TRUMP, TERCO Y LERDO

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Trump

“No creo que podamos llegar a un acuerdo”, sostuvo Trump hace unos días sobre el TLCAN.

MIENTRAS TRUMP SE VALE DE UN DISCURSO EN EL QUE MÉXICO ES EL MAYOR BENEFICIADO CON EL TLCAN, EL PROBLEMA ES MÁS COMPLEJO

Otra vez el terco y lerdo Donald Trump y otra vez la burra al trigo. El xenófobo sicofante de la política ha vuelto a las andadas y cual si estuviera en campaña aun, a fuerza de tuitazos amaga otra vez a nuestro país.  “Dado que México es una de las naciones más criminales, tenemos que tener el muro. México lo pagará a través del reembolso u otro método”, ha tuiteado Donald Trump.

En otro tuit Trump se ha referido al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC). “Estamos en proceso de renegociación con México y Canadá el peor acuerdo comercial jamás concluido. ¿Lo abandonaremos dada su dificultad?”, ha preguntado.

 “No creo que podamos llegar a un acuerdo”, dijo hace unos días el mandatario durante un discurso en Phoenix, Arizona. “Por ello creo que, probablemente, acabaremos con el NAFTA (por sus siglas en ingles) en algún momento”, concluyó.

Anteriormente, Estados Unidos, Canadá y México iniciaron por pedido de Trump negociaciones sobre la actualización del acuerdo, implementado en 1994.

Siendo candidato a la presidencia, Trump arremetió contra el TLC y otros acuerdos de libre comercio, argumentando que los mismos socavaron los trabajos de manufactura de los trabajadores estadounidenses.

El Tratado de Libre Comercio que Donald Trump quiere renegociar ha estado en vigor desde el primero de enero de 1994. El objetivo, cuando se firmó, fue integrar la zona económica que componen Canadá, Estados Unidos y México.

En ese entonces, la economía de México venía integrándose de manera muy intensa a la economía de Estados Unidos, de tal manera que las corrientes de intercambio ya habían alcanzado prácticamente los niveles que conocemos en la actualidad. Y ya también en los procesos de reformas económicas del inicio de los años 80 se había negociado la entrada de México de lo que todavía era el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) y ahora la Organización Mundial del Comercio.

Entonces, los estudiosos más especializados consideran que la firma del Tratado de Libre Comercio, con Carlos Salinas de Gortari, formalizó lo que se venía dando ya de hecho. Y en ese sentido no constituyó un cambio tan importante en las relaciones que se venían dando.

El caso de Canadá no es exactamente circunstancial, pero ya existía el acuerdo entre Canadá y Estados Unidos. México se incorporó en esta relación entre dos países. Pero realmente, desde el punto de vista de la economía mexicana, lo trascendental es la formalización de las relaciones de libre comercio con Estados Unidos.

La integración ya se estaba dando desde antes, pero el volumen, definitivamente sí se desarrolló de manera exponencial. Las corrientes de intercambio han crecido muchísimo; más de 10 veces de lo que tradicionalmente venía siendo en ese entonces.

Ahora respecto a lo que dice Trump, en términos de los gastos, efectivamente, México ha sido ganador pues ha tenido un gran superávit comercial con los Estados Unidos. Pero, no ha de olvidarse que los grandes beneficiarios del TLC en nuestro país son empresas transnacionales, y particularmente el TLC se creó para propiciar una plataforma de expansión mediata de la industria automotriz norteamericana.

Entonces, sí ha sido un saldo favorable para México entre comillas, pero los grandes ganadores son los exportadores. Y, de origen, de manera muy importante, son transnacionales norteamericanas.

El Tratado de Libre Comercio es muy importante para el modelo económico de México. Al final de la década de los 70, con el gobierno del Presidente José López Portillo, la economía mexicana había potenciado o desarrollado un modelo dependiente del petróleo. La explotación del petróleo era la base de todo el desarrollo económico en nuestro país, bajo los términos de la industrialización sustitutiva de importaciones. Con la crisis de 1982, se derrumbó, no solamente el Estado, sino también el modelo de industrialización original. Y, de ser una economía cerrada y exportadora de petróleo, México vino a convertirse en una economía exportadora de manufacturas. Y justamente lo que hace el TLC es abrir el espacio para que pueda desarrollarse este nuevo modelo económico. A diferencia de la mayoría de los países latinoamericanos, México es una economía emergente exportadora de manufactura. Así, el TLC abrió un horizonte de expansión económica importante que, por razones internas, no ha sido traducido en tasas de crecimiento muy importantes. México ha tenido un crecimiento lento por más de 30 años. Entonces, específicamente el TLC sí le abrió ese horizonte para un nuevo modelo económico.

Por otro lado, Estados Unidos también se ha beneficiado enormemente del TLC, porque algunos estados, sobre todo del sur, −Texas particularmente o California− han sido ampliamente beneficiados por los intercambios y han creado muchos empleos. En la teoría, lo que se espera de una relación comercial basada en el libre cambio es que se vayan aproximando las economías, o sea, se vayan reduciendo las asimetrías −en términos proporcionales en lo que refiere al tamaño de la economía, del ingreso per capita, de los salarios, etc. En pocas palabras, se espera que se reduzca la brecha que existe entre las economías. Y, en los hechos, esa brecha no solamente no se ha cerrado, sino que se ha amplificado. Estados Unidos está ahora más lejos de la economía mexicana y en ese sentido el TLC les ha beneficiado enormemente. Lo que pasa es que el gobierno de Estados Unidos actual, solamente se fija en el comercio, pero no en todos los aspectos colaterales.

Con respecto a México, el TLC ha sido benéfico para grandes empresas, la mayoría de las cuales son transnacionales. Eso ha significado para nuestro país una especie de proceso de desindustrialización respecto a pequeñas y medianas empresas. Una enorme cantidad, −cientos, sino es que miles− de empresas mexicanas, pequeñas y grandes, han desaparecido porque no han tenido la capacidad de incorporarse a este espacio del sector exportador. Ya unos años antes había sucedido en el campo. El campo, que ha logrado convertirse en exportador agropecuario ha sido ampliamente beneficiado, no así aquellos sectores que no se pudieron adaptar a la lógica del mercado y de las exportaciones. Entonces  el efecto benéfico en términos muy generales es para el comercio exterior de nuestro país, para las empresas exportadoras, pero no así para la mediana y la pequeña industria y para ciertos sectores del campo. Es ahí donde también tenemos parte del problema.

La otra cuestión es que las empresas mexicanas  no se han logrado eslabonar con las empresas exportadoras como ha pasado en otros países. Las empresas exportadoras no producen todo solas. De hecho, insumos y partes las producen otras empresas que se eslabonan con ellas en la cadena de valor para obtener el beneficio final.

Mientras Donald Trump se vale de un discurso en el que México es el mayor beneficiado con el Tratado de Libre Comercio, el problema es más complejo. Sí, México cuenta con un superávit comercial mayor. Sin embargo, su economía ha tenido un crecimiento más lento que el de los países vecinos del norte y las empresas que más se han beneficiado son las extranjeras que invierten en el país. Además, las asimetrías en la región se pueden observar con los salarios de los trabajadores. Los contrastes entre salarios de las personas que laboran en Estados Unidos, México y Canadá son notables. El salario mínimo de Estados Unidos en 2016 se promedió en $1,256.7 dólares al mes; en Canadá fue de $1,504.6 dólares al mes; y en México fue de $96.77 dólares al mes.

Algo es real, en esta negociación nuestro país es el rival más débil, debido a la dependencia que ha forjado con Estados Unidos, nación que, ponderará la opinión de Canadá. México está obligado a diversificar su comercio, disminuir la histórica dependencia del mercado estadounidense, y quizá hasta escapar o cuando menos alejarse del campo gravitacional geopolítico estadounidense, como por cierto ya no lo han hecho otros países latinoamericanos.

El TLC, en vigor desde el 1 de enero de 1994, implica una vasta zona de libre comercio de 478 millones de habitantes integrada por Estados Unidos, México y Canadá. El acuerdo, precedido en 1989 por un tratado de libre comercio entre Canadá y Estados Unidos, ha retirado gradualmente la mayoría de los aranceles a los bienes de origen certificado. También ha eliminado las barreras a la inversión, permitiendo a las empresas instalarse más fácilmente en los demás países.

En 2008 se eliminaron por completo los últimos aranceles aduaneros, aunque algunos bienes mantienen excepciones, como la madera, motivo recurrente de conflicto entre Canadá y Estados Unidos.

Con la eliminación de los aranceles, el comercio agravó los desequilibrios entre México y Estados Unidos, con la ventaja para los tres países de tener mayores volúmenes de exportación y creación de empleo.

En los primeros 15 años del acuerdo, se crearon cerca de 40 millones de empleos, entre ellos, 25 millones en Estados Unidos, según datos del TLC.

US President Donald Trump speaks during a meeting with US House Committee Chairmen about healthcare reform in the Roosevelt Room of the White House in Washington, DC, March 10, 2017. / AFP PHOTO / SAUL LOEBSAUL LOEB/AFP/Getty Images

Donald Trump.

Entre 1993 y 2016, las exportaciones de México a Estados Unidos aumentaron más de siete veces, y por lo menos tres veces a Canadá.

La balanza comercial de Estados Unidos con México pasó de un superávit de mil 600 millones de dólares antes del TLCAN, a un déficit de más de 64 mil millones, según cifras oficiales estadounidenses.

Estados Unidos es el principal socio comercial de México, que envía a su vecino del norte el 80 por ciento de sus exportaciones, esencialmente bienes manufacturados y productos agrícolas.

Canadá es a su vez el mayor cliente y proveedor de energía de Estados Unidos. El comercio entre ambos países se duplicó por este acuerdo.

Según datos estadounidenses, en 2016, el comercio entre Estados Unidos y Canadá alcanzó los 635 mil millones de dólares.

Canadá compra más productos a Estados Unidos que los que importa en conjunto de China, Japón y Reino Unido (267 mil millones de dólares contra 234 mil millones).

En 2016, las importaciones estadounidenses de bienes canadienses ascendieron a 313 mil millones de dólares. El excedente comercial de bienes y servicios de Estados Unidos con Canadá fue de 8 mil millones.

Estados Unidos es el principal inversor en Canadá (con la mitad de todas las inversiones en 2015). Unos nueve millones de empleos estadounidenses dependen del comercio y la inversión con Canadá. México pudo crear puestos de trabajo con el TLCAN y recibir gran cantidad de empresas estadounidenses y canadienses, como las automotrices y aeronáuticas, pero su riqueza creció más lentamente que la de sus socios.

El producto interno bruto per cápita de México se multiplicó por 1.6 entre 1993 y 2015, según el Banco Mundial, pero este indicador de crecimiento se ha más que duplicado en Estados Unidos y Canadá.

Con un PIB per cápita de alrededor de 9 mil dólares en 2015, México sigue muy por detrás de Canadá (43 mil 300) y Estados Unidos (56 mil 115).

Existen probabilidades de que Estados Unidos abandone el TLCAN, pues Trump no dará marcha atrás en su discurso de reducir el déficit de 60 mil millones de dólares anuales que Estados Unidos tiene con México.

Las posibilidades de que Estados Unidos abandone el Tratado son de más del 10 por ciento porque reducir el déficit Donald Trump lo colocó como un elemento central en su campaña, y en esta coyuntura donde está usando todo para consolidar su base política. No ha sido poca cosa el que haya condenado al radicalismo de los neonazis de la ultraderecha blanca nacionalista. Es capaz de pagar el precio de que se salgan de su Consejo Empresarial y de su Consejo Sindical los representantes antes que dar marcha atrás en su discurso y ponerse en mal con la parte dura de sus seguidores.  Aquí hay una contradicción durísima: México compite con EUA no con tecnología, no con las cosas más avanzadas del mundo, sino con una fuerza de trabajo mal pagada, incluso la mejor pagada es mal pagada para estándares norteamericanos, incluso los obreros que trabajan en las plantas automotrices. Se dijo ahora en estos días que hay que aumentar el salario mínimo; la iniciativa privada dijo no. El poder mexicano frente al norteamericano es muy pequeño, estamos en una negociación asimétrica, y donde el otro (Trump) ya dijo que no va a aceptar que sigan las cosas como están, quiere decir que lo único que se está negociando es cuánto va a perder México.

México no tiene mucho con qué competir, por lo que si sale del TLC, a la larga se librará de una cadena porque el país se desindustrializó por la vía del Tratado de Libre Comercio:

Probablemente tendríamos que repensar el modelo en una época como la del 2017, donde ya aumentan las críticas al modelo neoliberal en América Latina, en Europa y hasta en Estados Unidos, porque de alguna manera Trump está siendo crítica del modelo neoliberal.

Esperemos que la demagogia no le haga daño a la negociación, pero si Trump se mantiene al margen del equipo negociador, el equipo negociador tiene condiciones para con libertad obtener lo que mejor se pueda para su país, y al mismo tiempo obtener lo que mejor se pueda para el conflicto de la economía. Ahora, si la necedad y la estupidez se impone, ocurrirá lo que siempre pasa con la necedad y la estupidez: caeremos todos al barranco.

Trump, tiene que demostrar que ganó en la negociación, y ya lo dijo de una manera tan clara que uno se pregunta si los negociadores mexicanos están tontos o se hacen tontos y si saben lo que hay detrás de eso. Ya dijo que el déficit de 60 mil millones de dólares anuales es inaceptable, que se tienen que encontrar las condiciones para que el superávit mexicano disminuya, y que en eso simplemente no puede dar marcha atrás. Podrán medio disfrazarse las cosas, pero no hay mucho campo para negociar eso, pues es central para Trump”.

Ahora por otro lado, qué caso tienen las negociaciones si todo apunta que al final del día será Trump, y posiblemente por medio de un Tuit, quien desbarate el TLC; aunque en el fondo no es así de sencillo porque ciertamente de seguir las negociaciones el resultado podría ser que no se llegó a ninguna negociación y eso también es válido, luego entonces tendría que hacerse una denuncia ante la Organización Mundial del Comercio de que uno o dos, o los tres países ya no están de acuerdo en continuar con el tratado y vendría entonces un largo proceso de desarticulación del mismo, algo así como lo que está sucediendo con el Brexit británico, tramites que por lo menos llevarían más de medio año para apenas ajustar la salida. Algo debe quedarnos claro a los mexicanos, no somos los mismos de 1994 y con toda certeza, países como China o la propia Unión Europea serían los primeros apuntados para tratar con México y tener así la vía libre para llegar a América sin el freno estadounidense que hoy se aplica para evitar la expansión de esos mercados en nuestro continente.

Es triste lo que sucede al sur de los Estados Unidos, donde parece que la naturaleza le está dando una bofetada de realidad  a Donald Trump, el soberbio magnate al que le vale un pepino el calentamiento global y todos los asuntos de sustentabilidad y equilibrio ecológico, pues es justamente la indiscriminada acción humana la que provoca fenómenos como los que ahora mantienen en áreas de desastre importantes ciudades norteamericanas, como Houston por ejemplo, donde el implacable huracán Harvey desafortunadamente ha siniestrado gravemente. Lástima que Trump no estaba  ahí, gran favor le hubiera hecho el meteoro al mundo con llevárselo al paso.

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