ESTIRE y AFLOJE

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Peña Nieto y Donald Trump.

Peña Nieto y Donald Trump.

MÉXICO SE HA CONVERTIDO EN UNO DE LOS PRINCIPALES PAÍSES EXPORTADORES DEL MUNDO; PERO LAS INDUSTRIAS MEXICANAS HAN TENIDO UN PROCESO PERMANENTE DE AJUSTE 

De todos es sabido que el  Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés) está siendo evaluado y las primeras conclusiones  están enviando un mensaje claro: los desacuerdos a ser dirimidos por Canadá, México y los Estados Unidos no son económicos, sino políticos. 

Contrario a lo que aparenta, la disyuntiva que  enfrenta el comercio global hoy en día, no estriba en la liberación de los mercados frente al proteccionismo de los mismos,  sino en los derechos del capital contra los derechos ciudadanos. Es de reconocer que los tratados comerciales han desequilibrado la relación entre el capital y la sociedad, pues los beneficios se han focalizado a un selecto grupo de empresas que son propiedad de muy pocas familias que se han enriquecido a costa de los beneficios del liberalismo económico. Así pues, hay coincidencia que no es ya apropiado enfocarse en mejorar el balance comercial de cada economía de los integrantes del NAFTA, sino ampliar sus beneficios, aprovechando las oportunidades de cooperación que surgen de la proximidad geográfica de los tres países. Después de haber coincidido en Estados Unidos y México, ahora los representantes de la triada que conforma el NAFTA se reunieron en Canadá para continuar con la tercera ronda de la renegociación de este tratado comercial.

En la reunión se abordaron un total 12 capítulos, entre los que destacaron el intento de eliminar el capítulo 19 de Solución de Controversias Comerciales y el intento de modificar el capítulo 11 en materia de inversión para resolver controversias inversionista-Estado. Además de esto, quedan temas pendientes como la manufactura en el sector automotriz, las reglas de origen y el contenido regional que, por cierto, se manejaron de manera muy contenciosa. México y Canadá han negado tajantemente la posibilidad de que exista una cláusula que revise cada cinco años la vigencia del NAFTA, porque las inversiones que pudieran llegar a esta región correrían riesgo, ya que muy pocos invertirían bajo esas condiciones. Aunque la renegociación del NAFTA está avanzando relativamente rápido, de acuerdo a sus actores, sigue siendo una moneda en el aire para algunos por distintos temas que están sobre la mesa pero que México no podría ni debería aceptar. Si las negociaciones del tratado se guían única y exclusivamente por el interés económico de cada uno de los países que lo integran, se espera que se obtengan buenos resultados para todos; no así, se busca un interés político como lo ha manifestado Donald Trump. La próxima reunión para continuar con esta renegociación se llevará a cabo en Washington del 11 al 15 de octubre. El tema de la renegociación del TLC se ha convertido para Trump en una moneda de cambio para ganar la simpatía de los estadounidenses en lugar de una discusión entre Estados.

Las negociaciones por primera vez registran avances importantes y se espera que Estados Unidos proponga el borrador de un texto sobre empleo, inversión y propiedad intelectual para llegar a los primeros acuerdos. Líderes sindicales de Canadá y Estados Unidos acusan que las leyes laborales más flexibles y sueldos más bajos de México elevan las ganancias corporativas a expensas de los trabajadores de sus países, haciendo del asunto uno de los más disputados de las negociaciones del TLCAN. Funcionarios con conocimiento de la propuesta que presentará Estados Unidos, indicaron que el texto no ofrecerá detalles sobre los sueldos de los trabajadores. Líderes empresariales mexicanos han dicho que los derechos y pagos a los trabajadores son un asunto interno que cada país debe resolver.

Se espera que Estados Unidos dé a conocer parcialmente un nuevo texto sobre modificaciones a un capítulo clave del TLCAN sobre inversión, pero no explicará los cambios en un mecanismo de disputa que permite a un inversor de un país del pacto, demandar a un gobierno miembro sobre la base de que no fue tratado de manera justa.

Xi Jinping con Peña Nieto.

Xi Jinping con Peña Nieto.

El Gobierno de Donald Trump quiere más contenido estadounidense en los automóviles, la principal fuente del déficit de 64 mil millones de dólares con México y de 11 mil millones de dólares con Canadá.

México ha recibido un gran flujo de inversiones norteamericanas, proporcionándole una mayor recepción de capitales y una gran generación de empleos. También se ha convertido en uno de los principales países exportadores del mundo. Sin embargo, las industrias mexicanas han tenido que vivir un proceso permanente de ajuste, enfrentándolo con relativo éxito.

Además, en relación a México hay dos aspectos muy relevantes: los salarios de la industria de exportación están a un tercio de los salarios de sus contra partes en Estados Unidos y Canadá,  y las inversiones masivas del exterior son, virtualmente, todas norteamericanas, lo que, adicionalmente, contribuye a un gran aumento en los beneficios de esas compañías que no se incluyen en los términos de intercambios.

El PIB de México está compuesto aproximadamente en un 60% de exportaciones al bloque, lo que hace de la economía ser bastante dependiente. Asimismo, no puede controlar su participación en los mercados ni en las industrias dado que no hay restricciones a la inversión dentro de sus fronteras. México es quien tiene mayor prisa en cerrar el acuerdo en vista de sus próximas elecciones presidenciales y los cambios que podría traer una nueva dirección para la negociación del NAFTA.

Canadá también ha visto cambios a consecuencia de su participación en el NAFTA y, de igual modo, ha generado muchos empleos y crecimiento a través del aumento del comercio y las inversiones. Ha tenido acceso también a mayores oportunidades comerciales internacionales por formar parte del bloque. Incluso, cerca de un tercio de la economía canadiense depende de las exportaciones a Estados Unidos.

Canadá teme la eliminación de la cláusula 19 que trata de la creación de paneles binacionales e independientes para evitar dumping y cualquiera infracciones al contenido del tratado.

Estados Unidos cuenta con una población de cerca de 323.1 millones, México con 127 millones y Canadá con 36 millones. Los tres países suman un total de alrededor de 486 millones de personas. De esos 486, hay cerca de 350 millones de consumidores, lo que crea un bloque con una gran demanda que facilita y reduce los costos de producción de las tres naciones y ayuda a crear exportaciones a otros países que de otra manera no existirían.

En conclusión, NAFTA tiene áreas que podrían mejorarse porque es conveniente hacer una actualización después de 23 años en ejecución. Sin embargo, será necesaria una actitud abierta y una disposición de ceder hasta que sea una relación ganar-ganar para cada una de las partes. Solo así, se podrá seguir estimulando el comercio, el crecimiento y la inversión, no solo de los miembros, sino internacionalmente. Pensar que algo diferente ocurra, abriría el camino para una debacle en el proceso de globalización que afectaría fuertemente el crecimiento de la economía mundial, lo que alteraría, drásticamente, la generación de empleos y abriría la posibilidad de un crecimiento en las presiones inflacionarias.

De antemano se sabe la opinión de Donald Trump, quien en reiteradas ocasiones ha dicho que el NAFTA ha sido “desastroso” para su país, pero terminarlo representaría un “golpe duro para el sistema”. Por ello ha decidido renegociarlo. ¿De qué dependerá la decisión final? Por supuesto, de la negociación que se realice. Pese a todo, aun se ve espacio para el optimismo. Si bien Trump ha dicho que va por “un mucho mejor acuerdo para Estados Unidos”, lo más probable es que el NAFTA renegociado resulte en mejoras sustanciales para las tres partes, por el simple hecho de que a 25 años de distancia los cambios estructurales en las tres economías han ido de significativos a dramáticos, lo que abre mucho campo para la renegociación. La posición negociadora de México no es débil, como se podría pensar. En principio de cuentas, de acuerdo a especialistas en el tema se pueden demostrar con un vasto conjunto de estadísticas los siguientes hechos: primero, la pérdida de empleos manufactureros en Estados Unidos a partir del año 2001 se encuentra estrechamente relacionada con la automatización en los procesos de manufactura (87%) y con el comercio con China (11%) y con otros factores domésticos (2%) y no con el TLCAN (0.0 por ciento). Segundo, desde la firma del NAFTA en 1993, los empleos en Estados Unidos vinculados al comercio con México crecieron de 700,000 a 4.9 millones. Tres. Desde que entró en vigor el Tratado, el valor del comercio en la región se multiplicó por 6 a razón de 584,000 millones de dólares en el 2015. Y cuatro, México es el segundo mercado de exportación más grande para Estados Unidos, por arriba de Japón, China y Alemania combinados. Como segundo punto, el potencial que ofrece México en sectores productivos que no formaban parte del tratado, porque se encontraban reservados o porque eran irrelevantes hace 25 años, incluyendo comercio electrónico, turismo médico, telecomunicaciones y por supuesto todos los relacionados con el sector energético. Son industrias demasiado atractivas para empresas estadounidenses y canadienses y, por lo tanto, un elemento importante a favor del poder de negociación de México.  Ahora bien, en lo que parece un cada vez más remoto escenario, esto es, el de un proteccionismo a ultranza por parte de Estados Unidos, México cuenta por lo menos con tres fuentes de represalias: Sectores en los que el comercio con Estados Unidos es superavitario con México, como lo son claramente el comercio de granos, oleaginosas y productos pecuarios. El apoyo que México brinda a Estados Unidos en materia de seguridad de la frontera entre ambos países cuyos costos en su mayoría son erogados por nuestro país y el estrechamiento de relaciones comerciales con China. Sobre este punto caben varios comentarios.

Del 2000 al 2013, el comercio bilateral de China con Latinoamérica aumentó 3.3 veces.

Un conjunto de acuerdos firmados entre China y diversos países latinoamericanos constituyen una plataforma para que China duplique su comercio con la región, a un valor anual de 500,000 millones de dólares para mediados de la próxima década. Sin embargo, las relaciones comerciales chino-mexicanas no se han intensificado, a sabiendas de que México es el único país al sur de Estados Unidos ante el que Washington se alarmaría de contar con una fuerte presencia china. De acuerdo con algunas fuentes periodísticas, se dice que fue directamente la Casa Blancala que instó al gobierno de México a alejarse de las inversiones chinas en proyectos de energía e infraestructura y que como resultado de esta persuasión se canceló el proyecto del tren de la Ciudad de México–Querétaro que lideraba un consorcio chino. Esta buena disposición del gobierno mexicano hacia Estados Unidos no valió de nada para Donald Trump. Una consecuencia evidente de esto es que México vendió en diciembre del 2016, ya electo Trump, a una empresa petrolera china un acceso a dos masivos campos de petróleo de aguas profundas en el Golfo de México. En Washington saben que si presionan de más a México o peor aun, si en un arranque de Donald Trump se da por desmantelado el NAFTA, China sería el más feliz pues podría de lleno llegar a través de nuestro país a Norteamérica y afianzar sus alianzas en el resto del continente, lo que no sería nada bueno para nuestro vecino país del norte, pero quizá para nosotros sí. Los salarios en China se han triplicado en la última década. El salario promedio por hora en la manufactura china es de 3.60 dólares. Durante ese mismo periodo, los salarios de manufactura por hora en México han caído a 2.10 dólares. Hoy en día, China puede ver a México como un país en donde invertir, no sólo en infraestructura, sino incluso en instalaciones de manufacturas pues dichas condiciones laborales ya no las puede encontrar en su propio país, por lo que la variable China será determinante en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio que no han dejado se ser hasta ahora un estire y afloje.

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