Ambiciones panistas al desnudo

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Alguna vez el Partido Acción Nacional (PAN) fue un partido que organizaba las voluntades de militantes que buscaban enfrentar al autoritarismo priista y cambiar el país, de acuerdo con su doctrina. Ese partido ya no existe, ya se murió. Y desde hace mucho tiempo, más de 20 años, Acción Nacional es una agencia de colocaciones en puestos públicos y trampolín para ambiciosos del poder.

Por eso la pelea entre Ricardo Anaya y Margarita Zavala no debe sorprender. Una parte de la prensa y comentaristas políticos han querido colocar la disputa entre estos dos personajes como una pelea entre un déspota presidente panista y una mujer con larga militancia que representaría la tradición doctrinaria del PAN. No es así, ambos son políticos ambiciosos que usan la doctrina como pantalla para justificar su búsqueda de poder.

Su disputa no implica debate sobre asuntos esenciales del país, tampoco graves disputas ideológicas. No. Su disputa es una pragmática pelea por posiciones de poder público y de beneficios y prestigios personales.

Además, debe notarse que este conflicto de la política del espectáculo, que ha atraído gran cantidad de espacios en los medios informativos, no implica un debate ideológico o político de gran envergadura. ¿Quién conoce una idea política o filosófica interesante de Ricardo Anaya o de Margarita Zavala? ¿Alguno de los lectores recuerda un proyecto de gobierno que apele a las demandas centrales de la sociedad? ¿Se han pronunciado contra la desigualdad en el país, contra la entrega del territorio para la explotación por corporaciones privadas? ¿Han dicho algo contra el desmantelamiento de los servicios públicos esenciales de la nación? ¿Han alzado la voz contra los privilegios de la clase empresarial? ¿Han dicho basta a las desapariciones y la guerra contra la población que vivimos en México? No.

Su discurso se centra en criticar al Partido Revolucionario Institucional (PRI) y la corrupción de gobernantes emanados de ese partido, y lo hacen sin la menor autoridad ética pues emergen de un partido que ha sido parte del sistema político corrupto y antidemocrático que ha gobernado este país desde la alternancia política ocurrida a fines de la década de 1980.

De modo que quien quiera ver una pelea política o doctrinaria de fondo, está viendo otra pelea.

La disputa entre Anaya y Zavala es una vulgar disputa de poder y revela la decadencia y degradación en la que se encuentra Acción Nacional.

Anaya es un joven ambicioso que recuerda el ascenso al poder de Carlos Salinas de Gortari, con toda su estela de traiciones, chantajes y las peores artes de la “realpolitik”. Zavala arrastra la complicidad de justificar el gobierno violento de su marido Felipe Calderón.

Estos son los personajes por los que muchos panistas y de otros partidos se rasgan las vestiduras. Nada tienen en común con los fundadores y militantes panistas que se movían por valores doctrinarios, no por una vulgar disputa de poder.

Al final, este conflicto entre ambos personajes panistas muestra la estatura moral en la que se encuentra Acción Nacional. Y muestra también la crisis del sistema político liberal en México y el fin de los partidos como canales de representación de la sociedad. Su fin no se verá en 2018, pero el ciclo de su extinción ya ha iniciado.

Otras formas y relaciones políticas distintas a las liberales se están construyendo al margen de estas vulgares disputas de poder, como la de Anaya y Zavala.

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