Una de Alfaro, Aris, Peje y Kumamoto

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Juan-Carlos-Partida-03-03-300x200-2Los trapitos al sol que vino a sacar Andrés Manuel López Obrador sobre lo que sucede en la grilla de Jalisco mostraron varias rajitas de canela que, aunque todos hemos visto a la intemperie asoleándose en su fulminante esplendor, pocas veces son señaladas por la “opinión pública” jalisciense tan enredada en la compra de publicidad oficial que realizan los gobiernos estatal y municipales, en esa sacrosanta dualidad “lópezportillista” de pago para que no me peguen.

“Hoy viene en el periódico, estoy leyendo de que cesaron al presidente del Congreso de Jalisco (Miguel Ángel Monraz), se pusieron de acuerdo Aristóteles y Alfaro y destituyeron al presidente el Congreso. Estamos hablando de un golpe de Estado técnico y rudo también, totalmente un acto antidemocrático, aunque el que estaba de presidente y fue destituido sea del PAN, no me importa, fue un acto autoritario”, dijo López Obrador, en la conclusión de su gira por el estado en la cual visitó siete municipios.

Afirmó que el acuerdo entre los amigos (quienes suelen compartir el pan y la sal desde antes de llegar a sus puestos actuales) es tan oneroso contra la democracia que le parecía inconcebible cómo los diarios y noticieros jaliscienses sólo lo han tocado, los que lo han hecho, de refilón y sin destacarlo como sería de esperar por la ciudadanía.

“Sabemos que el periódico Reforma (Mural en el caso jalisciense) está ahora de promotor del llamado frente opositor, pero estas cosas se tienen que saber, no es posible que se cometan estos actos autoritarios y no se diga nada”, agregó.

Un día antes, el primero de su gira, también señaló que Morena no hará pacto alguno en Jalisco con Enrique Alfaro a quien calificó de “demagogo, falso y no cumple lo que ofreció a la gente”, además que criticó que ahora el alcalde tapatío ande en alianza “con los políticos corruptos” y lanzó la estocada que tanto dolió a los compillas de tener ese acuerdo en lo oscurito.

“Alfaro es un simulador, no tiene principios, ideales, es un politiquero, lo que les estoy diciendo lo pueden investigar, tiene alianzas con Aristóteles, con Salinas y con Fox, y con esa maleantada, no es una gente seria”, enfatizó.

Ni Alfaro ni Aristóteles quedaron contentos, obvio. El primero dijo que no descalificaría a López Obrador (aunque terminó haciéndolo) y que lamentaba sus calificativos, pero nada habló de cómo en 2012 relegó la supuesta alianza que tuvo con el Peje atraído por el canto de sirena de Emilio González y demás panistas chaqueteros.

Aristóteles fue más burdo y, valentón él, dijo que a Jalisco no vendrá (como si pudiera prohibirlo) un López Obrador a tratar de desestabilizar la vida pública estatal y lo retó a que demostrara que lo que dice es real (como si hiciera falta ante las evidencias de alianza política y la falta de personajes que puedan hacer frente desde el PRI a Alfaro).

La alianza fáctica de Aristóteles con Alfaro no sólo viene de una voz independiente como la de López Obrador, con todo lo que Morena Jalisco tenga también que padecer de imposiciones y manejo partidista a la vieja escuela, lo cual es innegable.

Ese acuerdo también la hizo notar Pedro Kumamoto, el aspirante a senador y primer diputado independiente de Jalisco, quien dijo en una entrevista para la revista electrónica Dossier Político (una nota que por cierto ya no está en sus archivos) que bastaba echar una mirada a los acuerdos legislativos entre el PRI y MC para corroborar cómo los factótum de ambos partidos en la entidad mascaban del mismo lado, aunque en el teatro político buscan inútilmente hacer tonto al votante y en realidad sólo lo logran con el tío Lolo.

Es evidente que Aristóteles, uno de los jaliscienses mejor informados, sabe lo que el 2018 depara políticamente en las elecciones.

Quisiera con toda seguridad que un priista le sucediera en el cargo, pero el pragmatismo es un ave de alas muy anchas bajo a cuya sombra prefiere cobijarse y mejor transar, pactar o acordar (como prefieran mis amables cinco lectores) con quien todo indica será el próximo gobernador, para así evitar que el siguiente gobierno estatal pudiera llamarlo a cuentas a él o a sus más cercanos colaboradores.

Así ha pasado siempre y no tendría por qué variar en un régimen donde el cobijarse los unos a otros ha alcanzado en los sexenios recientes su expresión de impunidad más depurada, como lo demuestra el propio priista Aristóteles, quien le ha dado al panista Emilio (pese a que apoyó a Alfaro como candidato a gobernador) un colchón blando y con soporte lumbar para que viva su retiro político con total tranquilidad en su casa de Guadalajara o en el chalet playero que compró en la Riviera nayarita.

Y como es natural entre los que carecen de ética, la cuota de impunidad en los casos de la transición política se comienzan a pagar de antemano, porque después ya no se puede y habría que atenerse a las temidas consecuencias.

Por eso la voz independiente de López Obrador -con todos sus bemoles partidistas internos, innegables y detestables en Jalisco- o de Pedro Kumamoto, deben ser oídas y tomadas muy en cuenta por los votantes.

Son voces que dicen lo que está a la vista: son lo mismo PRI, MC, PAN o PRD.

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