La miseria de los partidos

523
0
Compartir

Por enésima ocasión, la clase política jalisciense discute otra reforma electoral para el estado. Como viene ocurriendo desde la parte final del periodo de autoritarismo priista, y ahora con la maltrecha y fracasada “transición a la democracia”, la clase política profesional apuesta por una reforma electoral o remiendos al sistema político para enfrentar la irritación y descontento de la mayoría de la sociedad contra el sistema político-electoral.

En esta ocasión, ocurrencias no faltan. El proyecto de reforma electoral contiene proposiciones de 45 iniciativas legislativas, y contiene propuestas para realizar una segunda vuelta en elecciones locales, votar para elegir a los regidores de los gobiernos municipales, equidad de género y proposiciones para reducir el financiamiento a los partidos y abaratar el costo del sistema electoral.

Es este último punto quizá el más conocido y el que más ha llamado la atención. No en balde: la mayoría de la sociedad considera que el costo del mantenimiento del sistema político-electoral en Jalisco es muy caro y muchos proponen reducirlo, y aún eliminarlo.

Probablemente la iniciativa del diputado independiente, Pedro Kumamoto, llamada “Sin voto no hay dinero”, y que alcanzó resonancia nacional, contribuyó a que el tema del financiamiento a partidos se convirtiera en el tema más llamativo en la actual reforma electoral local. Y, como se sabe que es un tema sensible para muchos ciudadanos, otros actores políticos se presentan como defensores de esa idea, entre ellos el gobernador Aristóteles Sandoval Díaz, quien propuso eliminar el financiamiento a los partidos en años no electorales.

Pero toda la discusión se atoró el fin la semana pasado en una insustancial discusión entre legisladores y presidentes de algunos partidos en el Congreso del Estado. Lo que hay de fondo es que los dirigentes de los partidos no quieren quedarse sin los cuantiosos recursos del dinero que aporta la sociedad.

Lo que revela el entrampamiento de esta discusión es, por un lado, la miseria de la clase política jalisciense, al no aceptar la reducción del financiamiento público a los partidos y, por tanto, continuar con los privilegios y prebendas que han ido aumentando a lo largo de los años.

El asunto revela esta miseria ética de la clase política profesional que antepone sus intereses a las múltiples necesidades que tiene la población. La eliminación del dinero a los partidos y otras prebendas y privilegios a la clase política podría utilizarse para satisfacer múltiples necesidades insatisfechas que hay en Jalisco. Pero eso no va a ocurrir, y todo indica que dirigentes partidistas, legisladores y representantes de los poderes públicos y fácticos, seguirán protegiendo sus privilegios e intereses. Sería ingenuo pensar otra cosa de los profesionales del poder.

Pero esta actitud miserable de la clase política de aprobar la reducción o incluso la eliminación del financiamiento público, debe llevar a cuestionar la utilidad de las reformas electorales y políticas.

Desde hace 30 años se han llevado a cabo cerca de una docena de reformas, algunas veces llamadas políticas y otras electorales, y todas se justifican como la respuesta de los representantes populares a los reclamos de la sociedad.

Las primeras reformas políticas trataron de enfrentar los reclamos contra los fraudes electorales cometidos por el PRI-Estado y la falta de espacios de representación a los partidos opositores. Luego siguieron reformas para “perfeccionar” el sistema electoral. La reforma política impulsada por Alberto Cárdenas al llegar el PAN al poder, pretendió ser una reforma más amplia al incluir figuras de “democracia directa”: jamás funcionaron. Las reformas recientes han sido para atenuar críticas de la sociedad civil en materia de equidad en campañas y costo del sistema electoral.

Pero, en cada caso, las reformas no solucionan de fondo los reclamos de la sociedad, sino que se convierten en válvulas de escape a la presión social y en un intento más de ganar legitimidad para el régimen político. Es decir, son parches a un traje desgatado e inservible. Lo que necesitamos es otro sistema político, con otra concepción de la democracia y las relaciones sociales y con otro horizonte ético-político.

Compartir

Dejar un comentario

Something is wrong.
Instagram token error.