YERNO Incómodo

655
0
Compartir
K

Jared Kushner e Ivanka Trump.

LA INJERENCIA DE RUSIA EN LAS ELECCIONES ESTADOUNIDENSES ENSOMBRECIÓ LA CUMBRE G7 

Como balde de agua fría al más puro estilo  “Ice Bucket Challenge”, fue como cayó en el equipo presidencial de Donald Trump, la declaración del ex director de la Agencia Central de Inteligencia Americana (CIA) John Brennan, al asegurar tajantemente ante el Congreso de los Estados Unidos que Rusia interfirió “descaradamente” en las elecciones presidenciales de 2016, en las que resultó ganador el republicano Donald Trump en detrimento de su rival demócrata, Hillary Clinton.

Brennan, quien fue director de la (CIA) entre 2013 y enero de este año, explicó que él fue uno de los primeros funcionarios norteamericanos en advertir a Moscú sobre sus actividades, y les instó a cejar en su empeño de afectar los comicios. Brennan dijo además haber informado en su momento a la presidencia y a otros exponentes del Congreso.

La intromisión rusa en una serie de elecciones occidentales -las más recientes, Estados Unidos y Francia- desencadenaron una condena generalizada. La injerencia de Rusia en las elecciones estadounidenses ensombreció la cumbre G7, pues una nube de sospecha sigue pendiendo sobre Trump y sus allegados en medio de la investigación federal sobre los contactos entre su campaña y presuntos agentes de inteligencia rusos y así se sintió en el ambiente, pues los otros mandatarios de la cumbre, buscaron en todo momento estar lejos de Trump y evitarlo de ser posible.

Pero mientras entre la mayoría de los países del G7 ha habido un consenso abrumador para condenar y hacer frente a las acciones agresivas de Rusia en todo el mundo, Trump trae un deseo de impulsar la cooperación con Moscú.

Los esfuerzos más recientes de Trump para aliviar las tensiones entre Estados Unidos y Rusia también tuvieron peso en la cumbre del G7, en particular su decisión de compartir información de inteligencia altamente confidencial obtenida por un aliado de Washington con el canciller ruso. La medida ha provocado preocupación entre los aliados de Estados Unidos.

Así las cosas Rusia sigue siendo el centro de atención, no solo en el G7 sino en el mundo entero. La supuesta interferencia de Rusia en las elecciones estadounidenses se convirtió en el peor dolor de cabeza de la administración Trump, que simplemente no logra que el tema se agote. Al contrario, el ya llamado Rusiagate salpica al presidente, quien en una de sus medidas más controvertidas echó días atrás a James Comey, jefe del FBI; el hombre que investigaba justamente los vínculos del Kremlin con los asesores de Trump durante la campaña.

En medio del escándalo político por el despido del jefe del FBI, Donald Trump, envuelto en una crisis de credibilidad por las contradicciones en la historia oficial sobre su decisión, amenazó en Twitter con suspender los encuentros regulares de su equipo de comunicación con la prensa, al afirmar que “no es posible” comunicar con “perfecta precisión”.Trump, Comey y el FBI han chocado respecto de la gravedad del Rusiagate, la intromisión del Kremlin en la última elección presidencial, y la sospecha de que haya habido colusión entre el gobierno de Vladimir Putin y la campaña del hoy presidente. Trump ha dicho que es un “invento” y una farsa, mientras que en el FBI creen que se trata de una investigación “altamente significativa”.

El equipo de comunicación de la Casa Blanca ha tenido que correr detrás de la realidad, forcejeando para acomodar el relato oficial a los volantazos que ha dado Trump al explicar los motivos para correr a Comey.

El magnate, Donald Trump.

Donald Trump.

Cuando se conoció la noticia, la Casa Blanca dijo que Trump había actuado “basado en la clara recomendación” del fiscal General, Jeff Sessions, y el fiscal General Adjunto, Rod Rosenstein, quien escribió un memorando criticando la labor de Comey. Todo su equipo brindó esa explicación: su vocera, Sarah Huckabee Sanders; el vicepresidente, Mike Pence, y su asesora, Kellyanne Conway.

De hecho, en su carta a Comey, Trump dice que ha “aceptado” la recomendación de Sessions y de Rosenstein.

Ese relato dejó furioso a Rosenstein, quien luego exigió a la Casa Blanca que aclarara que no había recomendado despedir a Comey. Horas más tarde, Huckabee comenzó la ardua tarea de retocar la historia oficial, al afirmar que Trump ya venía pensando desde hace tiempo en despedir a Comey, incluso antes de asumir la presidencia.

Todo empeoró cuando Trump, en una entrevista con la cadena NBC, dijo que ya tenía decidido echar a Comey “independientemente” de lo que dijeran Sessions y Rosenstein, y que cuando tomó la decisión pensó en el Rusiagate, un escándalo al cual el FBI ha catalogado como una “investigación altamente significativa”.

Sin embargo, el departamento estadounidense de Justicia nombró un investigador especial para analizar las presuntas relaciones entre la campaña presidencial de Donald Trump y Rusia, en un ambiente de creciente crisis política en el país.

En una nota oficial, Trump insistió en su inocencia y expresó su confianza en que una “investigación exhaustiva” mostrará que efectivamente su campaña electoral no tuvo ayuda de ninguna “entidad extranjera”.

Desde su investidura, el 20 de enero, Trump busca desesperadamente poner punto final a la controversia por sus eventuales relaciones con Rusia durante la campaña, pero desde entonces el problema no ha cesado de crecer y ahora ya amenaza paralizar su presidencia.

Estas investigaciones se centran en las sospechas de injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales del año pasado para favorecer a Trump, y la eventual colusión de su comité de campaña con esos esfuerzos. A media semana, el fiscal general interino, Rod Rosenstein, determinó que “es de interés público que ejercite mi autoridad e indique un investigador especial para asumir responsabilidad en este caso”, según indicó en una nota oficial, actos sumados a otros que ya iniciaron, que podrían devenir en la instauración de un juicio político en contra de Donald Trump. Y si se pensaba que las cosas no podrían estar peor, apenas hace unas horas, una nueva revelación ha vuelto a encender los focos rojos en el congreso estadounidense al darse a conocer que el yerno y principal asesor político de Donald Trump, Jared Kushner, -(el amigazo de Luis Videgaray Caso)- propuso al embajador ruso en Estados Undios, Sergei Kislyak, crear una red diplomática paralela a la oficial entre Estados Unidos y Rusia cuando Barack Obama era todavía presidente. Así lo reveló el diario The Washington Post citando a altos cargos de la administración estadounidense, que han obtenido esa información interceptando comunicaciones secretas de la embajada rusa en Washington con el Gobierno de ese país.

A la distancia pudiera parecer poca cosa, pero en los Estados Unidos de América ya se están tomando bastante en serio el asunto del llamado Rusiagate, la presunta intromisión rusa en las elecciones estadounidenses de noviembre del año anterior, acciones que ya fueron motivo de las primeras bajas en el equipo presidencial y asunto que ahora no solo ha salpicado a los miembros del gabinete sino que también a la propia familia de Donald Trump.

Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense y uno de los asesores más poderosos de su gobierno, quedó más comprometido en el escándalo del Rusiagate tras la revelación de que buscó abrir un canal secreto de comunicación con el gobierno de Vladimir Putin a finales del año anterior.

Todo esto se da en el contexto en que Trump regresa de su primera gira internacional, que se vio como ensombrecida en medio de una crisis por los supuestos nexos de su yerno con Rusia

Varios medios estadounidenses sostienen que Jared Kushner, consejero de Trump, quiso establecer un canal de comunicación secreto con el Kremlin durante el período de transición antes de que el presidente electo asumiera sus funciones.

Trump volvió a Washington de una gira que lo llevó a Arabia Saudita, Israel, el Vaticano y Bruselas y durante la cual volvieron a tomar cuerpo las especulaciones sobre sus lazos con Moscú y la injerencia directa que al parecer tuvo durante su campaña, en la que hay que recordar, a contramarea y contra todo pronóstico ganó los votos del Colegio Electoral, no así el voto popular, donde Hillary Clinton, obtuvo más de un millón de votos a favor, pero ello le bastó para de acuerdo a las elecciones estadounidenses jurar como presidente apenas a mediados del mes de enero.

Ha salido a la luz que Kushner quiso establecer un canal de comunicación secreto con el propósito de eludir las vías de comunicación tradicionales entre los dos países. Según The Washington Post, Kushner hizo esa propuesta durante un encuentro con el embajador ruso en Washington, Serguei Kisliak, el 1 ó 2 de diciembre en la Torre Trump de Nueva York.

Kushner llegó a sugerir usar sedes diplomáticas rusas para “proteger esas conversaciones anteriores a la investidura de cualquier vigilancia” del gobierno estadounidense, según el diario, que asegura que el informe de las conversaciones enviado a Moscú por su embajador fue interceptado por los servicios de inteligencia estadounidense.

The New York Times indica que el objeto de esas “comunicaciones secretas” era discutir con total discreción sobre una mayor cooperación con Rusia en el conflicto sirio.

“Tenemos canales informales de comunicación con numerosos países. Esto nos permite hablar de manera discreta”, señaló el sábado el general H.R. McMaster, quien encabeza el Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, durante una conferencia de prensa telefónica al margen de la cumbre del G7 en Italia. Pero un exjefe de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense condenó duramente el supuesto intento de Kushner de establecer una línea de comunicaciones secretas, diciendo que si es verdad, revelaría un peligroso grado de ignorancia o ingenuidad. El cuestionamiento a Kushner en el caso ruso debilita un aún más a Trump, quien ya debió separarse de su anterior asesor de seguridad nacional, Michael Flynn, y ve cómo varios miembros de su equipo de campaña –en particular su exdirector de campaña Paul Manafort– son investigados por el FBI.

“Si un funcionario de inteligencia estadounidense hubiera hecho algo como eso, nosotros lo hubiéramos considerado espionaje”, reaccionó el exdirector de la CIA durante la presidencia de George W. Bush, John McLaughlan, en la cadena MSNBC, resumiéndose así la incredulidad que impera en Washington. La Casa Blanca no ha querido contestar a esa ni a ninguna otra pregunta sobre el tema: dos asesores de Trump, H.R. McMaster y Gary Cohn, y el portavoz del mandatario, Sean Spicer, aseguraron desde Sicilia apenas hace unas horas que no tenían “nada” que decir acerca del asunto.

El propio Trump también ha esquivado esos interrogantes al no dar ninguna conferencia de prensa durante su viaje, y es posible que, una vez de vuelta en Washington, siga evitando el tema con su habitual argumento de que la pesquisa rusa es “una cacería de brujas”.

Pero su gobierno es consciente de la magnitud del problema, y ha decidido montar de maneja urgente un cuarto de guerra para responder al constante murmullo mediático sobre la trama rusa y encauzar el mensaje oficial al respecto, una operación en la que estarán involucrados Kushner y el estratega jefe de Trump, Steve Bannon, según ha trascendido.

Empresario convertido en asesor del presidente en política exterior, Kushner, de 36 años, es el marido de Ivanka Trump, una de las hijas de Donald Trump .

A Kushner se lo considera miembro del círculo más próximo del presidente y tiene un amplio espectro de responsabilidades y una considerable influencia en la Casa Blanca.

Es, entre otras cosas, un intermediario central en materia de política exterior.

El abogado de Kushner, Jamie Gorelick, indicó que su cliente “ya se ofreció a compartir con el Congreso lo que sabe de esos encuentros. Y hará lo mismo con cualquier otra investigación”.

Consciente de las dificultades que conseguirá en casa, Trump quiso apaciguar las aguas y desviar la atención al prometer, en el último tuit antes de despegar rumbo a Washington, que su gira extranjera resultará en lo que más quieren sus seguidores: “trabajos, trabajos y trabajos”.

Tras las insinuaciones de Jared Kushner, el embajador ruso Serguei Kisliak reportó a sus superiores que el yerno del presidente electo, que luego se convirtió en asesor del mandatario estadounidense, había formulado esa propuesta, a sabiendas quizá de esa comunicación sería de inmediato interceptada por el propio gobierno norteamericano, como así fue.

Michael Flynn, exasesor de seguridad nacional de Donald Trump que fue obligado a renunciar en febrero por haber mentido acerca de sus contactos con Kisliak, participó en ese encuentro.

El FBI, que investiga desde julio la existencia de una eventual “coordinación” entre los allegados a Trump y Moscú, está observando de cerca este encuentro, así como otro que mantuvo Kushner con Serguei Gorkov, presidente del banco público ruso Vnesheconombank, sancionado desde 2014 por Estados Unidos a raíz del conflicto en Ucrania.

La prensa estadounidense había informado anteriormente que el yerno de Donald Trump estaba siendo investigado por el FBI pero que no era considerado sospechoso.

El exdirector de la policía federal (FBI) James Comey, despedido por el presidente, prestará próximamente declaración ante el Congreso. El escrutinio del FBI sobre Kushner pone en evidencia que la investigación alcanza no sólo a funcionarios de la Casa Blanca y de la campaña, sino también al círculo familiar de Trump.

Tras regresar a la Casa Blanca después de un viaje de nueve días a Oriente Medio y Europa que terminó el fin de semana, Trump deberá enfrentar más interrogantes sobre las presuntas comunicaciones entre su ahora yerno incómodo Jared Kushner y el embajador de Rusia en Washington, y quizá peor aún, también de otros ahora altos funcionarios del gobierno del vecino país del norte.

 

EtiquetaCosío
Compartir

Dejar un comentario

Something is wrong.
Instagram token error.