La extinción del PRD

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Ruben MartinOcurre en cada ciclo de elección presidencial. Los partidos y facciones de la clase política profesional, se alborotan, se alteran y se aceleran; todo con el propósito de que el siguiente ciclo de legitimación les permita seguir con alguna tajada de poder.

Esto es lo que ha ocurrido apenas al iniciar septiembre, un reacomodo mayor de las fuerzas políticas.

Lo más destacable para el juego y calendario de la política liberal-profesional es que terminaron por delimitarse las facciones que se disputarán las elecciones en 2018.

Por un lado, Morena (y su mini aliado Partido del Trabajo) y su obvio y único candidato Andrés Manuel López Obrador, en el PRI y sus aliados paleros y menores (Panal, Encuentro Social y eventualmente el PVEM) y su probable candidato José Antonio Meade, y la conformación del Frente Ciudadano por México entre el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, con la postulación de un candidato panista (Ricardo Anaya o Margarita Zavala) o alguien de la sociedad civil.

De este modo se están realineando y reconfigurando las fuerzas políticas y aspirantes a la presidencia de la república para 2018. En este reacomodo, algunos ganarán y otros perderán, o se extinguirán. Eso es lo que, creo, le ocurrirá al Partido de la Revolución Democrática (PRD) en todo este reacomodo.

Como se sabe, el PRD es producto del poderoso movimiento social-popular que derrotó al PRI en las elecciones presidenciales de 1988 y que luego del macro-fraude que impuso al priista Carlos Salinas de Gortari, se decidió a conformar un partido para disputar el poder por la vía electoral. El PRD se convirtió, así, en el principal partido de la izquierda electoral.

Con la candidatura de López Obrador disputó la elección de 2006 (en la que se impuso fraudulentamente al panista Felipe Calderón) y en 2012, cuando se impuso al priista Enrique Peña Nieto.  López Obrador dejó el PRD y se embarcó en impulsar el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Desde entonces los dirigentes de del sol azteca se han distinguido por ser los principales críticos del presidente de Morena. Su empeño en cuestionar y criticar a López Obrador se ha convertido en el objetivo principal de Los Chuchos, la corriente dominante en el Sol Azteca, al grado de preferir establecer alianzas con corrientes políticas antagónicas como Acción Nacional (PAN), todo para intentar evitar que el dirigente de Morena tenga oportunidad de ganar la elección presidencial.

Es así que debe entenderse la confirmación del Frente Ciudadano Democrático entre el PRD, PAN y MC. Esta coalición de fuerzas se he conformado, dicen sus dirigentes, no sólo con fines electorales sino como un frente político para la transformación del país. No creo que haya algún ingenuo que les crea.

Como si alguien pudiera creer que el PAN pueda ser una fuerza transformadora.

En los últimos 30 años, el PAN ha sido una fuerza política que le ha prestado enormes servicios al PRI y al Estado para recomponerse y para reorganizar el capitalismo mexicano en un sentido neoliberal. Gracias a esa alianza con el régimen, Acción Nacional empezó a ganar gobiernos estatales y la presidencia en el 2000 y en 2006. Acción Nacional pudo “ganar” dichas elecciones con el apoyo del PRI. Y en sus gobiernos, el PAN impulsó políticas neoliberales en lo económico y conservadoras en lo social. Esa es la fuerza con la que se aliará el PRD.

En la conformación del frente ciudadano el PRD es el partido que más saldrá perdiendo pues no tiene la fuerza política para imponer a un candidato presidencial. Al final, Los Chuchos apuestan por evitar que López Obrador gane y tener espacios (puestos públicos, huesos) en un eventual gobierno de este frente. Eso marcará la extinción del PRD como partido político referente de la izquierda electoral, y con fuerza propia, y pasará a convertirse en un partido de la chiquillada, satélite del PAN. Es la extinción electoral del PRD, su extinción ética hace tiempo que ocurrió.

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