EN PICADA

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Trump en su toma de protesta.

Trump en su toma de protesta.

SPICER ERA YA UN FRANCO OPOSITOR A LAS IDEAS DE TRUMP EN ASUNTOS DE PRENSA; SU RENUNCIA DESATÓ UNA CAÓTICA ESCENA EN LA SALA DE PRENSA DE LA CASA BLANCA

No pudo aguantar más la presión, y ya sea por berrinche o por ser orillado a cometerlo, el portavoz de la Casa Blanca Sean Spicer, en la administración Trump renunció la semana pasada.

Ha trascendido de manera importante que al parecer Spicer se va debido a que no está de acuerdo con el nombramiento del nuevo director de comunicaciones de la Casa Blanca, el financista neoyorquino Anthony Scaramucci. Y este es un punto importante, ya que durante la gestión de este hombre como encargado de la vocería de Donald Trump, simpre hubo una relación ríspida con los representantes de los medios de comunicación, y si bien no tan atropellada como la propia que sostiene Trump, si enturbiada por declaraciones inexactas e incluso por mentiras en afán de hacer quedar bien a su jefe, el Presidente, que a final de cuentas conseguía siempre lo contrario, exhibirlo y ridiculizarlo.

Las conferencias diarias de Spicer con los reporteros se habían convertido en algo casi obligado para ver por televisión hasta hace unas semanas, cuando adoptó un papel más bien discreto, tras bambalinas. La subsecretaria de prensa Sarah Huckabee Sanders prácticamente se ha hecho cargo de las conferencias diarias, lejos de las cámaras.

Spicer pasó varios años encabezando las comunicaciones en el Comité Nacional Republicano antes de ayudar a Trump en la elección general. Es cercano al secretario general de la Casa Blanca Reince Priebus, quien a su vez fue presidente de dicho comité y a varios colaboradores de bajo rango en el área de comunicaciones de la presidencia.

Priebus ha dicho a varios medios de comunicación que apoya “100%” a Scaramucci a pesar de que se supo que había rumores de que trataba de evitar que el financista obtuviera varios cargos en la administración y que más bien a ese cargo aspiraba el propio Spicer.

Se espera que Scaramucci tenga un papel visible como uno de los defensores de Trump en televisión, pero Spicer y otros funcionarios cuestionaron su contratación como director de comunicaciones antes de que el presidente busque reformar el sistema fiscal y otros temas políticos. De hecho, los rumores de pasillo, esos que han sido hasta ahora como la sombra de Trump, porque lo siguen a todas partes, apuntan a que Spicer era ya un franco opositor a las ideas de Trump en futuros asuntos de prensa.

La renuncia de Spicer desató una caótica escena en la sala de prensa de la Casa Blanca: los periodistas se reunieron cerca de un pasillo buscando más detalles de su salida.

La labor de Spicer tuvo un comienzo difícil. En su primer día en el puesto, arremetió contra los periodistas por criticar la asistencia a la inauguración presidencial y abandonó la sala de prensa sin responder preguntas.

El vocero también llegó a tener debates feroces frente a cámara con los reporteros y se volvió parte de la cultura e incluso fue parodiado por Melissa McCarthy en el programa “Saturday Night Live” de NBC. La actriz retrataba a Spicer como una figura hostil que atravesaba la sala de prensa con un podio móvil con el que arrollaba a la prensa.

La experiencia de Spicer como portavoz se remonta a los años en que lideraba la comunicación del Comité Nacional Republicano, que después abandonó para acompañar a Trump en su aventura presidencial.

Spicer no tuvo momentos fáciles. Desde el primer día se enfrentó a los periodistas, siguiendo la línea dura de Trump contra la prensa.

Su manera de reaccionar ya ha levantado sospechas entre la prensa local. Se especula que es posible que las aspiraciones de Spicer fueran precisamente ocupar el puesto que hoy el magnate le ofreció a Scaramucci, un cargo cuyas funciones estaba ejerciendo el exportavoz de forma interina desde que Mike Dubke renunciara al puesto hace dos meses. De hecho, Spicer nunca ha sido alguien en quien Trump confiara ciegamente. Durante su campaña electoral, el multimillonario neoyorquino veía en Spicer a un hombre más leal al partido republicano que a él.

Su renuncia es la segunda dimisión a la que se enfrenta Trump: horas antes lo había hecho su abogado de confianza, Marc Kasowitz, y el portavoz de éste, Mark Corallo, que abandonaron el equipo legal que defiende al mandatario ante la investigación del Departamento de Justicia sobre los presuntos nexos de su campaña con el Kremlin.

Kasowitz conoce a Trump desde hace décadas y ha representado al mandatario en litigios con sus exesposas, así como en el caso de fraude por los cursos sobre negocios inmobiliarios de su extinta universidad y, además, su firma le ayudó a reestructurar su deuda cuando sus casinos entraron en bancarrota. Por eso Trump pensó en él para integrar el equipo legal que le defiende en la investigación sobre la injerencia rusa, una pesquisa que inquieta al mandatario por el alcance que está tomando.

Con la marcha de Kasowitz, cuyos motivos no han trascendido, ahora integran el equipo legal Ty Cobb, Jay Sekulow y el renombrado John Dowd. Según The New York Times, a Trump le gustaba “el estilo directo y agresivo de Kasowitz, pero no se ajustaba a esta delicada investigación criminal con carga política”. Con Kasowitz también se fue Corallo, el portavoz del equipo, cuyos motivos tampoco han sido hechos públicos pero que, según medios locales, discrepaba de la estrategia de los abogados de desacreditar al equipo de fiscales que la lidera, incluyendo al fiscal especial Robert Mueller.

Trump no solo está buscando limitar el impacto de la investigación y los presuntos vínculos con Rusia, mediante una estrategia de desligitimación de la acusación. Además, está pensando ya en posibles indultos para los implicados, incluyendo a miembros de su familia y entorno cercano.

Los abogados que trabajan para Trump elaboran una lista con posibles conflictos de interés en el equipo de Mueller con el objetivo de apartarlos de la pesquisa o bien de menospreciar los resultados que presenten.

Ahora bien, en el caso del vocero, será Sarah Huckabee Sanders la nueva portavoz y secretaria de prensa de Donald Trump, en sustitución de Sean Spicer.

De 34 años e hija de Mike Huckabee, quien fue gobernador de Arkansas (estado tradicionalmente republicano), comparte el estilo agresivo y desafiante de su predecesor, pero con una actitud más diplomática.

Sanders ha asumido en las últimas semanas mayor protagonismo en detrimento de Spicer, que ha pasado a un segundo plano in­clusive antes de tener que renunciar.

La nueva vocera trabajó como asesora de la campaña de Trump después de que su padre se retiró de la carrera electoral. Mantiene una relación muy cercana con su progenitor, en términos políticos, con el que habla cada día, y fue él quien la adentró en el mundo de la política. Por ese motivo es más adecuado considerarla todavía como un apéndice de Huckabee y no como una dirigente con vuelo propio, o alguien directamente del equipo Trump. Trabajó en la campaña del exgo­bernador en 2008, cuando tampoco pudo lograr la candidatura republicana.

Sanders se mudó a Washington durante el Gobierno de George W. Bush para trabajar para el Departamento de Educación.

Después creó con su marido una consultora para asesorar a políticos en campañas presidenciales y del Senado. A partir de ahora, tendrá sin duda la prueba de fuego en las grandes ligas al frente de la vocería de un gobierno que está haciendo desmoronar poco a poco a la Casa Blanca.

El ex portavoz de la Casa Blanca, Sean

El ex portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer.

Ahora bien pese a los recientes escándalos suscitados en el vecino país del norte y aún con la duda sobre la manera en que pudo haber intervenido el gobierno ruso en las recientes elecciones presidenciales que llevaron a Donald Trump a ser el inquilino en turno de la Casa Blanca, Estados Unidos cuenta con un sólido sistema democrático, avalado por un proceso de “controles y equilibrios” entre los tres poderes del Gobierno, sin embargo cada vez es más frecuente la advertencia de expertos, que  los tropiezos de Trump y la manera en cómo está dirigiendo a la nación más poderosa del orbe podrían agilizar una crisis constitucional.

El temor a que el país se acerque al abismo de un colapso de credibilidad institucional aumentó hace días luego de que, según el diario The Washington Post, el equipo legal de Trump explora formas de restringir o desvirtuar la investigación y credibilidad del fiscal especial, Robert Mueller, sobre la presunta injerencia de Rusia en las elecciones de 2016, lo que a todas luces sería gravísimo. El objetivo de esta cruzada en favor de los dichos e interés de Trump es buscar posibles conflictos de interés de Mueller, o de los investigadores asignados al caso, para restar contundencia a las investigaciones. Bajo los reglamentos del Departamento de Justicia, Mueller podría ser retirado del cargo si se demuestra que tiene conflictos de intereses que afectan su labor. Trump, la Casa Blanca y aliados republicanos en el Congreso insisten en que el mandatario no ha hecho nada malo, que las filtraciones sobre los presuntos vínculos con Rusia son “noticias falsas” y que, en general, estas investigaciones son una “cacería de brujas” para manchar su nombre y torpedear su agenda política. Parte de su molestia con Mueller, según se ha sabido por filtraciones, es que el exdirector de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), quiere ampliar sus investigaciones y revisar el historial de declaraciones de impuestos de Trump. Según The New York Times, los abogados del presidente rebuscan entre los casos y clientes pasados de la docena de fiscales que integran el equipo y analizan las donaciones que algunos hicieron en el pasado a políticos demócratas. Andrew Weissmann, por ejemplo, exfuncionario del Departamento de Justicia y experto en crímenes financieros y fraude, donó para varios políticos, entre ellos el expresidente Barack Obama. De acuerdo con estos rotativos estadounidenses, que citan fuentes conocedoras de la cuestión bajo condición de anonimato, Trump está disgustado con el rumbo de la pesquisa, que no solo está investigando la presunta injerencia rusa, sino también las finanzas y los negocios que hizo el magnate antes de llegar a la Casa Blanca.

El propio Trump aireó su malestar por ello en una entrevista recientemente. Uno de los abogados de Trump, Jay Sekulow, ha señalado que tanto el presidente como su equipo legal trabajarán para que la investigación no se desvíe de su foco, la injerencia rusa. Entre los negocios que estaría investigando Muller está la venta en 2008 de una mansión en Palm Beach (Florida) a un oligarca ruso por 95 millones de dólares, una transacción que según Sekulow “está muy alejada del alcance de una investigación legítima”. Pero lo grave no termina ahí en la posibilidad de echar toda la fuerza de la administración para mermar la investigación y desacreditarla, al parecer, Trump también ha expresado curiosidad sobre el alcance de sus poderes presidenciales para perdonar a asesores, familiares, e incluso a sí mismo, en conexión con la investigación, es decir, exonerarse a sí mismo, lo que seguramente también desataría un airado debate entre detractores y afines al magnate. Hasta donde se sabe por lo menos en época reciente no hay precedente para que un presidente “se perdone” a sí mismo, como se ha dicho sería una de las pretensiones de Trump.  La Constitución otorga al presidente el poder de indultar “por ofensas cometidas en contra de los Estados Unidos”, aunque nunca antes un mandatario lo ha utilizado en su propio beneficio.

Preguntada al respecto, la nueva portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, afirmó que Trump tiene los mismos poderes para emitir perdones presidenciales que sus antecesores, pero “no hay anuncios ni planes de hacer anuncios en ese frente en absoluto”. “El presidente no tiene nada que ver con ninguna de las acusaciones que se han hecho, creo que es algo que él ha sostenido. Él quiere que (los investigadores) completen su proceso tan pronto como sea posible, para superar lo ridículo de todo lo que tiene que ver con los rusos, la fiebre por Rusia”, enfatizó la portavoz. Fiebre a la que sin embargo Trump abona cada que puede, pues sus elogios hacia Rusia y su admiración a Putin los ha dejado de manifiesto cada que puede. En tanto que el nuevo director de comunicaciones de la Casa Blanca, Anthony Scaramucci, no ha querido hacer declaraciones relacionadas con Rusia porque, según explicó, no están en su área de influencia, y no ha recibido una guía del equipo legal sobre lo que puede o no puede comentar. Cinco comités del Congreso también investigan si hubo colusión entre la campaña electoral de Trump y el gobierno de Moscú, de tal forma que le ayudasen a vencer a su rival demócrata en la contienda, Hillary Clinton. Donde no hay vuelta atrás es en el hecho de que Donald Trump está buscando limitar el impacto de la investigación sobre los nexos entre su campaña presidencial y el Kremlin, con una estrategia para deslegitimar el equipo de fiscales y por si algo no le sale bien, buscaría también el auto indulto.

 

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