La transición y la canasta básica

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Ruben MartinEl pasado 2 de julio se cumplieron 17 años de la derrota del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de la república y la consecuente victoria del panista Vicente Fox Quesada. Según muchos politólogos y opinadores, esa fecha y la alternancia de partido en el poder nacional es el momento que marca la llamada transición a la democracia en México.

La idea y narrativa de la transición a la democracia, que fue comprada prácticamente por todo el espectro de partidos profesionales (de derecha a izquierda), pensaba que la fuente de los males del país era el autoritarismo priista y la falta de democracia. Se asumía la idea, muy en boga en el mundo en la última década del siglo XX, que luchar por una “transición democrática” era un paso previo a alcanzar la “consolidación democrática” que supuestamente tenían las naciones con capitalismo más avanzado. No era el paraíso, pero nos acercaría a él.

17 años después, no estamos cerca del paraíso, sino que estamos más lejos de él; no se alcanzó una supuesta “consolidación democrática”, tal como la entienden los teóricos liberales, sino que la transición democrática se convirtió en el dominio de la partidocracia con una corrupción generalizada, quizá más alta que en los mejores tiempos del PRI autoritario.

Podrán escribirse muchos ensayos sobre lo que le falló a la supuesta transición y los miles de cambios institucionales y reformas que los teóricos y analistas liberales piden una y otra vez.

Pero el análisis más certero lo dio un ciudadano de San Cristóbal de las Casas, en la propia cara de Vicente Fox Quesada, cuando el ex presidente paseaba con su familia en esa ciudad de Chiapas: “Nada más quiero expresarme porque abusas, porque sales en televisión. Dejaste a deber mucho, mataste a la transición con tu inutilidad. Lástima de nosotros [los mexicanos], porque te seguimos manteniendo”, le dijo este comerciante del mercado de dulces ante un Fox que se quedó congelado por la certera crítica. Fox, el que supuestamente iba a aplastar alimañas, cucarachas y víboras, se convirtió en una tepocata más del sistema.

Es un parásito político que se convirtió en todo lo que había criticado.

Sobran temas para cuestionar y criticar este periodo de supuesta transición a la democracia, pero uno de los que me parece más relevante y que usualmente los liberales no toman en cuenta, es la tasa de explotación. Una medida para saber si un sistema político cambia las relaciones sociales y políticas, son las condiciones de vida digna, en el primer lugar la misma reproducción de la vida.

Lo que hemos tenido en 17 años de alternancia es que el ingreso que reciben quienes venden su fuerza de trabajo vale cada vez menos, en tanto que el costo de la canasta básica sube.

Desde hace años el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM viene monitoreando esos indicadores. En un estudio de diciembre pasado (reporte 126), revelan que ahora es necesario trabajar 23:53 minutos para comprar la canasta alimentaria recomendable, cuando en diciembre de 1987 se necesitaba media jornada de trabajo. Este simple dato revela que lo que se ha llamado transición a la democracia es un completo fiasco si vemos que justo en este periodo de alternancia el costo de la vida ha aumentado y se necesita trabajar más para comprar la canasta básica, es decir, ha aumentado la explotación. ¿Puede llamarse democrático un sistema donde empeora la calidad de vida y donde el aumento de la explotación es generalizado? Por supuesto que no.

Ese híbrido de sistema político que nace a partir del triunfo de Fox en el 2000, en todo caso, más que una transición a la democracia, se convirtió en un neoautoritarismo funcional a las políticas y dinámicas de acumulación de capital en el país. La entrega de los recursos de la nación, la privatización de los bienes comunes, el avance del despojo y privatización de la propiedad social de la tierra, y las altas tasas de explotación en el país, no habrían sido posibles sin ese sistema político no democrático, pero sí altamente corrupto y complaciente con las políticas económicas neoliberales.

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