INMADURA IMPOSICIÓN

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La oposición sostiene que es una “farsa” mantener a Maduro en el poder.

DESDE 1989 HASTA EL DÍA DE HOY, ES EL PRIMER PROCESO ELECTORAL EN EL QUE HAY FALLECIDOS POR REPRESIÓN POLICIAL

Cuando aún no había terminado el domingo ya se podía hablar de una de las jornadas más duras desde que el pasado 1 de abril empezara la nueva ola de protestas en Venezuela. Solo entre sábado y domingo el Ministerio Público había contabilizado diez muertes. A esas se suman varias más en diversos puntos del interior del país, aún por confirmar por la Fiscalía, que podrían elevar la cifra a más de una docena.

A primera hora del domingo, las calles de Caracas parecían sacadas de un ‘set’ de grabación de ‘The Walking Dead’. Restos de barricadas, basura, algunas pequeñas hogueras aún humeantes, todo cerrado, apenas nadie en la calle y los restos de una lluvia copiosa que se mantuvo toda la noche. En algunas zonas del oeste la gente hacía fila para votar, pero no con la afluencia de costumbre entre el chavismo, ni siquiera comparada con el simulacro hecho el pasado 16 de julio, el mismo día en que la oposición hizo su consulta popular.

Venezuela se encuentra sumida en una grave crisis política desde que el Tribunal Supremo de Justicia intentara asumir los poderes del Parlamento, controlado por la oposición, que calificó este movimiento de “golpe”. El Tribunal dio marcha atrás, pero la crisis no se cerró y las posturas se radicalizaron. Ejecutivo y Legislativo están enfrentados, como lo están chavistas y antichavistas. Ambos citan la Constitución como su fuente de legitimidad.

En la ola de protestas iniciada en abril han muerto 113 personas, tanto chavistas como antichavistas y policías.

Los venezolanos fueron llamados a las urnas este domingo, 30 de julio, para elegir una Asamblea Constituyente que reescriba su Carta Magna. La convocatoria ha provocado la división radical entre el Gobierno de Nicolás Maduro y la oposición, que ha intentado bloquear la convocatoria por todos los medios disponibles.

El Capítulo III de la Constitución Bolivariana de Venezuela prevé el mecanismo para convocar una asamblea constituyente para “transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”.

La iniciativa para su convocatoria compete al presidente (como ha ocurrido en este caso), a la Asamblea Nacional, a los Consejos Municipales o a los electores (un 15%).

La asamblea, con 545 escaños, tendrá poder para reescribir la Constitución y, lo que parece más importante en el momento actual de crisis política, sustituirá al actual parlamento, controlado por la oposición.

La Carta Magna establece también que “los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente”. La oposición asegura que esto daría el poder absoluto a una mayoría pro-chavista y a Maduro. El presidente ha amenazado a algunos políticos con ser detenidos en cuanto se constituya la asamblea.

Maduro asegura que la elección quiere traer la paz, devolver el poder al pueblo y oponerse al “imperialismo“.

La oposición, por su parte, asegura que es una farsa para mantener a Maduro en el poder. Sostienen que el Gobierno ha roto el “hilo constitucional” al no reconocer a la Asamblea Nacional e intentar despojarla de sus atribuciones.

La ONU emitió este viernes un comunicado en el que pedía a Maduro que respetara el derecho de manifestación de los venezolanos, a la vez que instaba a la oposición a permitir que las elecciones de este domingo se desarrollaran de manera pacífica, algo que no sucedió.

La oposición acusa a Maduro de imponer un “fraude constitucional” y de utilizar la reforma de la constitución para garantizar la permanencia del oficialismo en el poder en medio de un creciente descontento popular, y lograr el control del Congreso y de la Fiscalía General que están enfrentadas contra el gobierno.

En un intento por boicotear el proceso la coalición realizó el 16 de julio un simulacro de consulta en el que 7.5 millones de venezolanos rechazaron la reforma de la constitución.

La elección generó temores por un mayor caos y violencia. Muchos se abastecieron de alimentos para estos días y miles cruzaron la frontera hacia Colombia.

Estados Unidos pidió a sus diplomáticos sacar a sus familias de Venezuela, tras lo que el gobierno de Maduro lo acusó de hacer creer que el país está “al borde de una guerra”.

Canadá recomendó a sus ciudadanos evitar viajar a este país y salir a los que ya están; mientras que aerolíneas de diversas partes del mundo han cancelado sus vuelos hacia Caracas.

La Constituyente cuenta con apoyo del máximo tribunal, del poder electoral y de los militares, a quienes Maduro ha dado gran poder político y económico.

Según analistas, el rechazo a la Constituyente afecta su legitimidad, por lo que el gobierno movilizó a sus bases buscando evitar la abstención, tras los 7.5 millones de votos que la oposición asegura logró en el plebiscito simbólico que hizo hace dos semanas contra esa iniciativa.

Pero debido al método de elección, que combina sufragio por territorios y sectores sociales, 62% de los 19.8 millones de electores pudo votar dos veces, lo que dificultará el cálculo de participación, y es que el poder electoral flexibilizó los requisitos de votación, permitiendo a los electores sufragar en cualquier centro de su municipio, ante “amenazas” de la oposición.

El voto del presidente de Venezuela marcó el inicio de una jornada histórica para el país. Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, depositaron su voto para las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) arrancando así oficialmente en todo el país los comicios que tienen como principal objetivo conformar un nuevo constituyente que pueda reformar al antojo de Maduro la constitución venezolana. Lo hicieron a las 06:05 de la mañana -hora local-, en el Colegio Miguel Antonio Caro, en Catia.

Venezuela llega a estos comicios, en los que no participará la oposición y pese al rechazo de buena parte de la comunidad internacional, en medio de una oleada de protestas que inició el pasado 1 de abril y ha dejado 109 muertos, cientos de heridos y casi 5,000 detenidos. La elección de la ANC instituiría un órgano que tendrá poderes ilimitados para reformar el Estado y cambiar el ordenamiento jurídico.

Desde iniciada la jornada, varios agentes policiales dispersaron con gases lacrimógenos y perdigones a los vecinos que protestaban en dos zonas de El Paraíso, localidad del oeste de Caracas, pese a la prohibición del Gobierno sobre la organización de manifestaciones. Desde que la oposición tomó el control de la Asamblea Nacional en las elecciones de diciembre de 2015, el Ejecutivo de Maduro no ha dejado de invalidar toda actuación de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) desde este organismo.

En el camino hacia este 30 de julio, la oposición ha buscado todas las vías para desautorizar la convocatoria de la Constituyente y mostrar su rechazo a una reforma que daría a Maduro luz verde para llevar a cabo modificaciones políticas de mayor calado. Uno de estos gestos de rechazo fue la consulta popular que convocó para el pasado 16 de julio con el objetivo de que el Gobierno de Maduro viera con toda claridad la oposición a la nueva Asamblea. Tres preguntas —si se estaba de acuerdo o no con la ANC, el papel de las fuerzas armadas y la renovación de los poderes del Estado– a las que contestaron más de 7.6 millones de venezolanos.

Si bien para el Gobierno fue “ilegal”, el acto de consulta culminó con un aplastante 98.4% de los participantes rechazando la formación de la Asamblea Nacional Constituyente.

Violencia, tensión y contradicciones: esos son los elementos que han marcado la jornada electoral a la ANC en Venezuela, con al menos cinco muertes de manifestantes confirmadas por la Fiscalía, un candidato a la Asamblea Nacional Constituyente asesinado a tiros y un agente herido tras la explosión de tres motos de la Policía en una protesta en Caracas.

El líder opositor Julio Borges, sin embargo, eleva la cifra de manifestantes muertos a una docena. Una versión que contrasta con el más reciente reporte de las autoridades venezolanas, que garantizan que las elecciones a la ANC transcurren con normalidad y que los hechos violentos reportados están “solventados” y “bajo control”.

Protestas contra Maduro.

Protestas contra Maduro.

Así lo ha establecido la presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, en una rueda de prensa en la que se han identificado “focos de violencia” en Táchira y en puntos de votación en el estado de Mérida, así como la destrucción de un centenar de máquinas de votación; todos actos de violencia electoral, sin que se haya hecho referencia a los disturbios entre los manifestantes antichavistas y las fuerzas de seguridad que se vienen registrando desde la madrugada local del domingo. Para las autoridades, además, que tienen el máximo interés en afirmar que la jornada ha sido un éxito, la participación está siendo “satisfactoria”.

La oposición afirma lo contrario: según Borges, apenas ha votado el 7% de los registrados en el padrón electoral, 1.3 de los 31.5 millones de venezolanos. “Pero el Gobierno va a decir que votaron 8.5 millones de electores”, ha afirmado en una rueda de prensa.

A Nicolás Maduro le va mucho en ello. La semana pasada, en un encuentro con sus partidarios frente al Palacio de Miraflores, declaró: “No podemos optar entre vencer y morir, necesario es vencer”, parafraseando al general José Félix Ribas, uno de los padres de la patria venezolana.

El mandatario venezolano sabe que, si no consigue consolidar su mandato mediante la redacción de una nueva constitución, acabará siendo derrocado, por las urnas o por las barricadas. Y es consciente de que, con los opositores al mando, él y los demás líderes del chavismo tienen un negro futuro por delante. Por eso su Gobierno se ha embarcado en este salto adelante, al vacío incluso.

La oposición también sabe que este paso es crítico, por lo que han redoblado la apuesta. En consecuencia,  esta ha sido la jornada más violenta de la historia reciente de Venezuela. El Ministerio Público de Venezuela (Fiscalía) ha confirmado ya la muerte de cinco manifestantes: Marcel Pereira, en una marcha del sábado en Chiguará; Ricardo Campos, esta madrugada en Cumaná (Sucre); de Ángelo Méndez y Eduardo Olave, cuyos cuerpos aparecieron tras un tiroteo en una escuela de Mérida, y de Luis Zambrano, que ha perdido la vida de un disparo en la cabeza en el estado de Lara. Pero ya horas antes de que los venezolanos acudieran a las urnas, perdía la vida el abogado José Félix Pineda, candidato a la ANC de 39 años de edad. De acuerdo con el Ministerio Público de Venezuela, el candidato se encontraba la madrugada del domingo en su domicilio junto a familiares y amigos “cuando dos personas portando armas de fuego irrumpieron en el lugar, sometieron a los presentes y los despojaron de sus pertenencias”.

El suceso ocurrió horas antes de que comenzaran las elecciones a la ANC, aunque la noticia ha trascendido más tarde. Al abogado “lo dejaron en la sala de la casa” y posteriormente le descerrajaron varios disparos “que le causaron la muerte de manera inmediata”, detalló el Ministerio Público en su nota. La muerte del jurista, que ocurrió en el sector Brisas del Sur Tres de Ciudad Bolívar, será investigada por la fiscalía 4 del estado Bolívar, según la fuente. Pineda Marcano era candidato a la ANC por el sector Comunas. Los candidatos al nuevo organismo son afines al oficialismo en tanto que la oposición no participa por considerar que se trata de una convocatoria fraudulenta.

en otro hecho, un agente resultó herido tras la explosión de tres motos de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en las inmediaciones de una protesta ciudadana en la plaza de Altamira de Caracas, sin que por el momento se conozca la causa. La detonación se produjo al paso de una columna de policías motorizados, en medio de una marabunta de centenares de personas reunidas para rechazar la votación.

Ya el pasado 10 de julio un incidente similar atribuido a un artefacto casero causó heridas a siete guardias.

La oposición venezolana pretendió impedir un proceso que ve como un intento de consolidar una dictadura en el país, y llamó a movilizaciones en Caracas y cortes de calles masivos en todo el país para exigir a Maduro que la retire. Pero el Gobierno prohibió expresamente la celebración de manifestaciones para evitar que los comicios se vieran afectados, por lo que las votaciones se consumaron, restando saber aun con exactitud la participación electoral y el futuro que vendrá después de esta imposición.

Por lo pronto ya se especula que países encabezados por los Estados Unidos de América buscan pegarle a Maduro en la parte más sensible, en el petróleo, tristemente en esa cruenta batalla que lidiaran los más perjudicados serán como siempre los habitantes y el pueblo en general.

Ahora en Venezuela hay decenas de heridos y muertos. Desde 1989 hasta el día de hoy, es el primer proceso electoral en el que hay fallecidos por represión policial.

En las filas de los centros de votación, también algo que, junto a la poca afluencia, no es usual: desinformación. Gente que no tenía claro por quién votar y que tampoco perfilaba los motivos para hacer una Constituyente. Para acabar con la impunidad, frenar la guerra económica, acabar con la crisis, que haya medicinas. Los motivos son tantos como problemas en el país.

A primera hora del lunes, han llegado los datos: el Consejo Nacional Electoral de Venezuela ha anunciado que 8,089,320 de personas participaron en las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente. La cifra fue dada por la presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, que ha informado además de que esa cifra corresponde al 41.53% del censo electoral, en el que están inscritas cerca de 19.5 millones de personas. La oposición -que no participó en el proceso- ha calificado de fraude los comicios, y ha asegurado que solo un 12% del censo ha acudido a las urnas este domingo.

De todos modos, no habrá modo de verificar los resultados. No hay observadores internacionales y, al final, es un proceso donde solo hay candidatos del chavismo. La oposición se negó a participar, al considerar ilegítimo e ilegal este proceso, y no reconocerá los resultados. El proceso es del chavismo y con el chavismo.

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