Financiamiento y crisis de los partidos

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Es curioso que el año cuando el nivel de aceptación a los partidos políticos tradicionales está en su punto más bajo, estos tendrán el financiamiento público más alto de su historia. Esta paradoja, rechazo social-mayor dinero público a los partidos, es en sí misma un claro reflejo de la crisis del sistema político mexicano.

Como se sabe, el viernes 18 de agosto el Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó la bolsa a repartir entre los partidos el próximo año, cuando habrá elección federal: se aprobaron 4,200 millones de pesos (mdp) para gasto ordinario y 2,100 mdp para gasto de campaña. En total se aprobaron 6,778 para los institutos que controlan monopolizan la representación política.

Además de este dinero federal a los partidos, localmente se asignarán 5,130 mdp más de parte de los institutos electorales locales, según estimaciones del portal Animal Político. En total, los partidos recibirán 11,904 mdp para 2018.

Las cifras históricas de costo del sistema electoral y de partidos son de escándalo. Entre el año 2000 a 2015, el presupuesto público federal para mantener el sistema electoral (INE, tribunal electoral y Fepade) ascendió a 186,151 mdp, cifra que superará los 200 mil mdp si sumamos los presupuestos de 2016, 2017 y 2018.

En tanto, en ese mismo periodo los partidos políticos han recibiendo un financiamiento público de 54,728 mdp. Con las cifras hasta 2018, el dinero a los partidos rondaría los 70 mil millones de pesos, según estudios de la Cámara de Diputados.

Esto confirma lo que se ha dicho muchas veces: que el sistema político electoral mexicano es uno de los más caros del mundo. El subsidio electoral que el Estado mexicano entrega es superior al monto que reciben todos los sistemas electorales de América juntos, incluidos Estados Unidos y Canadá.  De acuerdo al libro Política, dinero y poder. Un dilema para las democracias de las Américas, elaborado por un equipo bajo mandato de la Organización de Estados Americanos (Fondo de cultura Económica, 2011), en 2006 solamente en México se destinaron 382.5 millones de dólares, mientras que los partidos políticos de Argentina, Bolivia, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Perú, República Dominicana y Uruguay recibieron en conjunto 337 millones de dólares. Después de México, el país que más subsidio electoral entregó es Estados Unidos con 135.7 mdd.

A su vez,  la Fundación Internacional para los Sistemas Electorales y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), consideró al de México como el segundo más caro del planeta, solo detrás de Camboya.

Un estudio del CIDE (en el 2010), concluyó que el costo por elector en el país era de 17.24 dólares, contra 94 centavos de costo por elector en trece países latinoamericanos.

Es un mundo de dinero, un mundo de dinero que se despilfarra para mantener a una casta política que, otra paradoja, es responsable de decisiones de políticas que afectan a la mayoría de la sociedad mexicana con su producción de leyes o decisiones en los gobiernos. Y por si fuera poco, una parte del financiamiento público a los partidos termina en manos de miembros de la clase política que muchas veces son protagonistas de sonados casos de corrupción.

Todo esto habla de la disfuncionalidad de este sistema político y de la excrecencia que es el costoso sistema electoral y de financiamiento público a los partidos. Tenemos el sistema electoral más caro del mundo, y a la vez uno que premia en lugar de castigar la corrupción. Es intolerable que en un país de tantas necesidades sociales, mantengamos un sistema electoral y de financiamiento a partidos tan oneroso. Solamente el presupuesto federal a partidos (6,778 mdp) podría pagar la construcción de ocho hospitales regionales o pagar 1,300 escuelas con costo de cinco mdp cada uno (según ejercicio de la revista Expansión).

Si se preguntara a la mayoría de la sociedad si preferiría seguir manteniendo este sistema electoral y de partido o mejor destinarlo a construir escuelas u hospitales, no habría duda de la respuesta. Es tiempo de terminar con este sistema político que no sirve a la sociedad.

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