¿Quién gana y quién pierde?

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Salvador Cosio-08Según preliminares emitidos por los órganos electorales en relación a los comicios locales celebrados el pasado domingo 4 de junio en cuatro entidades del país, el partido que resultó con mayor desgaste fue el Revolucionario Institucional (PRI). El Partido Acción Nacional (PAN) obtiene la gubernatura de Nayarit y posiblemente podría obtener, en la vía judicial, también la de Coahuila, además obtuvo la mayoría en municipios y diputaciones en Veracruz. En tanto, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), sigue vivo gracias a la votación obtenida en el Estado de México y se colgó del éxito del PAN-Echeverrismo en Nayarit. MORENA, por su parte, queda certificado como potencia electoral con su cerca de 31% del voto de los mexiquenses. Así, el movimiento de López Obrador está ya al tú por tú con la maquinaria estatal y federal del PRI-Gobierno, al que sólo le queda la satisfacción de retener, muy apuradamente, su principal feudo. Sin embargo, el PRI se queda con el Edomex perdiendo millones de votos comparado con los que obtuvo en la anterior elección y, aunque quizá preserve Coahuila, lo hará con un margen mínimo y tras una acentuada pérdida de sufragios.

El PRI sigue perdiendo gubernaturas y reduce sustancialmente su posibilidad de éxito para la elección federal de 2018. En tanto el PAN y Ricardo Anaya pueden sentirse competitivos, el PRD aún vive y MORENA se reitera como la fuerza más creciente, y aunque aún carezca de estructura y organización sólida, tiene amplio respaldo popular frente al descrédito gubernamental. Andrés Manuel López Obrador sigue siendo, pues, el más conocido líder sin demérito de mayor intención de apoyo ciudadano de cara a la próxima elección presidencial.

Por más que los indicadores oficiales han señalado que le otorgarán el triunfo a Alfredo del Mazo Maza, quien contendió como abanderado de una alianza de varios partidos políticos encabezada por el PRI, aún es menester aguardar al conteo oficial y el desahogo de los procesos que, seguramente, irán a presentarse acorde al sistema de medios de impugnación de resultados electorales.
Aunque el resultado se confirme, hay que advertir que el hoy Gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila Villegas, obtuvo el triunfo en la elección del año 2011 con el 64.94% de la votación que logró la Coalición “Unidos por ti”, formada por el PRI, el PVEM y el PANAL. El 21.96% de la votación fue para la Coalición “Unidos podemos más”, compuesta por el PRD, el Partido del Trabajo (PT) y Convergencia, quienes se convirtieron en la segunda fuerza electoral. El PAN quedó como la tercera fuerza electoral con el 12.87% de la votación.

Sin embargo, considero que en la elección del pasado domingo 4 de junio en el Estado de México, MORENA obtuvo más votos que el PRI, pero el candidato de dicho partido es quien presuntamente ganó la elección. Y es que acorde a los resultados del PREP que cerró, hasta el momento de esta edición, ya con el 97.7% de las actas capturadas, MORENA registró más votos que el PRI: según el PREP, el tricolor captó 1, 729,049 votos para un porcentaje de 29.8%, en tanto MORENA obtuvo 1, 786,962 que significa el 30.8% de los sufragios.

Pero es necesario precisar que, al tratarse de votos para los candidatos a Gobernador, hay que contabilizar los que el priista Alfredo del Mazo Maza obtuvo por su alianza con PVEM, PANAL y PES, de ahí que es válido afirmar que el primo de Peña Nieto ganó gracias a la alianza que hizo el priista con otros partidos: a la votación que obtuvo el PRI (29.8% del total de sufragios) hay que sumarle la que generó el PVEM (72,844 que significa el 1.2%) y adicionarle los 52,321 votos que obtuvo el PANAL y que equivalen al 0.9%, aunados a los 39,700 votos que acopió el PES que son el 0.6%. De esa manera, sumando los sufragios de todos los partidos individualmente obtuvieron bajo forma de coalición, fue como Alfredo del Mazo pudo lograr el 33.7% de los sufragios, porcentaje con el que ganó, según el PREP.

MORENA es un partido nuevo, que tiene sólo 2 años y 10 meses de existencia, y, la del 4 de junio de 2017, fue su primera incursión en una elección a Gobernador en el Estado de México. El PRI es, obviamente, mucho más longevo y detenta el poder en la entidad desde hace varias décadas. Como ya se hemos dicho en este espacio, es importante no olvidar la enorme diferencia que hay entre el resultado de la elección efectuada el año 2011, cuando Eruviel Ávila fue electo gobernador del Edomex, en donde el PRI obtuvo casi 61% de la votación con la que hoy obtiene del Mazo con sus 33 puntos. Y eso que el muy posible próximo gobernador del Mazo, hijo y nieto de ex gobernadores mexiquenses, suma a su favor 69 mil votos adicionales que le otorga el PES, partido que no existían hace seis años.

En el PRI parecen no darse cuenta que sufrieron una gran derrota, ya que de manera fútil sus dirigentes se muestran rebosantes de alegría festinando que lograron mantener el poder en su más sólido bastión. No se ponen, pues, a reflexionar la enorme cantidad de votos que perdieron; y por más que de consolidarse los datos preliminares hayan logrado superar con poco menos de tres puntos porcentuales de votación a la humilde maestra Delfina con la que MORENA enfrentó a todo el poderoso aparato del poder público federal, lo cierto es que los priistas requirieron de bules para nadar y no ahogarse. No se debe perder de vista que hay razones legales por las que MORENA puede impugnar la elección, entre ellas el cúmulo del voto nulo supera la diferencia entre Del Mazo y Delfina Gómez: hubo más de 176 mil votos nulos, que equivalen al 3% de la votación total emitida y la diferencia entre ambos candidatos no llega al 3%. Además están surgiendo elementos que denotan problemas en la contabilización electoral.

Aunque los militantes más activos y liderazgos de gremios, grupos, sectores, organizaciones y corrientes de opinión, tanto estatales y nacionales, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), así como su dirigente nacional Enrique Ochoa Reza y sus principales colaboradores en su comité se sienten triunfadores pensando que ese partido superó las expectativas más pesimistas (según los resultados oficiales iniciales lograron triunfar en dos entidades y llegar en segundo lugar en una más), el número de votos obtenido representa un franco y vehemente rechazo a la gestión presidencial de Enrique Peña Nieto, quién es el real dirigente del PRI.

Si bien es cierto que pudo ser peor la catástrofe para el PRI, los ínclitos, acomedidos y usualmente poco útiles colaboradores de Peña Nieto deben observar y atender el claro mensaje del pueblo: en el estado natal de Peña Nieto, donde fue Gobernador de 2005 a 2011, su primo hermano, Alfredo del Mazo Maza, sólo obtuvo el 33% de los votos, en tanto su predecesor Eruviel Ávila logró captar el 65% de los votos emitidos válidamente en 2011. En esta ocasión el PRI perdió más de 30 puntos porcentuales de votación, lo que significan muchos cientos de miles de sufragios y apenas pudo triunfar por 3 puntos ante la poco experimentada candidata de MORENA, la maestra Delfina Gómez. Este instituto político, sin contar las alianzas, obtuvo mayor votación que el PRI; sin embargo, y al margen que se consoliden los resultados, se puede incluir una impugnación legal por parte de MORENA ante las irregularidades en la elección.

En el estado de Coahuila el 60% de los electores se expresó en contra del partido del Gobierno, y en Veracruz, entidad que tiene el tercer padrón electoral del país según su número de votantes potenciales, apenas logró el 18% de los votos. En Nayarit hubo una rotunda derrota del PRI.

Las elecciones confirmaron que Enrique Peña Nieto es el presidente más impopular durante su mandato de la historia moderna de México. 

Su impopularidad ayudó a hundir a los candidatos postulados por su partido, tanto como seguramente afectará a quien Peña Nieto designe cómo abanderado del PRI a la Presidencia de la República para los comicios de 2018. Dicha elección tiene las más grandes posibilidades de perder, a menos que Peña renuncie a postular, designando por dedazo, al que será el candidato de su partido a sucederlo y busque algún personaje distinto a sus muy cercanos colaboradores que están siendo mencionados, y de alguna forma mostrados y a la vez rechazados, a la opinión pública. Además, Peña Nieto tendrá que hacer un esfuerzo de concertación con otras fuerzas políticas y con la sociedad. Lo que se ve difícil.

Izquierda dividida divide el triunfo

MORENA y el PRD, en conjunto, rebasaron en conjunto el 50% de los votos emitidos en el Estado de México. Si lograran aliarse en 2018, resultarían imbatibles. En esta ocasión la alianza fue imposible, pero para el 2018. Todo indica que si las cúpulas de izquierda no se ponen de acuerdo, los votantes lo harán. Según las encuestas de salida tras la elección del 4 de junio, el 75% de electores que sufragan a favor del PRD tienen como su segunda opción de preferencia electoral a MORENA.

El Presidente del PAN, Ricardo Anaya Cortés, ha ganado capital político apostándole a la alianza de su partido con el PRD, y el año pasado la estrategia le resultó ya que esa alianza conquistó varias gubernaturas; sin embargo, esta vez Anaya tropezó al no lograr alianza en el Estado de México. En Coahuila también perdió con un buen candidato pero, de nuevo, con una mala estrategia. Es probable que hubiera ganado en alianza, como pudo haber triunfado en el Estado de México tal cual se llevó la victoria en Nayarit.
Tras la elección del 4 de junio pasado, Anaya clama por una alianza PAN-PRD para derrotar a MORENA y López Obrador en el 2018, pero los votantes de izquierda que militan en el PRD se niegan a votar por el PAN; y los panistas se rehúsan a hacerlo por el PRD. Anaya quiere ser, a la vez, el forjador de la alianza y su candidato presidencial.
La posibilidad, difícil, pero no imposible, sería una candidatura PAN-PRD que no fuera ni de un partido ni del otro, o una competencia entre un aspirante de cada partido como una especie de elección primaria, así el ganador pudiera ir contra López Obrador. Ésa es la única manera de ganarle. Hay quienes dicen que incluso el PRI es capaz de aliarse al PAN o a integrar una eventual macro alianza con PRD, PAN, PVEM, PANAL y PES, todo al margen de posibles ideologías, no importando nada con tal de evitar el posible triunfo de López Obrador.

En el PRI se acentúa la lucha intestina de quienes quieren a determinado candidato de entre los que se mencionan como favoritos del Presidente Enrique Peña Nieto. Hay en esa pugna golpes bajos que demeritan la de por sí golpeada presencia social de ese partido; desmoronan su cohesión política. Pero también están los que exigen una oxigenación y urgen a Peña que ya saque las manos del proceso electivo al interior y permita que sean los liderazgos grupales quienes decidan; además la militancia exige ya que ni Peña y su grupo, como tampoco los jerarcas grupales tradicionales, sean los que manipulen al PRI, a efecto que surja de entre las bases la mejor opción. En el PAN hay cada día una más intensa pugna entre sus grupos de manipulación interna y parece difícil el acuerdo entre ellos; en el PRD no existe definición de rumbo y ruta. Todo este escenario ayuda sin duda a MORENA y a López Obrador, que aun no teniendo un partido con estructura sólida, avanza sustancialmente.

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