Termina la era Carstens

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Salvador Cosio-08El aún Gobernador del Banco de México (BANXICO), Agustín Carstens, deja su alto y delicado encargo tras finalmente llegar el plazo que se había fijado para retirarse y poder ocupar un encargo internacional. Carstens se quedó en lo que fue una prórroga de permanencia a petición del Presidente Enrique Peña Nieto, ya que inicialmente su salida estaba fijada para consolidarse el mes de julio pasado. Se despidió con una severa advertencia sobre la incertidumbre en torno al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); además, está el señalamiento sobre el ajuste a las tasas de interés a la espera de los próximos pasos de la Reserva Federal de los Estados Unidos, en la que hay nuevo titular.

La llegada del mercader neoyorquino sicofante de la política, Donald Trump, a la presidencia de la primera potencia mundial, no ha sido, al menos hasta ahora, la “película de terror” que pronosticó Agustín Carstens poco después de la victoria de ese payaso lenguaraz impulsado por los radicales republicanos. 

Era diciembre de 2016 y todas las alarmas se dispararon a la vez en México. Once meses después, la economía mexicana no se ha desquebrajado aunque no crece a muy buen ritmo; pero, al menos, sí avanza mucho mejor de lo que podría haberse esperado en el lúgubre final de 2016 e inicio de 2017, y parece que la inflación da señales de haber tocado techo y que ya no seguirá incrementándose.

Pero en el horizonte todavía dibuja Carstens importantes retos. Entre ellos, el aún gobernador del Banxico ha aprovechado su última decisión de tipos de interés al frente del instituto emisor para alertar de los “riesgos” sobre la segunda mayor economía de América Latina. A saber: la “incertidumbre” asociada a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que atraviesa una de sus fases más críticas y que “mantiene en niveles deprimidos la inversión y que posiblemente es una de las causas de la desaceleración del consumo”; y la “volatilidad” aparejada a la reforma fiscal anunciada a bombo y platillo por Trump.

Un año después del jarro de agua fría que supuso el resultado electoral estadounidense, México sigue muy pendiente de los próximos pasos del gobierno del vecino país del norte con sede en Washington. 

Carstens también señaló que “ante el complejo entorno que la economía mexicana está enfrentando, continúa siendo especialmente relevante que las autoridades perseveren en mantener la solidez de los fundamentos macroeconómicos del país”, subraya a través de la junta de gobierno del banco central mexicano. Ésta es capitaneada por Carstens hasta su marcha al Banco de Pagos Internacionales (BIS) el próximo 30 de noviembre; lo dicho es aviso tanto a su posible sucesor como al Gobierno federal que encabeza Peña Nieto, al que llama a ceñirse a las metas fiscales. 

El titular del Banxico aún no tiene relevo al frente de esa institución, que es clave en el manejo de la política económica, aunque se da prácticamente por descartado que el nombre salga de entre alguno de los subgobernadores. En esta lucha, uno de éstos (Alejandro Díaz de León) lleva la ventaja al resto por su cercanía al titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade Kuribreña. En algún momento se pensó que Meade podría ser el sucesor de Carstens, pero ahora está como uno de los favoritos de Peña Nieto en la carrera por convertirse en el candidato del PRI a la Presidencia de la República para los comicios del primero de julio de 2018.

Carstens operó y, en la que quizá pudo ser su última reunión de Consejo al frente del Banxico, cumplió las previsiones, manteniendo los tipos de interés en el 7%, su nivel más alto en más de ocho años. Y dejó la puerta abierta a una nueva vuelta de tuerca en el endurecimiento de la política monetaria. La próxima reunión, programada para diciembre, será ya la primera sin Carstens, personaje que en un momento fue el máximo exponente de la salvaguarda económica de México con etiqueta de indispensable e insustituible; pero todo plazo llega y ya se va, quedando claro que México no sucumbirá por su ausencia. Todo parece indicar que Peña encontró en Luis Videgaray y su equipo, del que Meade es parte fundamental, a su mejor grupo estratega para abordar la economía desde ahora y hacia el futuro, suponiéndose por muchos analistas que es este conjunto de tecnócratas quienes posiblemente se encarguen de la política económica y de la política pública en general en los próximos años, obviamente quedándose con la Presidencia de la República. Al menos ése es el anhelo de los que por ahora dominan al PRI desde los Pinos y pretenden seguir empoderados muchos años más. Salvo lo que diga la sociedad.

México se ha convertido en una rareza en un mundo occidental, donde los países que siguen una pauta inflacionista son la excepción a la regla.

Todo depende del rumbo que tomen los precios y lo que haga la Reserva Federal en el tramo final del presente año; pero si, tal como se espera, en el alto mando de los Estados Unidos optan por subir tasas de interés, todo apunta a que México seguirá sus pasos en una suerte de marcaje al líder. En la última reunión del Consejo del Banco de México, la última presidida por Carstens, se dijo: “La junta de gobierno seguirá muy de cerca la evolución de todos los determinantes de la inflación, en especial considerando el balance de riesgos antes descrito, de cambios futuros en la posición monetaria relativa entre México y Estados Unidos de América”.

Tras una primera mitad del año marcada por una alta inflación, que llegó a tocar el 6.7% en agosto, su máximo nivel en 16 años, en septiembre la gratuidad de algunos servicios tras los terremotos atemperó el aumento de precios. En octubre, según la cifra dada a conocer este jueves por el Instituto de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), éste se quedó en el 6.4%, a este respecto Banxico señaló: “En todo caso, ante los diversos riesgos que siguen presentes, la junta estará vigilante para asegurar que se mantenga una postura monetaria prudente, de manera que se fortalezca el anclaje de las expectativas de inflación de mediano y largo plazo y se logre la convergencia de ésta a su objetivo”. Banxico prevé que los precios cierren el año con un incremento del 6.25%, muy lejos del objetivo que se había fijado por el equipo económico del Gobierno federal que había planteado que quedaría en una cifra de entre el 2% y el 4%. 

Esta tendencia a la baja debería acentuarse, según los cálculos de Banxico, durante gran parte del 2018 hasta el converger con la meta del 3%. Los riesgos son, de nuevo, según el Banco Central del país: “una evolución desfavorable del proceso de negociación del TLCAN que arrastre consigo a la moneda nacional, el peso, y una reacción adversa de los mercados al proceso de normalización de la política monetaria en el vecino país del norte”.

El Banco de México no observa presiones salariales “significativas” que pudieran presionar la inflación al alza, pero sí advierte de los efectos que tendría un incremento del salario mínimo “desproporcionado respecto de la evolución de la productividad”. Gobierno, empresarios y sindicatos han acordado elevar el suelo salarial mexicano —el tercero más bajo de América Latina, pese a ser uno de los países más avanzados de la región—, pero todavía no han cuantificado este incremento. La retribución mínima mexicana está hoy en 80 pesos diarios (menos de cuatro euros), una cantidad a todas luces insuficiente para hacer frente a las necesidades más básicas del día a día. La mayoría de académicos insiste en desligar una subida moderada en esta variable del incremento de los precios, pero Agustín Carstens y su equipo reiteran los avisos.

Termina, pues, la era Carstens, que se va a la Gerencia del Banco de Pagos Internacionales. Ahora a esperar que la transición no genere turbulencias, sobre todo por la inminencia del proceso electoral federal y en varias entidades del país y el que eso conlleve la posibilidad de impacto político en las maniobras y decisiones económicas y financieras, sin dejar de observar que habrá consecuencias por los inciertos resultados de la renegociación del TLCAN y la inminente reactivación de la presencia de México en el acuerdo comercial transpacífico TPP y otros tratados comerciales internacionales. Las autoridades han tratado de provocar confianza y el sector empresarial al parecer está cooperando; en cuanto al sector laboral, no se espera distinto comportamiento de los sindicatos, y en la sociedad en general hay cautela pero acompañada de incertidumbre. Aún falta mucho por ver y sentir en cuanto a las consecuencias de las actuales complejas circunstancias financieras y macroeconómicas de México, que depende de muchos y variados factores.

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