Frente legitimador

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Ruben MartinLos resultados electorales, o su alteración, de los comicios locales del pasado 4 de junio han modificado el escenario de la competencia por el poder en la clase política tradicional.  La imposición de los candidatos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) mediante viajas y nuevas prácticas de defraudación de la voluntad popular, modificó la alianza de facto que el tricolor tenía con los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD).

A la imposición priista en Coahuila y Estado de México, PAN y PRD reaccionaron así: 1) impugnaron los resultados en dichos estados, 2) anunciaron la creación de un frente opositor para 2018; y 3) solicitaron la intervención de una entidad internacional, la Organización de Estados Americanos (OEA), para vigilar los comicios presidenciales de 2018.

Implica en los hechos la ruptura del Pacto por México: la alianza política que PAN y PRD establecieron con el PRI a comienzos de este sexenio para sacar adelante las reformas estructurales que propuso Enrique Peña Nieto.

La porquería de elecciones del pasado 4 de junio parece regresar el paisaje electoral mexicano a la década de los 80’s, cuando toda la oposición se juntaba para denunciar el fraude a la voluntad popular por parte del PRI-gobierno; se pedía vigilancia internacional de las elecciones y se creaban frentes políticos para sacar al PRI del poder nacional.

Sí, parecen los viejos tiempos del autoritarismo y robo descarado de los votos por parte del PRI, pero con un matiz, un gran matiz. El PAN y PRD ya no son lo que eran: oposiciones que tenían autoridad moral para denunciar fraude y proponer un cambio político; ahora no la tienen.

Aunque el panorama político electoral actual se parezca al de hace 30 años, la sociedad mexicana ya no es la misma. En los 80´s, millones de mexicanos creían que el principal problema del país eran las décadas de régimen autoritario priista y que obligándolo a dejar el poder mediante el voto popular, usando a los partidos como herramienta de participación, era suficiente para lograr un cambio político significativo en el país.

Esa vía ya se usó, y se concretó en la masiva participación política en 1988 y posteriormente en el cambio  de partido en el poder en el año 2000.

Los partidos de la alternancia, principalmente PAN y PRD, y la clase política que era oposición y se hicieron gobierno, traicionaron las exigencias de cambio político planteado por amplios sectores de la sociedad mexicana. Y aunque el PRI salió del poder, la situación del país no sólo no mejoró, sino que empeoró.

Hoy los mexicanos necesitan trabajar más para tener lo mínimo indispensable para subsistir, el producto del trabajo rinde menos y la canasta básica cuesta más; prácticamente la mitad del territorio está concesionado para grandes negocios capitalistas (petroleros, mineros, agua, turismo, bosques); la inseguridad y la violencia son tan graves que por primera vez en un siglo, la esperanza de vida descendió para la población masculina. La lista de agravios para el país puede extenderse.

Y el PRI no es el único responsable de esta situación. Lo son todos los partidos, especialmente el PAN y el PRD que ahora quieren presentarse nuevamente como la oferta de cambio político. Basta tener un poco de memoria para recordar que tanto PAN como PRD no han cuestionado los supuestos fundamentales de la política económica neoliberal con la que se ha gobernado este país desde hace 30 años. No sólo no la cuestionaron, sino que la han avalado e impulsado.

La alianza para la “transformación del país” que ofrecen PAN y PRD es en realidad una vulgar alianza para tratar de seguir manteniendo trozos del poder público, para seguir manteniendo sus puestos, sus huesos y sus altos niveles de vida que les permite dedicarse a la política tradicional.

No es coincidencia que los dos dirigentes de estos partidos tengan viviendas en Estados Unidos: Alejandra Barrales un departamento en Miami y Ricardo Anaya una casa en Atlanta. Ésa es la clase política que quiere transformar este país: medrar en México, y vivir tranquilos en Estados Unidos.

Más que un frente opositor, PAN y PRD son un frente legitimador del modelo político y económico que ha saqueado y devastado este país. Si queremos un cambio profundo, debemos mirar otros horizontes políticos. Como dice el Concejo Indígena de Gobierno: la lucha no es por los votos o el poder, la lucha es por la vida.

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