DEL CIELO AL INFIERNO

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A3EDB2FF-D025-4C21-B86D-BC0783176947-62974-00000B32BAB4504FEL “LIDERAZGO FUERTE Y ESTABLE”  AL QUE MAY LE APOSTÓ COMO LEMA DE CAMPAÑA, SUENA AHORA COMO UNA ITONÍA

Al llamar a elecciones generales en Gran Bretaña, país inmerso en recientes ataques terroristas, la primera ministra Theresa May esperaba fortalecer su mandato de cara al inicio formal del ‘brexit’, es decir, la salida de ese país al bloque económico que representa la Unión Europea (UE). Pero contrario a todos los pronósticos los resultados favorecieron a la oposición, su partido perdió asientos en el Parlamento y muchos piden su renuncia.

Con los sorpresivos resultados de los comicios generales en Reino Unido, la primera ministra, Theresa May, pasó del cielo al infierno. Confiada por los 20 puntos de ventaja que le daban las encuestas sobre su contrincante laborista, Jeremy Corbyn, la mandataria llamó a unas elecciones generales que, esperaba, ratificarían su mandato de cara a las negociaciones de la salida de su país de la (UE). Por eso se suponía que el 19 de junio (cuando está previsto el inicio de las negociaciones) iba a ser una fecha triunfal para la mandataria, quien entraría pisando fuerte a la batalla contra Bruselas. Pero el tiro le salió por la culata. Por primera vez desde 2010, la distribución de los escaños arrojó un Parlamento en el que ningún partido político obtuvo una mayoría absoluta. Por lo tanto, el “liderazgo fuerte y estable” al que May le apostó como lema de campaña suena hoy más a una cruel ironía.

Los “tories”, como se conoce a los conservadores, tenían que obtener al menos 326 escaños para gobernar. Sin embargo, el partido de May solo consiguió 318 (12 menos de los que había ganado en las elecciones anteriores), mientras sus rivales laboristas, renovados bajo el liderazgo de Corbyn, se llevaron 31 curules más que en 2015. Por demás, los demócratas liberales (que habían formado gobierno con David Cameron, el predecesor de May) obtuvieron 3 escaños, pero al ser los únicos que quieren revertir el brexit se negaron de plano a apoyar a sus antiguos aliados. Ante esa situación, May tuvo que recurrir a una alianza estratégica con los 10 parlamentarios del Partido Democrático Unionista de Irlanda del Norte, que, ante la supuesta simpatía de Corbyn hacia el Ejército Republicano Irlandes (IRA) –por sus siglas en inglés-, afirmaron que harán lo que sea para alejarlo de Downing Street.

Sin embargo, tanto ellos como los tories reiteraron que no formarán una coalición formal, sino que May gobernará con base en “la especial relación entre esos dos partidos”. Una estrategia que huele a desesperación.

Con ello, ante la incertidumbre de un Parlamento sin una mayoría consolidada y un gobierno a medias, los mercados entraron en pánico, la libra esterlina se desplomó y May quedó en el ojo del huracán.

Y no es para menos. Los resultados de los comicios son una derrota monumental para la mandataria y para su partido. En efecto, incluso los tories admitieron que la campaña dejó mucho que desear y que será difícil salir del embrollo en el que los deja la elección, por lo que muchas voces en Westminster ya piden la cabeza de la primera ministra. Además, no se descarta que su mandato colapse y los laboristas formen un gobierno minoritario al formar una coalición con el Partido Nacional Escocés, los demócratas liberales e incluso Plaid Cymru (el partido nacionalista de Gales), posiblemente en ese orden de preferencia.

Para rematar, las consecuencias de la inestabilidad no se reducen a los asuntos internos. Con las manos atadas por los demás partidos, los conservadores tendrán muchas dificultades para cumplir con el plazo de dos años que May tiene para concretar el brexit. Esto, no solo, porque es probable que se produzca un cambio de liderazgo, sino porque incluso si ella logra mantenerse, los conservadores tendrán que hacer malabares para aprobar las leyes necesarias para concretar la salida de la UE.

De hecho, los tories tendrán que enfrentar una oposición renovada en el Parlamento que tendrá más poder y legitimidad para bloquear sus iniciativas, empezando por la salida del mercado común europeo, a la que se oponen los laboristas, los nacionalistas escoceses y los demócratas liberales.

May, muy fragilizada tras el revés electoral de los conservadores en las legislativas, tuvo que aceptar este sábado la dimisión de dos de sus principales consejeros, a diez días de iniciarse las negociaciones sobre el Brexit.

Los fieles Fiona Hill y Nick Timothy anunciaron su dimisión 48 horas después de las elecciones legislativas del jueves, nefastas para los conservadores.

La posición de ambos, como responsables de la campaña de los Tories -calificada de “catastrófica” por varios diputados conservadores-, se había vuelto insostenible.

Según varios medios británicos, pesos pesados del partido exigieron la dimisión de estos dos consejeros a Theresa May, si quería evitar una rebelión abierta.

Frente a todo, May ha conservado a los pesos pesados de su ejecutivo: Philip Hammond (Finanzas), Boris Johnson (Exteriores), David Davis (Brexit), Amber Rudd (Interior) y Michael Fallon (Defensa).

El nuevo Parlamento se instalará el martes, antes de la ceremonia de apertura solemne el 19 de junio, día en que está previsto que se inicien las negociaciones del Brexit.

Aunque Theresa May se aferre al cargo, los analistas coinciden en que su posición es muy precaria. “May pelea para seguir siendo primera ministra”, titulaba el Daily Telegraph, pro-Brexit. May “está perdida”, afirmaba incluso el Sun, considerando que la primera ministra apenas aguantará algunos meses en el cargo.

“Un gobierno fuerte y estable”. Eso fue lo que prometió y reiteró durante siete semanas la primera ministra británica Theresa May. Sin embargo, los británicos se despertaron el día después de las votaciones con una administración muy lejos de esa estabilidad, porque el Partido Conservador perdió en las elecciones del jueves la mayoría legislativa, al conseguir solo 318 curules (de los 326 que se requieren para ser mayoría). Con los 650 escaños computados, la oposición laborista obtuvo 262 asientos, seguidos por el Partido Nacional Escocés (35), liberales demócratas (12), el Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte DUP (10) y otros (13).

El plan de May, que esperaba consolidar su poder aplastando al opositor Partido Laborista, que creía debilitado, fracasó estrepitosamente el jueves cuando los votantes quitaron a su partido conservador la mayoría parlamentaria.

La prensa británica tradicionalmente proconservadora criticó a May y se preguntó si podía permanecer en el poder sólo dos meses después de iniciar oficialmente el proceso de divorcio del país respecto del bloque europeo.

El periódico más vendido del país, The Sun, dijo que altos miembros del partido habían prometido deshacerse de May, pero que esperarían al menos seis meses porque les preocupaba que una lucha por el liderazgo impulse al líder laborista Jeremy Corbyn al poder.

May pidió unas elecciones anticipadas para obtener un mandato claro en su plan de sacar al Reino Unido del mercado único y la unión aduanera de la UE, con el fin de poder reducir la inmigración. Pero su partido está profundamente dividido sobre lo que quieren del Brexit y el resultado significa que las empresas británicas todavía no saben qué regulaciones comerciales les pueden esperar en los próximos años. La libra británica, moneda de ese país, cayó frente al dólar estadounidense y al euro después del resultado de la elección. 

Los ciudadanos de Reino Unido votaron para que se dejara de pertenecer a la Unión Europea.

Los ciudadanos de Reino Unido votaron para que se dejara de pertenecer a la Unión Europea.

Los resultados provocaron un terremoto político en Reino Unido. Esto, porque cuando May convocó a las elecciones el pasado 18 de abril, lo hizo pensando en que aumentaría los escaños que ya tenía, sin embargo, terminó perdiendo la representación y la mayoría en el Parlamento, lo que significa un gran fracaso.

Como una manera de apelar al electorado, la premier escribió en su página de Facebook el 20 de mayo pasado que si perdía seis asientos iba a renunciar. Al haber perdido 13 escaños, la dimisión era lo que muchos esperaban, incluso al interior de su partido. Ese fue el caso de la ex ministra, Anna Soubry, quien señaló que habían considerado que May debía pensar en una renuncia debido a que se “encuentra en una situación muy difícil”. A su vez, el ex ministro de Finanzas conservador, George Osborne, dijo que el resultado “es totalmente catastrófico para los conservadores y para Theresa May”. Pero la premier no dio su brazo a torcer, aunque ofreció disculpas a los conservadores que perdieron sus escaños.

Las exigencias de renuncia también llegaron desde la oposición, liderada por el laborista Jeremy Corbyn, quien tuvo un desempeño mucho mejor del que se esperaba. “Perdió escaños conservadores, perdió votos, perdió respaldo y perdió confianza. Yo diría que es suficiente para marcharse”, dijo.

El descontento incluso llegó a las calles, donde decenas de personas se congregaron afuera de Downing Street de manera improvisada para protestar por la permanencia de los conservadores en el poder.

El diario The Guardian destacó que May tiene derecho a permanecer en el poder para formar gobierno, pero los laboristas tratarán de mostrar que pueden formar su propia coalición, algo que en la matemática parlamentaria parecía complicado, porque -por ejemplo- los liberales demócratas han señalado que no quieren pactos electorales.

La líder del DUP, Arlene Foster, confirmó que había hablado con May. Distintas figuras del partido señalaron que la relación con el equipo de la primera ministra había sido cercana desde que accedió al poder hace 11 meses y que las conversaciones habían sido motivadas por la consternación ante la posibilidad de que Corbyn se convirtiera en primer ministro.

Frente a este escenario que ciertamente no estaba pensado, la premier tendrá que hacer frente a tres crisis. La primera es la crónica inestabilidad en la que se encuentra la política británica y que será difícil de contener. Porque las elecciones dieron cuenta que Reino Unido está dividido. La economía se dirige hacia tiempos difíciles, debido a que la inflación está subiendo y los sueldos caen. Y el 19 de junio comienzan las negociaciones por la salida de Reino Unido de la Unión Europea.

El fracaso electoral de May ha elevado las expectativas entre los pro-europeos para que ella abandone su plan por un Brexit duro (retiro de la unión aduanera y el mercado único). Así, la premier ahora se encuentra atrapada en el escenario que quería evitar: entre los pro-europeos, su partido que quiere suavizar el Brexit y los euroescépticos que se van a volcar contra ella si flaquea.

Así, en medio del declive de May, la legitimidad de la premier de Reino Unido pende de un hilo, y ahora, ante esta nueva circunstancia el asunto del brexit pinta color de hormiga.

Aunque algunos analistas consideran que Theresa May podría moderar el tono tras el revés electoral que sufrió, la primera ministra no ha dado de momento señales de que vaya a modificar su postura.

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