IMPUNIDAD y ESPERANZA

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Salvador Cosio-08Norberto Rivera Carrera, señalado como protector y encubridor de sacerdotes pederastas, renunció  a su cargo como Arzobispo primado de México con una disculpa a su feligresia por “sus debilidades y omisiones”, sin embargo no dedicó ni una línea a las víctimas de la pederastia clerical qué durante mucho tiempo solapó.  

El Vaticano oficializó el 7 de diciembre el nombramiento del cardenal Carlos Aguiar Retes como nuevo arzobispo primado de México en sustitución a Norberto Rivera.

La iglesia católica en el país padeció con Norberto Rivera los escándalos de protección a sacerdotes pederastas con Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, Nicolás Aguilar —por quien el cardenal fue demandado ante la Corte de Los Ángeles, California— así como el caso del sacerdote Carlos López Valdés, cuyo proceso penal continúa por abuso sexual cometido entre 1994 y 1999.

Además, ante las autoridades competentes, el 2 de junio del 2017 fue interpuesta una nueva denuncia penal contra Norberto Rivera por encubrir a 15 sacerdotes pederastas de su arquidiócesis.

El caso del párroco poblano Nicolás Aguilar, acusado de cometer más de 86 actos de pederastia en Tehuacán, Puebla y Los Ángeles, California es uno de los tantos que manchan a Rivera Carrera y permiten develar cómo bajo su gestión la Iglesia Católica mexicana apoyó y encubrió casos de abusos sexuales contra los niños que son parte de sus huestes.

Norberto Rivera Carrera no solo estuvo al tanto de los delitos de algunos sacerdotes, sino que también le permitió continuar oficiando misas en las diócesis de Tehuacán y Puebla, a pesar de las denuncias civiles que se presentaron en su contra por violación y corrupción de menores en Estados Unidos y México.

Nicolás Aguilar fue acusado por abuso sexual en 1986, 1994 y 1997, sin embargo el recientemente fallecido arzobispo de Puebla, Rosendo Huesca permitió también a Nicolás Aguilar oficiar misas en su diócesis en la iglesia de Santa Clara Huitziltepec.

En 1986 cuando estalló en Puebla el primer caso de pederastia de parte de Nicolás Aguilar en la comunidad de Cuacnopalán, el párroco pidió a Norberto Rivera su traslado a Los Ángeles, California, donde radicaba su hermana para permanecer escondido.

Apenas un año después, en 1987, salió huyendo de Estados Unidos después de que las autoridades recibieran 26 denuncias en su contra por los delitos de abuso sexual y corrupción de menores.

Para cuando Nicolás volvió a México, Norberto Rivera lo colocó en una iglesia en el Estado de México. 

Así, seis meses después de que el polémico Norberto Rivera le presentara su renuncia como arzobispo primado de México, el Papa Francisco la ha aceptado y como sucesor ha nombrado a un hombre con un perfil muy diferente, abierto al diálogo, alejado del ala dura del conservadurismo católico y de toda su confianza. Se trata de Carlos Aguiar Retes, de 67 años, arzobispo de Tlalnepantla, Estado de México, y quien a partir del 5 de febrero de 2018 estará al frente de la Arquidiócesis de México, la más grande después de la de Milán. 

Aguiar Retes, a través de su cuenta de Twitter, reconoció al papa Francisco por su designación y señaló que lo recibe como “un discípulo de Jesucristo”.

“Reconozco en la decisión del papa Francisco al nombrarme arzobispo primado de México la voluntad de Dios Padre y la asumo como discípulo de Jesucristo con la confianza en el Espíritu Santo cumplir lleno de esperanza esta responsabilidad eclesial a favor del Pueblo de Dios”, escribió.

Aguiar nació el 9 de enero de 1950 en Tepic, Nayarit y cuenta con una larga y destacada trayectoria en la Iglesia, iniciada en 1973, año de su ordenación sacerdotal.

El nuevo arzobispo tiene el desafío de dar un giro a la crisis pastoral que vive la Iglesia en la Ciudad de México y, al mismo tiempo, ser el hombre del papa Francisco en la Iglesia mexicana. La moneda está en el aire y hay expectativas importantes de que Aguiar transforme una diócesis hecha pedazos, muy venida a menos, muy desprestigiada por los continuos desgastes de Rivera.

Más que un pastor, Aguiar es un “hombre de estructuras” con una visión moderna para buscar restablecer puentes de diálogo.

Rivera como arzobispo primado de México, cargo en el que estuvo 22 años, “fracasó” al tratar de imponer una moral católica tradicional, inflexible, caduca y rancia.

Rivera representa el fracaso de un modelo de Iglesia en la que los obispos se autoconcebían como maestros, de verdades absolutas y que cuestionaban el rumbo de una sociedad que parecía ir a la deriva.

Pese a su renuncia y los cambios, Rivera no se libera de los señalamientos por delitos cometidos cuando era la máxima autoridad de la Iglesia católica en el país. Su retiro no supone que las imputaciones por las que está bajo investigación sean anuladas, por el contrario, siguen su curso.

En temas como el papel de la mujer, la eutanasia, el aborto,  el divorcio, las nuevas nupcias tras la separación, el matrimonio igualitario, etc., las posturas del cardenal Rivera eran  y son, anacrónicas.

El nombramiento de Aguiar Retes no significa que se abandone esta perspectiva porque “no es ningún progresista”, pero sí tiene una visión más moderna y actualizada

Nacido el 9 de enero de 1950 en Tepic, en el occidental estado de Nayarit, en el seno de una familia muy devota, Aguiar ha sido toda la vida una figura activa dentro de la Iglesia católica, aunque con un perfil más discreto que Rivera.

Además, comparte muchos valores con el papa Francisco sobre la necesaria cercanía con los feligreses, la lucha contra la pobreza y la marginación y la defensa de los migrantes.

A diferencia de Rivera, a quien se le ha podido ver junto al magnate Carlos Slim y a otros grandes empresarios, a Aguiar no se le relaciona con el poder y es muy activo en redes sociales, donde acumula más de 14,400 seguidores en Twitter.

Con un lenguaje para todos los públicos, en las redes habla del poder de la oración y la misericordia, pero también advierte de los peligros del dinero o de “anunciar a Cristo como un producto de mercadotecnia”.

Aguiar, desde muy pequeño ingresó a la vida religiosa. Estudió filosofía en el seminario de la diócesis de Tepic y teología en Montezuma, Estados Unidos, y en Tula, Hidalgo. Fue ordenado sacerdote el 22 de abril de 1973, y desde ese momento acumuló una larga trayectoria. Vivió en Roma para especializarse en las sagradas escrituras, luego presidió la Organización de Seminarios Mexicanos. Entre 1978 y 1991, Aguiar Retes se desempeñó como rector del Seminario de Tepic y presidió la Organización de Seminarios Mexicanos. De 1992 a 1993 formó parte de un equipo de biblistas que prepararon la edición de la Biblia de América. En 1996 obtuvo el doctorado en Teología Bíblica en la Pontificia Universidad Gregoriana con la tesis “La crítica de los profetas al ayuno”. El 28 de mayo de 1997 fue designado por el papa Juan Pablo II como el tercer obispo de Texcoco. Para el 23 de mayo del año 2000 sucedió al obispo Felipe Arizmendi, como secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), en donde también fungió como primer vicepresidente del Celam entre 2003 y 2007. Más tarde ocupó la presidencia del Departamento de Comunión Eclesial y Diálogo (2007 y 2011). En este último año fue elegido presidente del Celam para el periodo 2011-2015. Además, alternó esas responsabilidades con diferentes cargos en la Conferencia del Episcopado Mexicano. Ahí fue secretario general (2004-2006) y presidente por dos periodos (2007-2009 y 2009-2012). En 2007, Benedicto XVI lo designó miembro del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso del Vaticano y en 2009 lo envió a Tlalnepantla como arzobispo. Más tarde, el papa Francisco lo integró a la Pontificia Comisión para América Latina. El 19 de noviembre de 2016, Aguiar Retes fue nombrado cardenal. También es miembro del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y de la Comisión Pontificia para América Latina.

Tan lejos de Dios, sea como fuere la concepción que cada uno tenga de él, pero particularmente de la deidad católica, la que representaba y la que enranció al grado de que miles de descendientes de católicos perdieran la fe y se alejaran de la religión de sus progenitores; una iglesia que enaltece a los pobres, pero que vive en entre palacios; que profesa la humildad, pero se rodea de oro y metales preciosos; que rechaza la sexualidad, pero muchos malos párrocos abusan de menores y religiosas cometiendo graves delitos que quedan impunes; que condenan la homosexualidad pero la practican y consienten entre ellos; eso fue lo que representó Norberto Rivera Carrera durante más de 20 años, en los que encabezó a la Iglesia católica en México, siendo una de las figuras más polémicas del país, por sus declaraciones sobre el aborto, los matrimonios igualitarios, su relación con la clase política y particularmente el encubrimiento de casos de pederastia.

En 1997, se destapó uno de los casos más controversiales de la jerarquía católica; Marcial Maciel Degollado, fundador de los Legionarios de Cristo, había cometido un sinnúmero de abusos sexuales contra menores de edad. El entonces cardenal defendió a Maciel, argumentando que las acusaciones además de ser inventadas, seguramente eran pagadas. Años más tarde, se supo que Maciel pagaba millonarios sobornos al Vaticano para evitar ser investigado por pederastia. En junio de este año, los exsacerdotes Alberto Athié Gallo y José Barba denunciaron ante la Procuraduría General de la República (PGR) a Rivera Carrera, por encubrir al menos a 10 padres que presuntamente violaron a menores de edad.

Según la denuncia, el entonces cardenal había notificado al Vaticano de los ataques; sin embargo, fue omiso con las autoridades mexicanas. En su defensa, Rivera exhibió copias con las denuncias, argumentando que nunca encubrió a nadie.

Pero por si eso fuera poco, Rivera Carrera fue acusado en 2003 de haber vendido la imagen de la Virgen de Guadalupe, ícono del catolicismo mexicano y sin duda la imagen religiosa más venerada por propios y extraños al margen de su condición sexual, social y económica.

Trascendió que el entonces cardenal otorgó a la empresa estadounidense Viotran, los derechos para comercializar la imagen, violando las leyes de derecho de autor y fiscales, e incluso en contra del derecho canónico.

En un contrato secreto por 12.5 millones de dólares, se estipuló que Viotran sería la única empresa capaz de comercializar con la imagen de la Virgen, San Juan Diego y el logotipo de la última visita del Papa Juan Pablo II a México, durante cinco años.

La legalización del aborto en la Ciudad de México es otro de los temas que nunca acabó de encantar al religioso. En 2011 sugirió en el semanario Desde la Fe, sanciones para quienes cometieran interrupción del embarazo, pues es un “delito que altera el bien común social”.

Incluso declaró años más tarde, que nadie tiene derecho a decidir sobre la vida de otra persona, pues es un “destructor de la paz en el mundo”.

“El único que tiene derecho a quitar la vida es aquel que la creó. Nadie más tiene ese derecho; ni la madre, ni el padre, ni el doctor, ni una agencia, ni una conferencia, ni un gobierno”, aseguró.

 La aprobación de matrimonios igualitarios en 2016, también provocó el descontento de Rivera Carrera. En una publicación divulgada en Desde la Fe, el religioso “explicó” la función sexual del hombre y la mujer: “El ano del hombre no está diseñado para recibir, solo para expeler. Su membrana es delicada, se desgarra con facilidad y carece de protección contra agentes externos que pudieran infectarlo. El miembro que penetra el ano lo lastima severamente pudiendo causar sangrados e infecciones”.

Esta no fue la única ocasión en que se atacó a la comunidad homosexual, en otra publicación, el semanario expuso el tema como una “desviación que necesita ser corregida”. Ante las severas críticas, Rivera pidió perdón.

Especialistas en asuntos religiosos han considerado que la gestión de Rivera Carrera al frente de la Arquidiócesis de México ha sido un “fracaso”, un “desastre” y que “más que un religioso ha sido un hombre de poder y un actor político”.

Así mientras Rivera estuvo ocupado en asuntos terrenales, hubo ausencia de un plan pastoral que detuviera la pérdida de feligreses en la Arquidiócesis. Y para muestra basta un botón, según el censo de 2010 se duplicó el porcentaje de creyentes que se alejaron del credo católico a nivel nacional. Ante esto hubo “incapacidad de respuesta”, como también la hubo con las victimas del sacerdote pederasta Nicolás Aguilar Rivera, a quienes solo atinó a decirles: “Ustedes olvidarán pronto lo que les hizo el padre Nicolás Aguilar Rivera. Al rato, ya ni se acordarán. Deben saber perdonarlo. El padre es un hombre enfermo”. Con esta frase el cardenal Norberto Rivera Carrera, ex arzobispo primado de México, intentó convencer a las víctimas del cura pederasta para que guardaran el secreto y no acudieran a las autoridades a denunciarlo, luego de que el presbítero violó a más de 60 niños de la Sierra Negra de Puebla.

Así la gestión de Rivera no puede ser recordada con júbilo, se ha tratado de los años más oscuros del catolicismo mexicano cuya grey perdió en ese tiempo por lo menos el 30 por ciento de sus devotos, lo que significa un gran desencanto no a la religión ni al catolicismo como tal, sino a los hombres que las dirigen y que las han desvirtuado, y que para nada son ejemplo de los valores religiosos que deberían infundir. Con el nuevo arzobispo primado de México se renueva la esperanza en la fe perdida, y su cercanía con el carismático papa Francisco puede ser factor para que la feligresía encuentre en este nuevo líder a un ser humano más afable y cercano; menos político y más religioso.

 

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