública y Privada por la Escuela de Administración de Yale. 

Díaz de León, que aún debe ser ratificado por el Senado, llegó a formar parte de la Junta de Gobierno del Banco Central en enero de 2017 como subgobernador a propuesta del propio Peña Nieto y forma parte del grupo político del actual canciller Luis Videgaray, uno de los más cercanos al presidente.

Al igual que José Antonio Meade, el ahora exsecretario de Hacienda y casi candidato del PRI a la presidencia para la elección de 2018, Alejandro Díaz de León es economista del Instituto Tecnológico Autónomo de México, con estudios en universidades de la Ivy League estadounidense. Cuenta con un máster en Administración Pública y Privada en Yale y sostuvo varios cargos dentro del Banco de México durante 16 años.

Durante el año en el que Díaz de León trabajó de la mano de Carstens, el Banco de México se vio orillado a tomar decisiones drásticas para mantener a raya la inflación. El Gobierno federal incrementó los precios de las gasolinas un 20% en enero, al tiempo que el peso sufrió el embate de la volatilidad causada por la retórica antimexicana de Donald Trump, factores que elevaron la inflación a sus mayores niveles en tres lustros. En noviembre rozó el 6.6%, más de dos puntos porcentuales sobre la meta inflacionaria de Banco de México.

Este escenario, aunado a la normalización de la política monetaria por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos y a la incertidumbre generada por la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ha tenido como consecuencia que el banco central nacional elevara sus tasas cuatro veces durante 2017 para ubicarse en el 7%.

Díaz de León toma la gobernanza del Banco de México con el reto de gestionar el alza inflacionaria y mantener en lo posible las tasas en su primer año en el cargo, que coincidirá con el regateo político fruto de la próxima elección presidencial. Ya en sus primeras declaraciones a la prensa tras el nombramiento, dijo que los “choques recientes” y las “posibles sacudidas futuras” ralentizarán la disminución de la inflación hacia el objetivo del 3%. Lo que desde luego no es una noticia nada alentadora.

Analistas privados subieron a 6.5% el pronóstico de inflación de México al cierre de este año, y mantuvieron en 2.10% su estimación para el crecimiento económico, de acuerdo con una encuesta del Banco de México.

Los analistas elevaron a 19.0 pesos el cálculo para el tipo de cambio al cierre de 2017, desde una estimación de 18.80 unidades por dólar del sondeo anterior. La inflación en el país debe aproximarse a la meta de tres por ciento en 2018 si el tipo de cambio se mantiene ordenado y no sufre sobresaltos, aseguró Alejandro Díaz de León, gobernador del Banco de México .

Durante su primera jornada al frente del banco central, luego de que Agustín Carstens dejara el cargo, Díaz de León señaló que el mercado cambiario ha sido rápido, a fin de incorporar perspectivas sobre la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Asimismo, afirmó que ante los riesgos existentes, la Junta de Gobierno de la entidad mantendrá una postura prudente sobre el tipo de cambio.

Banxico espera que la inflación vaya cediendo gradualmente, pues se aceleró de forma inesperada a 6.59 por ciento en la primera mitad del mes de noviembre.

Por su parte, el peso mexicano ha sufrido volatilidad desde que Donald Trump ganó las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre de 2016, ya que mantiene su amenaza de abandonar el TLCAN si no logra una renegociación a su favor con México y Canadá.

De acuerdo con la encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado, difundida por Banxico, analistas elevaron a 6.5 por ciento el pronóstico de inflación en México al cierre de 2017, y a 3.84 por ciento a finales del próximo año. En noviembre de este año las expectativas de crecimiento económico para 2017 y 2018 de los analistas del sector privado permanecieron en niveles cercanos a los del mes previo, destacó el Banco de México. Al presentar la encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado a noviembre de 2017, el instituto central refiere que la media (promedio) de los expertos mantuvo su previsión de crecimiento económico para este año en 2.10 por ciento, frente al mes anterior.

En tanto que la media de los encuestados espera que el PIB sea de 2.28 por ciento para 2018 (frente al 2.25 por ciento esperado hace un mes) y la mediana (valor que ocupa la posición una vez que los datos han sido ordenados en orden creciente o decreciente) en 2.3 por ciento (sin cambios respecto a la previsión de octubre). Las expectativas de inflación general para los cierres de 2017 y 2018 aumentaron en relación a la encuesta de octubre, en donde destaca que para este año la media de los especialistas prevé que se ubique en 6.49 por ciento para este año (frente al 6.25 del mes pasado).

Para 2018, la media de los especialistas espera que la inflación sea de 3.91 por ciento (frente al 3.85 esperado en octubre); mientras que la mediana prevé una inflación general de 3.84 por ciento el siguiente año (sin variación al estimado de octubre).

Por su parte, las perspectivas de inflación subyacente (inflación reflejada por el índice de precios al consumo (IPC) cuando éste no toma en cuenta ni los productos energéticos ni los alimenticios sin elaborar) para el cierre de 2017 permanecieron en niveles cercanos a los del mes previo (4.77%). Y para el cierre de 2018 los pronósticos de inflación subyacente aumentaron con respecto a la encuesta precedente (a 3.72%).

En cuanto al tipo de cambio de este año, los especialistas aumentaron sus previsiones en comparación con la encuesta anterior, en donde la media espera que termine en 18.86 pesos y la mediana en 19.00 pesos.

Para 2018 los especialistas también aumentaron sus expectativas, la media espera que sea de 18.79 (frente al estimado de 18.61 del mes pasado) y la mediana prevé un tipo de cambio de 18.60 pesos por dólar (comparado con el 18.50 previo).

Para este año, mantuvieron las expectativas de que la tasa de fondeo interbancario sea de alrededor de 7.0 por ciento, y para el próximo la media estima que se ubique en 6.71 (frente al 6.63 previo) y la mediana 6.75 (contra 6.50 del mes pasado).

Así pues para el siguiente año se observará una desaceleración y crecerá por debajo de las proyecciones mundiales.

La única manera en que México pueda afrontar todos los retos internos que vienen, aunados a las turbulencias internacionales es fortaleciendo el crecimiento de la productividad, hacer una implementación completa de las reformas estructurales, en particular para mejorar la eficiencia del sistema judicial, reducir la corrupción y mejorar la calidad de la educación; algo que tristemente se ve muy difícil de lograr. Al tiempo lo veremos.

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