Aristóteles y su rara apuesta por el Zapotillo

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Sonia Serano-04Será muy complicado que la presa El Zapotillo empiece a llenarse mientras el priista Jorge Aristóteles Sandoval Díaz sea gobernador. La revisión integral de lo que sucede en torno a esta obra hace que los plazos no sólo para concluir la obra, sino siquiera para retomarla, no se vean claros. De esta forma, resulta más extraño que el mandatario, quien venía de una racha mediática favorable, haya decidido quemar sus bonos.

Si se elabora un calendario con los obstáculos que habrá que sortear antes que la presa comience a recibir agua del río Verde, en el supuesto que hubiera un afluente suficiente, a Sandoval Díaz no le alcanzarán los días como gobernador para verlo.

Primero habría que creer que habló en serio cuando dijo que buscará un nuevo acuerdo de distribución de agua en la cuenca, en la que Jalisco se quede con la mayor parte del líquido. El gobernador tendría que convencer a Guanajuato que renuncie al acuerdo vigente de 2005, que le implica condiciones más favorables y, después, enviarlo al Congreso del Estado para que le sea aprobado.

El mandatario ha dejado entrever que no tiene planes de pedir el respaldo del Poder Legislativo, pero hay que recordarle que justo sobre este punto se pronunció la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la controversia constitucional que presentó el Congreso del Estado y que detuvo la cortina en 80 metros.

Después de todos los trámites para destrabar la parte jurídica, habría que hacer lo mismo con todos los conflictos que han surgido en torno a la presa, como las suspensiones que se han logrado sobre la reubicación de los habitantes de Temacapulín, Acasico y Palmarejo, así como sobre los nuevos poblados de Talicoyunque y Nuevo Acasico. Esto, sin contar las omisiones e incumplimientos de los nuevos asentamientos humanos.

La otra parte es la que tiene que ver con la construcción del acueducto que llevará el agua de la presa El Zapotillo a la ciudad de León, Guanajuato.

La obra, que fue asignada a la empresa Abengoa debía estar terminada en octubre de 2014, pero a la fecha no se ha colocado ni un tubo.

Abengoa entró en una crisis económica que no ha podido resolver y que primero la llevó a una especie de rescate por bancos e instituciones en México, con la compra de bonos de deuda, y luego a un largo proceso para evitar la quiebra, que no ha concluido y que cada vez se enreda más.

En el mes de mayo pasado, Abengoa anunció que había encontrado la solución para construir el acueducto El Zapotillo-León, al asociarse con la empresa Prana Capital, que aportaría los recursos para la ejecución de la obra. Sin embargo, esta última empresa aclaró que condicionó su participación en el proyecto a que se superen todos los obstáculos que lo tienen detenido, a que se garantice la viabilidad del mismo y que se presente un estudio de impacto social.

Todo esto, sumado a que también en el caso del acueducto hay suspensiones de amparo y ayuntamientos más atentos sobre lo que representará el paso de esta obra por sus territorios.

Finalmente, está la falta de proyectos para llevar el agua a los municipios de Los Altos y a la presa El Purgatorio.

Por todo esto, no queda claro por qué Sandoval Díaz se la jugó por este proyecto.

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