TLCAN, INCIERTO y LENTO

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Peña Nieto y Donald Trump.

Peña Nieto y Donald Trump.

Adiós a los reflectores y protocolo de ministros y secretarios, la quinta ronda de negociaciones para modernizar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que inició la semana pasada en la Ciudad de México, se ha enfocado solo en el trabajo técnico de los equipos negociadores y en pulir los textos para la siguiente reunión. Funcionarios de Estados Unidos, Canadá y México se reúnen en Ciudad de México para la quinta de un total de al menos siete rondas previstas con el objetivo de actualizar el (TLCAN), del que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha amenazado retirarse. El tiempo se está agotando para sellar un acuerdo antes de la fecha límite de finales de marzo de 2018. Los funcionarios dicen que las elecciones presidenciales mexicanas del próximo año significan que las conversaciones posteriores a esa fecha no serán posibles.

En tanto, la administración de Estados Unidos ha hecho una serie de demandas que los demás miembros consideran inaceptables, como una cláusula de suspensión de cinco años y el endurecimiento de las llamadas reglas de origen para aumentar el componente de autos de América del Norte al 85 por ciento desde el 62.5 por ciento actual.

“Se mueve muy lento, pero no hay ‘fuegos artificiales‘ (señales de avance)”, dijo una fuente canadiense con conocimiento de las conversaciones, y agregó que “no hubo mucha plática” sobre las propuestas más polémicas de Estados Unidos.

A las pocas horas de que comenzaran formalmente las conversaciones el viernes, Canadá se quejaba de inflexibilidad por parte de Estados Unidos.

Hasta el momento, los funcionarios han debatido sobre otros temas como mano de obra, género, propiedad intelectual, energía y telecomunicaciones, y ciertamente ha habido pocos, pero avances al fin. Las conversaciones finalizarán mañana martes.

Aunque el estado de ánimo en la quinta ronda ha estado más calmado que las tensas escenas vistas el mes pasado durante la cuarta ronda en Arlington, Virginia, las negociaciones ahora están más allá del punto medio de un cronograma inicial con pocas señales claras de marcha.

Las autoridades mexicanas dicen que esperan que los capítulos sobre telecomunicaciones y comercio electrónico concluyan en la quinta ronda, pero aún no ha habido indicios de esto.

Aunque los negociadores tienen previsto debatir las reglas de origen todos los días desde el sábado, no se celebrarán conversaciones detalladas sobre el aumento del contenido norteamericano antes del final de la ronda. Canadá y México dicen que las nuevas reglas de origen son impracticables y dañarían la industria automotriz altamente integrada.

La oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos revisó el viernes sus objetivos oficiales para ajustarse a las demandas que actualmente tiene en la mesa de negociaciones. La decisión motivó al senador estadounidense Ron Wyden, máximo demócrata del Comité de Finanzas del Senado, a eliminar una “retención” que había puesto en marcha para bloquear la confirmación de dos candidatos a la administración de Trump para cargos de asistentes en la oficina del representante del comercio en los Estados Unidos, dijo un asesor de Wyden. Ron Wyden se quejó de que la oficina de comercio había estado manteniendo a los miembros del Congreso “en la oscuridad” sobre sus tácticas y no estaba en conformidad con las leyes de negociación comercial de los Estados Unidos.

El miércoles pasado, la Secretaría de Economía informó en un comunicado, que los ministros de México, Estados Unidos y Canadá encargados de la negociación del TLCAN tuvieron encuentros por separado en las reuniones del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), y acordaron no asistir a la quinta ronda para que los jefes negociadores continuaran trabajando en los temas de la cuarta ronda. La quinta ronda es la oportunidad para que los equipos de los tres países cuestionen y analicen los detalles técnicos de estas propuestas.

El objetivo es que los aspectos técnicos queden claros, y plasmarlos en textos que se prevén revisar en una reunión que habrá en diciembre en Washington.

Todo el trabajo es para avanzar, concretar temas y condiciones para la sexta ronda, la cual se prevé que sea en enero de 2019 en la capital canadiense.

Por ejemplo, en la industria de la confección, el equipo mexicano y el sector privado buscan que las condiciones con las que México exporta a Estados Unidos se mantengan sin cambios.

Ahora, el hecho de que no se vaya a celebrar una reunión ministerial en el marco de la quinta ronda, representa que las posturas de cada equipo ya están claras, y que se dará tiempo y espacio para que los equipos de trabajo se enfoquen a los aspectos técnicos de cada tema.

La agenda de la quinta ronda contempló 30 mesas temáticas, entre estas han destacado la del sector agroalimentario, anticorrupción, reglas de origen, compras de gobierno, comercio digital, entrada temporal de trabajadores, aduanas y telecomunicaciones.

Sin embargo, no todos los huevos están puestos en la misma canasta. Más allá del éxito o el fracaso de la permanencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), para el empresariado mexicano la diversificación exportadora del país tiene una escala casi obligada: China.

La mayor oportunidad para México en el gigante asiático, su segundo mayor socio comercial, está concentrada en los envíos de productos agroalimentarios. Hay también una gran ventana en bienes manufacturados, con los que México ha probado tener una elevada competitividad. Así desde hace tiempo, nuestro país está explorando nuevos mercados, mientras renegocia con Canadá y Estados Unidos el mítico TLCAN, vigente desde hace poco más de dos décadas  y cuyo futuro no queda muy claro.

El gobierno de Donald Trump, ha amenazado con abandonar el pacto en varias ocasiones, pues considera que ha sido injusto para la economía de su país. Ante ello, el empresariado mexicano están buscando formas de no depender tanto en comercio de su vecino del norte y China representa un mercado indispensable. México podría representar con mayor firmeza una puerta de entrada de los productos chinos hacia América Latina.

De acuerdo con datos estadísticos, las exportaciones totales de México a China han crecido un 242 por ciento entre 2007 y 2016.

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Peña Nieto.

En septiembre de este año, el gobierno mexicano dijo que tiene un objetivo de que 500,000 pequeñas y medianas empresas mexicanas exporten sus productos a Asia, sobre todo a China, con el apoyo de la plataforma electrónica Alibaba.

También se puede aprovechar el mercado chino hacia el interior, con un alto potencial de crecimiento para los productos mexicanos, así como la creación de sinergias en otras cadenas de valor que permitan a los empresarios nacionales abastecer con buenos precios y productos.

De acuerdo con un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el comercio entre China y América Latina ha experimentado una expansión “sin precedentes” en los últimos 15 años, multiplicándose por 22, por lo que hoy más que nunca el plan “b” en cuanto a intercambio comercial se refiere, debe fomentarse y fortalecerse.

El abandono del TLCAN) podría resultar en una menor participación para los productos estadounidenses en los mercados de México y Canadá. Con la salida de Estados Unidos de este acuerdo comercial y de conformidad con las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), las aduanas de México cobrarían un arancel promedio de 32% a las importaciones agrícolas originarias de Estados Unidos, mientras que la tasa que aplicaría Canadá sería de 23 por ciento. Dado que ciertos bienes agrícolas dominan el comercio de Estados Unidos con sus dos vecinos, estos productos podrían volverse más costosos y menos competitivos a medida que se impongan aranceles de Nación Más Favorecida (NMF) y se eliminen otras preferencias comerciales en virtud de una retirada del TLCAN.

En la OMC, cada nación establece topes a sus aranceles y está obligada a dar a todos la condición de NMF, expresión que parece sugerir que se trata de algún tipo de trato especial para un país determinado, pero que en realidad significa cobrar sus respectivas tarifas a la totalidad de miembros por igual.

Otros posibles impactos comerciales bajo un retiro estadounidense del TLCAN podrían incluir (pero no están limitados a) precios más altos para productos importados de Canadá y México, reducciones en importaciones agrícolas que compiten con productos estadounidenses, interrupción de cadenas de suministro integradas, interrupción general del mercado e incertidumbre.

También la salida de Estados Unidos del TLCAN podría generar impactos económicos a algunos estados productores de bienes agrícolas (tanto positivos como negativos), y una disminución del poder de negociación futuro de Estados Unidos; por ejemplo, para revisar y resolver disputas relacionadas con una gama de barreras no arancelarias al comercio.

En general, la aplicación de los aranceles de NMF a las importaciones agrícolas de Estados Unidos probablemente aumentaría los precios lo mismo para los consumidores estadounidenses y otros usuarios finales, que para los fabricantes de productos alimenticios de valor añadido.

Canadá y México son los dos mayores socios comerciales agrícolas de Estados Unidos (combinando importaciones y exportaciones), y representaron 28% del valor total de las exportaciones agrícolas estadounidenses y 39% de las importaciones estadounidenses en el 2016.

Ahora, de continuar con el tratado y optar solo por la actualización, es un escenario que aunque viable, también es bastante complejo, y es que por ejemplo, las tensiones no paran, apenas a mitad de la semana pasada la propuesta estadounidense de la cláusula del sunset (vigencia limitada) consistente en que el TLCAN se terminaría automáticamente cada quinquenio, a menos que los tres países acordaran antes renovarlo estaba firme sobre la mesa, y parecía ser una determinación irrevocable. La contrapropuesta mexicana de que se revise pero que ello no signifique la salida y volver a comenzar, ganó terreno y logro sumar a la delegación de Canadá que afirmaron estar  dispuestos a revisar el TLCAN cada cinco años, tal y como lo propuso el Gobierno mexicano, en vez de rescindir automáticamente el acuerdo.

Inicialmente, la cláusula había sido clasificada como una línea roja por el gobierno de México y ello implicaba que el TLCAN, con 23 años de vigencia, podría dejar de operar, si las posiciones sobre este punto se mantenían firmes.

Afortunadamente, Estados Unidos cedió a la contrapropuesta de México de revisar, en vez de terminar, el TLCAN cada cinco años; lo que por supuesto, no es un logro menor.

En la actualización de sus 22 objetivos para la negociación, Estados Unidos mantiene su objetivo principal de reducir su déficit comercial. En él hay propuestas proteccionistas, como facilitar mecanismos para imponer cuotas a la importación de productos que continuamente sean vendidos a precios dumping, o establecer periodos para la entrada a ese país de productos agrícolas que ya se producen en Estados Unidos. El retiro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) podría aumentar los costos para los compradores estadounidenses de comestibles así como para los productores de alimentos, ya que un regreso a aranceles de hace décadas afectaría las importaciones desde aguacates a productos lácteos. Los alimentos procesados que dependen de la harina importada también podrían enfrentar precios más altos y las cadenas de oferta agrícola se verían interrumpidas.

Eso se debe a que el retiro de Estados Unidos del TLCAN le quitaría sus beneficios de cero aranceles en virtud del pacto de hace 23 años, y probablemente obligue a los importadores de alimentos a pagar los llamados aranceles de nación más favorecida impuestos por la Organización Mundial del Comercio.

Si bien los aranceles de la OMC varían según el producto (los bajos gravámenes sobre los tomates y las bayas pueden hacer que un TLCAN sea insignificante para esos productos, por ejemplo), los cambios en conjunto generarían un aumento en los precios de los alimentos.

La agricultura ha sido uno de los sectores más favorables al TLCAN de la comunidad empresarial estadounidense, que el martes recibió una reprimenda del secretario de Comercio, Wilbur Ross, quien dijo que el “gritar y chillar” de los grupos agrícolas perjudica las negociaciones de Estados Unidos.

Así las cosas, las negociaciones transcurren con altas dosis de tensión y aunque no se descarta que en un exabrupto de Donald Trump el tratado termine, hoy existe por lo menos mayor esperanza que hace algunas semanas de que el TLCAN avance en su transformación y permanezca integrado por los 3 países socios que hace poco más de dos décadas lo signaron.

 

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