¡Ya suéltame, Raúl! .- Donvargas

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bruno buenaQuerido Raúl, señor Licenciado: sirva el particular como una llamada de auxilio, como un salvoconducto para pedirte amablemente que me des la oportunidad de alejarme de la vida pública, de quedarme con el poco y vapuleado honor que aún me queda. Yo ya te serví mucho, Raúl; te entregué mi voluntad, mi libertad, puse a tu disposición y a tus intereses mi prosapia, mi pasión, mi educación, mi sensibilidad…

Como sabes, Raúl, soy amante de la poesía, pero también de la fiesta brava: por eso he embestido como pocos, porque sé lo que significa estar ahí, frente al animal, sin nada que medie en la arena pública. Pero en esta celebración hay una máxima que describe su esencia: “Más vale que el torero perezca, y no que parezca ser lo que no es”. Y yo no soy saltimbanquis, un acomodadizo para buscar ahora una alianza con Enrique Alfaro, para ir junto con él a buscar la Gubernatura en el 2018. ¡Prefiero perecer!

Es que no se trata de la Universidad, Raúl. No se trata de colores amarillos o naranjas o azules. No se trata de ideologías, ni de subjetividades ni pragmatismos: se trata de mí, de mi persona, de las gentes que me quieren y que me admiran, que me siguen por mi tierno aunque anticuado liderazgo. Desde aquella vez que Alfaro te dio la espalda como Alcalde y declaró a Tlajomulco libre de cualquier influencia tuya; después de decirte mafioso y que eras lo peor que tenía Jalisco, desde entonces inicié una cruzada para despedazar a este farsante. Escribí sendos artículos buscando evidenciar el “cinismo, megalomanía, mitomanía, paranoia e irascibilidad” de este execrable personaje. Incluso en este generoso espacio que hoy escribo, traté, y puse muchas veces todo mi empeño, de advertir el daño que nos ocasionaría ser gobernados por Alfaro.

¡No me pidas ahora que públicamente ande mendigando la atención de este personaje, querido Raúl! ¡Usa a cualquier otro muchachito de nuestro grupo para realizar esta vergonzante e indigna tarea que hoy me pones como reto, Licenciado! Te recuerdo amablemente que pocos con el temple, la capacidad y los arrestos como yo en tu círculo más cercano. Incluso, quizá sólo yo te pueda mirar a los ojos de tú a tú. Sé que por eso no me consideraste para ser Rector de la Universidad, porque preferiste mantenerme ahí como un segundón, me alejaste de mi sino y de cualquier tentación.

Te aprovechaste de la coyuntura López Castro para disminuirme: es cierto, estuve envuelto en ese escándalo de corrupción en el Congreso local; es cierto, fui actor, coordinador de mi fracción, y parte de la junta de coordinación política de la legislatura más corrupta que ha tenido Jalisco.

Ahora entiendo y asumo que por eso me mandaste a la congeladora…

Y ahora entiendo también por qué me reviviste para mandarme encabezar el PRD, un remedo de partido donde no pude ni hacer regidora a Celia en Guadalajara, ni regidor a Enrique en Zapopan. Pero, ¿sabes? El presupuesto que debí invertir en sus campañas me lo gasté en denostar donde se podía la figura de Alfaro: pagué volantes, desplegados, espectaculares para desvelar la tramposa e insana alianza de este personaje con otro panista igual de execrable, el ex Gobernador, Emilio González Márquez…

Y hoy, querido Licenciado, amo y señor de mis voluntades, proveedor del pan que comparto con mis amados comensales, ¡hoy me pides que me ponga mi tierno saquito amarillo para ir a buscar una alianza con el PAN y con MC! Mi saquito amarillo me lo pongo y me lo quito cuando yo quiera, Licenciado, pero ¿qué hago con la estela de amigos, seguidores, seres queridos que han aprendido a quererme y a seguirme por mis inmensos e intransferibles valores?

Estoy viejo, estoy cansado, yo ya peleé mis batallas, Raúl. Ahora sobrerreacciono a cualquier provocación. Ya no sirvo para esto. ¿Cómo voy a negociar ahora con Alfaro a quien le he dicho “voluble”, “demagógico”, “victimista”, “mentiroso”, “intolerante”, “enfermo” y mucho más?

¿Sabes? Yo a ti no te admiro, Raúl, porque soy mejor que tú. Pero admiro al poeta y diplomático brasileño Vinicius de Moraes, autor de Chica de Ipanema y muchas canciones más. Cuando Vinicius encontraba el amor, tiraba todo, dejaba todo atrás para vivirlo. Dejaba hijos, dejaba casa, dejaba esposa, y se iba a seguir a su nuevo amor. ¿Sabes por qué? Porque sentía y vivía como poeta. Por eso te ruego que ya me sueltes, Raúl. Antes de que mates mi poesía…

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