Alfaro, el enemigo del pueblo

12062
0
Compartir

Roberto es un chavo que ha batallado mucho para estudiar. Es serio, le echa ganas, quiere ir a la escuela de Leyes en la Universidad de Guadalajara. Como en su casa los ingresos son pocos, se da a la tarea de comprar costales de naranjas en el Mercado de Abastos para, después, exprimirlas y venderlas en el Centro Histórico.

Se levanta a las 5 de la mañana, exprime las naranjas y, a las 8, ya está en algún punto del Centro Histórico de Guadalajara vendiendo el jugo a personas que acuden a su trabajo. Roberto así obtiene ingresos para seguir sus estudios. Es un chavo serio, prefiere trabajar que delinquir. Ésa es su forma de luchar en este momento tan económicamente difícil para todos. Bueno, ésa era su manera de buscar salir adelante, hasta que Enrique Alfaro llegó a la Presidencia Municipal de Guadalajara.

Un día, Roberto acudió como siempre a vender sus jugos, pero los inspectores de Alfaro se lo impidieron. “Aquí no puedes vender nada sin permiso del Ayuntamiento”, le gritaron, e intentaron arrebatarle sus jugos. De hecho, jalonearon a Roberto hasta que algunos recipientes con jugos se estrellaron en el piso. La gente que iba pasando por el lugar empezó a apoyar a Roberto. “Cómprenle los jugos para que no se los lleven estos miserables”, gritaban las personas, quienes, al final, le compraron los jugos. “¡Miserables!”, le gritaba la gente a los inspectores de Enrique Alfaro. Desde entonces, Roberto ya no vende jugos de naranja para poder estudiar. Al menos no en el Centro de Guadalajara. Alfaro le pasó por encima y lo corrió a patadas para otro lado…

oo0oo

Doña Rosita vive en el interior del Estado. Tiene tres hijos, todos van a la escuela. Doña Rosita no tiene marido, pero desde hace muchos años viene a Guadalajara a vender sus curiosidades. Hace algunas artesanías de palma, vende tortilleros, paliacates, muñequitas de trapo y otras cositas que le gustan a los turistas.

Desde muy temprano, Doña Rosita se viene de su pueblo en camión y se trae, muchas veces con ella, al menor de sus hijos, todavía dormido. Es un esfuerzo y un sacrificio que hay que hacer para llevar un poco de comida y sustento para su familia, porque no hay muchas oportunidades para personas como ella. Todos batallamos para encontrar oportunidades, pero más Doña Rosita, por eso hace ese gran esfuerzo para salir adelante.

El desenlace ya se conoce: los inspectores de Enrique Alfaro se la encontraron un día y le quitaron sus cositas. La dejaron sin su sustento, le prohibieron hacer su luchita. A Doña Rosita le fue bien, porque no la subieron a la patrulla, como han subido a otros ciudadanos que vendían fruta en la vía pública ahí, en el Centro Histórico de Guadalajara. En YouTube pueden apreciarse estas detenciones, estos atropellos de las políticas del Alcalde de Guadalajara…

oo0oo

Desde hace muchos años, un grupo importantes de comerciantes de calzado trabajaban todo el día buscando su sustento en un trabajo digno que, si bien era informal, sólo necesitaba el apoyo de las autoridades para ponerlo en orden, para que siguiera prosperando como cadena productiva, además de ofrecer un servicio de calzado accesible para muchas familias.

Sólo hay que voltear a los lados para darse cuenta que la gente decente se pone a buscar en qué trabajar cuando las oportunidades no les sonríen. Por eso, estas personas buscaban el sustento de ellos y sus familias a través de la venta de calzado. Decir que eran controlados por una “mafia priista” fue suficiente para que los atropellaran y los desalojaran del lugar. De un día para otro, adiós puestos de trabajo, adiós sustentos, adiós al servicio que prestaban: bienvenidos a engordar las cifras del desempelo. Desalojo y atropello es la política del Alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro Ramírez.

oo0oo

1) Las imágenes ahí están: vecinos del parque El Dean manifestándose por el ecocidio que impuso el Alcalde Enrique Alfaro en la zona. Alfaro tiene la razón. Alfaro nunca se equivoca: mandó talar cientos de árboles, desdeñó y violentó a los vecinos, y al final se salió con la suya. ¿Qué importa lo que piensen los vecinos? ¿Qué importa la tala de árboles?…
Al Alcalde de Guadalajara poco le importó la opinión de los ciudadanos de la zona. Les pasó por encima, que por algo es la autoridad. ¿Cuál pueblo? ¡Alfaro es la autoridad! ¡Él sabe lo que les conviene!

2) Los vecinos del barrio del Barrio Mexilcatzingo fueron víctimas de los intereses políticos del Alcalde de Guadalajara. Para quedar bien con el dueño de la UdeG y sus juglares, el Alcalde de Guadalajara le regaló el subsuelo de la plaza principal del barrio para que ahí hicieran un estacionamiento. ¿Para qué se quejan? ¿Para qué se manifiestan contra el Alcalde de Guadalajara? ¿A quién le importa lo que piensen los tapatíos de esa zona? Alfaro ya se ganó el cariño de Raúl Padilla. Lo demás no importa. “Después de dos años de ganar Guadalajara ni cosquillas me van a hacer”, dice el Alcalde de Guadalajara a todos sus adversarios.

3) “Así no, ¿eh? ¡Así no!”, les responde un iracundo Alcalde de Guadalajara a unos vecinos que se quejaron del “cochinero” de obras que le hicieron en su colonia. El video fue ampliamente difundido en redes sociales. Alfaro les dijo: qué flojera que ciudadanos vengan a criticar las obras que nunca se habían hecho. “Soy la última esperanza que tienen”, les advirtió. Los ciudadanos lo miraron ahí, gritándoles en vez de escucharlos, mandándolos a la goma en lugar de atenderlos. “Pero ni cosquillas me van a hacer”, dice hinchado de soberbia el Enemigo del Pueblo, Enrique Alfaro.

oo0oo

Basura, eso es lo que son”, dice el Alcalde Enrique Alfaro al micrófono. ¿A quién se refiere? ¿A los narcotraficantes? ¿Al crimen organizado? ¿Al ladrón de la esquina que asalta a señoras embarazas? ¿Al desgraciado que golpea o mata a un chavito para quitarle su iPhone? ¿A los ladrones de autos y de casa-habitación?

No. Alfaro le dice basura a los diarios MURAL, NRT y Crónica, y de paso a los periodistas que ahí trabajan. Alfaro, apologista de la violencia contra la prensa que lo único que intenta es criticar lo que está mal hecho para mejorar su trabajo.

La soberbia nubla la vista de Enrique Alfaro: no se da cuenta que se ha convertido en el Enemigo del Pueblo…

EtiquetaBruno
Compartir

Dejar un comentario