EUROPA en la MIRA

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Un nuevo atentado en Londres.

Un nuevo atentado en Londres.

ES EL QUINTO ATENTADO ESTE AÑO EN REINO UNIDO

Otra vez en Londres. Otra vez el miedo, terror y zozobra; y es que la nota que le ha dado la vuelta al mundo en solo cuestión de segundos ha sido el reciente atentado terrorista en un tren de la estación Parsons Green, en el sudoeste de la capital británica, que dejó de primer momento más de una veintena de heridos graves y otro tanto más de lesionados cuya condición de salud se reportó como estable, entre ellos varios niños.

La policía confirmó que fue un “atentado terrorista”. El modus operandi de los perpetradores ha sido el de un mecanismo similar a una “olla de presión”, es decir, un objeto cargado con químicos, que detonó “parcialmente” en el último de los vagones del subterráneo, según fuentes de la policía terrorista británica. En Parsons Green, el tren se encuentra en la superficie en ese tramo y eso evitó una tragedia similar a la de los atentados en los subterráneos en Londres antes.

La policía se volcó de inmediato a una amplia operación de búsqueda del responsable o responsables del atentado “terrorista” ocurrido en el metro de la capital británica, que oficialmente ha sido catalogado como la explosión de un artefacto casero en un convoy que cubría en hora pico la línea District Line (verde) a la altura de la parada Parsons Green, en el suroeste de la ciudad.

Afortunadamente, el explosivo no detonó completamente. Un elemento que ayudará a la policía en la investigación.

A pesar de lo aparatoso, no hubo ningún herido de extrema gravedad, según los servicios de emergencia, pero la mayoría de los lesionados tienen quemaduras. El Servicio Nacional de Salud (NHS) ha informado de que 29 personas han sido atendidas en hospitales, aunque ninguna en peligro de muerte. La mayoría de los heridos, según la policía, sufre quemaduras por la “bola de fuego” que se produjo y que han descrito los testigos, mientras que el resto tiene cortes o magulladuras producidas al tratar de huir del lugar.

Lo que si se logró fue el propósito que siempre lleva implícito este tipo de actos, generar miedo; hacer sentir temor y terror.

La primera urgencia fue el temor de que existieran otros explosivos en otras líneas, lo que afortunadamente no sucedió.

El ataque fue asumido una vez más por el Estado Islámico a través de la agencia de noticias Amaq, vinculada al grupo que lidera Abú Bakr al Baghdadi. Es el quinto atentado perpetrado en el Reino Unido este año, el primero sin víctimas mortales, lo que llevó a la primera ministra británica, Theresay May a elevar el nivel de alerta de severo a crítico, el más grave de una escala de cinco.

“Londres, el corazón del territorio de los cruzados”. Es la denominación que los propagandistas del autodenominado Estado Islámico (ISIS) dedicaban a la capital británica en uno de los últimos números de Rumiyah, la revista multilingüe del declinante califato. Desde principios de este año hasta cuatro ataques reivindicados por los yihadistas han golpeado la capital. El ISIS está perdiendo el que fuera su territorio en Irak y Siria. Perpetrar atentados en el exterior se ha convertido en un mecanismo para compensar sus derrotas y mantener viva su historia de éxitos.

En la noche previa al terror que transitó las inmediaciones de la estación de metro de Parsons Green, partidarios de ISIS en el continente asiático publicaron imágenes amenazando con nuevos ataques en Londres. En las imágenes, uniformados del califato aparecen con el fondo del Parlamente británico devorado por las llamas junto a la enseña de la organización.

El mes pasado, además, la revista Inspire editada por Al Qaeda en la Península Arábiga instaba a sus seguidores a atacar trenes, principalmente logrando su descarrilamiento. Este ataque es único y marca una dirección totalmente nueva en la estrategia de ISIS porque hasta ahora tanto los atentados de los llamados lobos solitarios como aquellos dirigidos por la organización implicaban el suicido de los atacantes o al menos su eventual captura. Este nuevo ataque no solo permite escapar a los agresores y los fabricantes de las bombas sino que, además, pueden mantenerse incluso a salvo y en el anonimato.

Pero no solo es Londres, es Europa entera la que se ha cimbrado en los últimos años a consecuencia de haber sido blanco de los principales atentados terroristas. Para muestra hay que recordar que España se vistió de luto la mañana del 11 de marzo de 2004, cuando 10 explosiones sacudieron cuatro trenes repletos de gente en Madrid y sus alrededores. Aquel atentado, el mayor sufrido en suelo europeo, dejó 192 muertos y, casi, 1,500 heridos.

El grupo terrorista Al Qaeda se atribuyó la autoría de la masacre en una carta publicada en el diario Árabe ‘Al Quds”. Los terroristas aseguraron que se trataba de un “ajuste de cuentas con España, el cruzado y aliado de Estados Unidos en su guerra contra el Islam”.

La primera bomba estalló a las 07:39 horas en la estación de Atocha.

Tan sólo un año después de los atentados de Madrid, la ciudad de Londres (Reino Unido) fue golpeada en su red de trasportes. Era el 7 de julio de 2015. Artefactos explosivos estallaron, sin previo aviso, en tres estaciones de metro y en un autobús a primera hora de la mañana causando la muerte a 52 personas e hiriendo a otras 700. Al Qaeda se atribuyó su autoría en un comunicado en Internet.

El 12 de diciembre de 2010 en Estocolmo, un coche bomba estalló en plena calle causando heridas leves a 2 personas. El autor material del tentado se inmoló posteriormente.

El 18 de julio de 2012 en Bulgaria, un atentado terrorista se produjo en el aeropuerto de Burgas (Este de Bulgaria). 9 personas fallecieron, 7 de ellos eran turistas israelíes.

El 22 de mayo de 2013 en Londres, en plena calle, 2 hombres, armados con cuchillos, acabaron con la vida de un soldado al grito de “Alá es grande”.

A principios del año 2015, en París 2 terroristas de Al Qaeda armados con fusiles de asalto entraron en las oficinas de la revista satírica Charlie Hebdo. En su interior vaciaron varios cargadores y emprendieron una fuga a pie que dejó un reguero de 12 personas muertas.

Posteriormente, fueron abatidos por la Policía. Solo días después, en la capital francesa, una mujer policía moría a consecuencia de en un tiroteo cerca de la Puerta de Chatillon. Más tarde 7 personas, 4 de ellas rehenes del supermercado parisino de Hyper Cacher, morían en la capital francesa.

En febrero de 2015 en Dinamarca, un Centro Cultural de la capital danesa vivió momentos de terror cuando un terrorista yihadista efectuó dos ataques que dejaron un balance de 2 personas muertas y 5 heridos. Al día siguiente el atacante caía abatido por la Policía.

En de noviembre de 2015 la capital francesa volvía a ser el blanco de la ira terrorista. Una cadena de ataques coordinados y simultáneos teñía de sangre las calles parisinas. El ataque comenzó a las afueras del estadio de Saint Denis mientras jugaba la selección francesa, y se extendió por varias calles de una zona de restaurantes. Esa noche se produjo la emblemática masacre del Teatro Le Bataclan, donde un grupo de hombres armados tomó rehenes y abrió fuego en medio de un concierto. El plan fue llevado a cabo por tres equipos de yihadistas del Estado Islámico. Murieron 120 personas.

En marzo de 2016 dos explosiones se produjeron en el interior del aeropuerto de Bruselas, en Bélgica, y una más en una estación de metro. El balance: 30 muertos y 200 heridos. El atentado fue reivindicado por el Estado Islámico.

En Junio de 2016 una pareja de policías caía asesinada cuando un yihadista de origen francés perpetró el crimen cerca de la casa de los agentes, a unos 50 kilómetros de París.

Un mes después, en Niza, durante el aniversario del Día de la Toma de la Bastilla, un hombre embistió con un camión contra la multitud en el Paseo de los Ingleses en Niza, cuando miles de personas paseaban despreocupadas. El atropello masivo causó 84 muertos. El Estado Islámico volvió a reivindicar el ataque.

En diciembre de 2016 en Berlín, antes de Navidad, de nuevo, un camión arrollaba a una multitud. Esta vez en un mercadillo navideño, hubo 12 muertos y 48 heridos. El estado Islámico se responsabilizó  del atropello.

En marzo de este año en Londres, el terrorista Khalid Masood atropelló a varios peatones en el puente de Westminster. 5 de ellos fallecieron. Posteriormente, el atacante fue abatido por efectivos policiales. El Estado Islámico fue el responsable de los hechos.

Manifestantes se solidarizan por los atentados al diario Charlie Hebdo.

Manifestantes se solidarizan por los atentados al diario Charlie Hebdo.

Un mes después, en San Petersburgo, un artefacto explosivo estallaba en una estación de metro de la ciudad rusa. El atentado sucedió cuando el terrorista, oriundo de Kirguistán, depositó una bomba en uno de los vagones del tren. La explosión dejó un saldo de 14 personas fallecidas. La policía descubrió un segundo artefacto en otra estación que finalmente no llegó a estallar.

Ese mismo mes, pero ahora en Estocolmo, otro camión arrollaba a una multitud en una de las calles principales de la capital sueca. En el incidente fallecieron 2 personas y otras 15 resultaron heridas. Rajmat Akilov, supuesto autor de los hechos, fue detenido, y continúa en prisión tras declararse culpable de lo ocurrido.

Días después, la famosísima Avenida de Los Campos Elíseos, se teñía de sangre cuando un policía murió tiroteado por un terrorista del estado islámico. Posteriormente, el autor de los hechos caía abatido por la Policía.

El 22 de mayo de 2017 durante un concierto de la artista juvenil Ariana Grande, dos explosiones tuvieron lugar en el Manchester Arena.  La deflagración dejó un balance de 22 muertos y más de 50 heridos. Muchas víctimas eran menores de edad.

El 17 de agosto de este año en Alcanar, una explosión, causada por una “fuga” de gas, dejaba 1 muerto y 7 heridos en una casa de dicha localidad. Posteriormente se conoció que éste hecho estaría relacionado con los atentados producidos en la ciudad de Barcelona. A las 17:00 horas del mismo día,  una furgoneta irrumpía en plenas Ramblas y arremetía contra la multitud. El acto terrorista dejó 13 muertos y más de un centenar de heridos. Dentro de la misma operación, en la madrugada del 17 a l 18 de agosto, la ciudad costera de Cambrills conocía el terror cuando fueron abatidos 5 presuntos terroristas que planeaban repetir el atentado acaecido en Las Ramblas.

Hace escasas horas se ha sabido que la policía británica detuvo este sábado a un joven de 18 años en relación con el atentado de la estación de Parsons Green del metro de Londres. La policía considera que la detención es “significativa” y supone un gran avance en la investigación, que sigue abierta y que implica el despliegue de agentes por todo el sureste de Inglaterra. Horas después, han evacuado y registrado un domicilio en la localidad de Sunbury, a unos 20 kilómetros al suroeste de Londres.

En tanto, el Gobierno británico ha aumentado el grado de amenaza terrorista a “crítico”, el más alto en la escala y que significa que hay riesgo de atentado “inminente”, según ha anunciado la primera ministra Theresa May. “La gente verá más policía armada en el transporte público y en nuestras calles, brindando protección adicional”, ha explicado May.

La decisión de subir el nivel de amenaza, según el Gobierno, ha sido tomada por el Centro de Análisis Conjunto de Terrorismo, compuesto por representantes de 16 departamentos del Gobierno y con sede en las oficinas de los servicios secretos MI5. La última vez que Reino Unido se encontró en el nivel de alerta crítico fue después del atentado en el Manchester Arena, este mayo. Se mantuvo 4 días.

Y así, mientras el mundo se volcó en mensajes de solidaridad para con el pueblo británico, Donald Trump, volvió a hacer de las suyas en lo que se ha convertido su principal canal de comunicación, un tuit del presidente de Estados Unidos, en el que insinuaba que las autoridades británicas ya tenían bajo vigilancia al responsable del ataque de este viernes en el metro de Londres ha sido recibido con estupor y críticas en Reino Unido, donde hasta la primera ministra, Theresa May, ha instado a no “especular”. En su polémico mensaje, Trump condenó el ataque cometido por un “terrorista fracasado” y añadió: “Son personas enfermas y dementes que estaban bajo la mirada de Scotland Yard. ¡Hay que ser proactivos!”. En un segundo ‘tuit’, instó a ser “más duros” con los terroristas y combatir la expansión del yihadismo a través de Internet. Un portavoz de Scotland Yard citado por la cadena BBC ha tachado los comentarios de Trump de “poco útiles” y ha aclarado que se trata de “pura especulación”. En este sentido, ha instado a la ciudadanía a ponerse en contacto con las autoridades si tienen alguna información en relación al suceso ocurrido este viernes en la estación de Parsons Green. La polémica acrecienta las críticas del uso que EE UU está dando a información reservada sobre terrorismo, que Reino Unido comparte con Washington en virtud de un acuerdo. En los ataques en el Manchester Arena de mayo pasado, en los que murieron una veintena de personas durante un concierto de Ariana Grande, también hubo quejas tras filtrarse a los medios estadounidenses datos sobre la investigación.

Trump también aprovechó para llevar agua a su molino y es que tras el atentado, insistió de nuevo en defender su veto migratorio, destinado a restringir la entrada a EE UU de todos los refugiados y los nacionales de seis países de mayoría musulmana, y aseguró que debería ser “mucho más amplio, duro y específico”.

Hay que recordar que el veto migratorio de Trump entró en vigor parcialmente a finales de junio e impide durante 120 días el ingreso a Estados Unidos de refugiados y, durante 90 días, el de ciudadanos de seis países de mayoría musulmana.

Ahora, regresando a lo ocurrido en Londres hace unos días, vale la pena destacar que el artefacto explosivo improvisado, oculto en un cubo de plástico blanco, contenía la conocida como “madre de satán”, peróxido de acetona o TATP, una sustancia altamente explosiva que puede ser manufacturada a partir de productos de uso doméstico y cuya preparación figura en los manuales divulgados por el ISIS y sus secuaces en las redes sociales.

Su rastro aparece, además, en los atentados de Manchester y Bruselas y en la casa de Alcanar usada por la célula yihadista que firmó los ataques de Barcelona y Cambrils el pasado agosto.

Como sucedió en Parsons Green, presuntamente fue la falta de pericia de los terroristas la que evitó una tragedia mayor en la capital catalana. El ISIS se apropió el viernes de la embestida a pesar, incluso, de que el dispositivo acabó fallando. En las conversaciones posteriores, los seguidores del grupo en las redes sociales se jactaron de que, si hubiera funcionado, la bomba “habría hecho pedazos Londres”.

A juicio de expertos en yihadismo, la reivindicación de un intento fallido solo puede entenderse como “un movimiento desesperado” del ISIS, necesitado de notoriedad. “Podría ser parte del aprendizaje de alguien que está tratando de fabricar bombas. Pero si se repite la acción, estaríamos ante un nuevo nivel de ataques en Europa”.

Reino Unido se enfrenta al riesgo que supone ser uno de los países europeos con mayor número de combatientes en las filas del ISIS. Según los servicios de inteligencia británicos, alrededor de 850 nacionales han viajado a Siria e Irak para enrolarse en grupos yihadistas. Más de un centenar de personas han sido condenadas en los últimos años por su vinculación con el grupo extremista, y si bien este reciente atentado no dejó estela fúnebre, si a logrado uno de los objetivos primordiales de ISIS, generar terror.

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