Huachicoleros: negocios viejos, corrupción de siempre

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Si gana el delito perdemos todos.

EL ROBO DE HIDROCARBUROS DEJA GANANCIAS MAYÚSCULAS Y SANCIONES INEXISTENTES

Mauro Morales*

Durante los últimos días, en el estado de Puebla, han tomado visibilidad pública incidentes de gravedad extrema con los llamados Huachicoleros; pero ¿qué de todo esto es nuevo? ¿Qué debe llamarnos la atención? Quizá la audacia del sector delictivo en reinventarse de acuerdo a las necesidades sociales. La endemia de México es la convivencia entre el delito y las autoridades que, con el tiempo, ha generado este sólido, consolidado y extendido malestar de los ciudadanos con la política que hoy tiene a todo el sistema en una posición de Jaque Mate. Si gana el delito perdemos todos. Pero, ¿de dónde viene la palabra huachicol?

El huachicol, según testimonios de choferes de las pipas de combustible, se daba en algunas cantinas cuando mezclaban alcohol con otras bebidas de baja calidad, y así, el cantinero podía ganar un poco más de dinero con clientes alcoholizados.

Esta palabra se hace común entre los que transportan combustibles llamándolo así al sobrante del producto que queda en el tanque donde transportan la gasolina, diesel, chapopote o cualquier derivado químico; éstos, como se sabe, salen de una refinería para ser llevados a algún depósito para su producción, refinación o venta. Uno de esos destinos puede ser gasolineras, empresas u otras refinerías. O, también, lo pueden llevar con “El huachicolero”.

El huachicolero es el lugar donde se recolecta (de a poquito) todo el remanente que tiene que escurrir de un tanque de pipa de tráiler, mezclándolo con diferentes productos químicos que otros “piperos” han ido a descargar de forma ilegal. Ello se realiza, por lo general, en terrenos con bardas de 4 metros de altura disfrazados de taller mecánico.

Una pipa de tráiler tiene capacidad de 30,000 hasta 45,000 litros de almacenamiento; después de juntar 20,000 litros ya puede estar lista una pipa para que salga a la venta clandestina. Si lo que se juntó es de “no tan mala calidad” la venden en una gasolinera o en una cachimba –lugares sobre la carretera donde únicamente se vende diesel-. Estos lugares, por lo general, están ubicados cerca de una fonda, paraderos turísticos o gasolineras legalmente establecidas. Y sí: todo se hace a plena luz del día, trabajando las 24 hrs y a pie de carretera.

Pero si la mezcla de lo juntado del producto es de muy mala calidad, su venta es para las calderas de cualquier empresa que esté dispuesta a comprar producto robado y contaminar más el medio ambiente.

Los huachicoleros y las cachimbas tienen más de 25 años que coexistieron con empresarios, autoridades y sociedad de forma pacífica. Sin embargo, hay un jugador que es fundamental en este complejo problema: los tuberos.

Se le dice “pegarle al tubo” a todos aquellos que participan en el robo directo de combustible in situ, o sea, directamente en el tubo de Pemex que transporta el producto. Y los únicos que tienen las herramientas y capacidad técnica para agujerar un cilindro de metal con producto altamente explosivo, es el personal de una refinería.

El principal destino de venta del producto de los grupos que ordeñan los tubos fueron los Estados Unidos. En segundo lugar están los grupos de gasolineros; y en un tercer lugar, muy alejado, se encuentran los huachicoleros y las cachimbas. Es importante señalar que el tubero no es huachicolero. Confundir el papel de cada uno es como comparar al que transporta la cocaína de Colombia a México con el que ¨gramea¨ el polvo en un bar.

Ante todo esto hay que preguntarse: ¿cómo operan los tuberos? Por debajo de los cerros y llanuras entre diferentes estados del país, corren cientos de miles de kilómetros de tubos de Pemex que trasportan diferentes hidrocarburos; ayudados por ingenieros, escogen una zona que tenga un declive natural para poder hacer una zanja en donde quepa una pipa de tráiler, de preferencia de doble remolque, los llamados “fulles”. En el momento que se empieza a hacer la perforación, colocan las mangueras de alta presión y el combustible es desviado a los tanques de la pipa. Tienen 15 minutos para que, en las computadoras de la refinería, se detecte una disminución en la presión del producto que se está mandando y se dispare una señal de emergencia de fuga de combustible. El área de la refinería que detecta la fuga informa de inmediato a los llamados “especiales”, que es personal de vigilancia civil de Pemex, así como al personal del Ejército Mexicano que resguarda las instalaciones.

Desde el momento en que es detectada la disminución de presión, informan al personal indicado y éstos se trasladen a la zona señalada, ya han transcurrido 40 minutos. Una pipa de doble tanque se llena en 28 minutos, y se a eso le sumamos los 15 minutos que saben que tienen como colchón en que serán detectados, entonces tienen una ventaja sin igual. Pero la mayor ventaja que tienen los tuberos es la complicidad con la que se opera.

Ahora bien, ¿en qué momento detona la violencia si todos ganan?

Desde los años 90´s que inició el robo de hidrocarburos, se dieron cuenta que las ganancias eran mayúsculas, las sanciones inexistentes y la tutela por la paraestatal en el abandono. Los agujeros en los tubos se empezaron a extender por todas las rancherías en donde el personal capacitado sabía que corría el valioso producto ofreciéndoles a los habitantes de pequeños terrenos (que por lo general viven en condiciones muy precarias) una cantidad muy por encima de lo que sembrando maíz podían ganar. Así, esta actividad empezó una nueva forma de vida para comunidades enteras que han demostrado defender la ilegalidad hasta la muerte.

Podría ser el descontento social un caldo de cultivo en este problema, seguro sí, pero más lo ha sido la falta de supervisión y vigilancia en la paraestatal, instituciones del Estado débiles y grupos empresariales cómplices del problema que, hasta el día de hoy, deja 10 muertos. Y al final, ¿de quién es PEMEX?

¿Cuáles son los escenarios reales cuando de un solo lado se encuentran los huachicoleros, los tuberos, las cachimbas, los empresarios, la paraestatal, las autoridades y los que algún día sembraban maíz pero decidieron cambiar de giro, y del otro lado… quién?

Si Puebla presentó una violencia inusitada, ¿qué podemos esperar en las inmediaciones de la refinería de Miguel Hidalgo en Tula, Hidalgo, bastión Zeta? ¿O qué esperar en la zona de la refinería de Pajaritos, en Coatzacoalcos, Veracruz? En ambos lugares el sentido de justicia y legalidad está muy desvirtuado de lo que debe de ser el Estado de Derecho.

Es un reto y también una oportunidad para que el Estado mexicano tome las decisiones correctas frente a problemas complejos desatendidos por años.

Sin lugar a duda, con el tiempo el lenguaje cambia: de aquella palabra que significaba adulterar un chupetín de alcohol para que un cantinero ganara unos pesos más, ahora la palabra “huachicol” trae implícito el sello de corrupción, desafío al Estado mexicano y muerte.

Un problema nacional que ahuyenta a inversionistas

Las compañías extranjeras que buscan suministrar gasolina en México están estudiando las inversiones planeadas luego de que una serie de robos de combustible se convirtieron en un baño de sangre la semana pasada en Puebla, informaron las agencias de noticias.

Un nuevo gasolinazo.

El “gasolinazo” hizo que los precios en las gasolineras subieran hasta 20 por ciento.

Una batalla entre soldados y “huachicoleros”, el apodo que los locales dan a los ladrones de combustible, dejó 11 muertos y muchos más heridos y provocó protestas en Puebla, donde a menudo se perforan las tuberías para robar gasolina. Las compañías que buscan importar combustible a México desde Estados Unidos como Howard Energy Partners y BioUrja Trading LLC, están preocupados por el agravamiento del problema.

“Es parte de una tendencia preocupante que los inversionistas verán y considerarán en el precio de las ofertas que hagan y la cantidad de inversión que decidan destinar a México”, dijo John Padilla, director general de la firma de consultoría energética IPD Latin America, en una entrevista telefónica desde Bogotá.

Los robos de combustible mexicano se han intensificado en el último año, ahora que el gobierno abolió los subsidios. La política conocida como “gasolinazo”, o aumento en el precio del combustible, hizo que los precios en las gasolineras subieran hasta 20 por ciento a principios de 2017 y llevó a disturbios y bloqueos en algunas terminales de combustible. Petróleos Mexicanos ha cubierto el costo asociado con los robos, pero no está claro si la compañía petrolera estatal tratará de transferirlos a los importadores privados en el futuro.

Curiosamente, el crecimiento exponencial de esta actividad se registró en los últimos tres sexenios (Fox-Calderón-Peña Nieto), hasta llegar a representar un quebranto a las arcas públicas nacionales entre 15 mil y 20 mil millones de pesos anuales, según informó este martes el titular de Hacienda, José Antonio Meade, consideró la revista Proceso.

“Lo realmente grave es que desde 2003 el gobierno de Vicente Fox creó una ‘coordinación’ institucional para frenar el robo ilegal de combustible. En casi 14 años han desfilado por esa coordinación interinstitucional seis secretarios de Hacienda, ocho secretarios de Energía, seis directores generales de Pemex, tres secretarios de la Defensa, tres titulares de la Marina y ocho procuradores generales de la República, y el robo de combustible se incrementó en 10 mil por ciento, según los informes de Pemex. La gravedad del fenómeno ha ocupado la atención mediática a raíz del enfrentamiento ocurrido la semana pasada en la comunidad de Palmarito, Puebla, entre efectivos militares y pobladores acusados de robar combustible en los ductos de Pemex”, escribió el periodista Jenaro Villamil.

 

* Maestro por la George Washington University. Analista en Seguridad, Gobernanza y Comunicación. Twitter: @mauromoralesg_

 

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