México no olvida

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Salvador Cosio-08Sigue lastimando a la sociedad mexicana que Enrique Peña Nieto, así como varios funcionarios del Gobierno Federal, conocía de las tropelías del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa. Y, al parecer, toleraron sus faltas y permitieron su huida, aun siendo Duarte mandatario con licencia de Veracruz. Hubo, pues, complicidad para que el ex gobernador Duarte se mantuviera libre circulando por varios meses, “escondiéndose” de la justicia pero siendo muy fácilmente ubicable en diversas entidades del sureste mexicano y países de Centroamérica. Sin embargo, lastima sobremanera la cínica acción selectiva de la Procuraduría General de la República (PGR) al permitirle impunidad a su cónyuge, Karime Macías Tubilla, a quien injustificadamente dejaron sin causa penal. Así, se le restriega a la sociedad mexicana la forma en que permiten gozar, a Karime Macías, su alevosa libertad al mostrarse impúdicamente con esa sonrisa burlona similar a la que esbozó socarronamente su nefasto marido al ser capturado. Con ello, Karime presume la pasmosa tranquilidad de quien se sabe libre y no procesada para poder disfrutar, plenamente, la mayor parte de esa inmensa fortuna ilegítimamente adquirida por la red mafiosa que crearon y de la cual, se dice, era ella la principal cabecilla. Y es así porque se le vio dirigirse, graciosamente, hacia Londres para desde ese punto, posiblemente, moverse después hacia lugares donde podrá vivir ampulosa y felizmente en compañía de sus hijos.

Pues con el monto que supuestamente su esposo, Javier Duarte, desfalcó al estado de Veracruz, a Karime Macías le alcanza para gozar de lujos y tener un futuro económico asegurado para, al menos, las siguientes tres generaciones de su favorecida familia, incluyendo, quizá, a sus padres y hermanos quienes también forman parte del esquema orgánico criminal mediante el cual medraron los recursos públicos.

No se puede dejar de advertir que Duarte de Ochoa pueda permanecer en Guatemala por un largo lapso, obstaculizando inexorablemente los procesos judiciales y a la Justicia misma: Duarte está dentro de un espinoso caso en el que todavía quedan libres e impunes muchos de los que fueron cercanos colaboradores y cómplices de su poca agraciada esposa que hoy está inmensamente adinerada y sonriente.

Está, también, el caso del ex gobernador de Tamaulipas, Tomas Jesús Yarrington Ruvalcaba. El caso generó gran indignación social porque el hoy ya indiciado ex mandatario fue jactancioso aspirante a la candidatura presidencial por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), y estuvo libre de acción penal en su contra por parte de las autoridades mexicanas; y, no obstante, tenía abierta una grave causa penal en EE.UU. Además, su detención en Italia, recientemente efectuada, fue realizada por las autoridades italianas a petición de Estados Unidos. Esto se agrava porque es sabido que el tamaulipeco tenía la protección de muchos elementos de seguridad pagados por el gobierno de Tamaulipas, de ahí que haya la crasa percepción de presumible complicidad hacia con este personaje que será procesado en EE.UU., lugar a donde las autoridades italianas lo extraditarán.

Igual de lastimoso es el tema inherente al ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira Valdés. Este personaje, que fue también ex presidente del PRI Nacional, tenía una causa penal abierta en el vecino país del norte por la cual fue detenido en España el año pasado. Sin embargo, en México no sólo no se le ha incoado acción penal, sino que se le protegió y le ayudaron las autoridades federales mexicanas a evadir la prisión provisional en España, siendo rescatado y propiciando que haya vuelto a México donde, incluso, es ya un candidato a Diputado Local por un nuevo partido estatal de Coahuila. Con estas acciones se burlan de la sociedad en dos formas: primero con la exoneración de que fue objeto por parte del actual gobernador de su entidad, su hermano de nombre Rubén; y segundo, con el desvelamiento de las pruebas relativas a cómo fue exonerado cínicamente por la Procuraduría General de la República (PGR) en tiempos de Felipe Calderón, muy posiblemente con acuerdo de este último con la dirigencia en turno del PRI.

Siguiendo con temas espinosos: el caso del ex gobernador de Chihuahua, César Horacio Duarte Jackez, a quien ampliamente se le ventilaron desde sus aberrantes correrías mediante las cuales provocó un enorme desfalco a su entidad y que, a pesar de saberse profusamente de ellas, fue tolerado por las autoridades federales incluyendo al propio presidente Peña Nieto. Nada se hizo para detenerlo, siendo que ahora tiene proceso penal incoado por las autoridades estatales de Chihuahua; el ex gobernador de esa entidad está prófugo y se dice que vive muy a gusto en Texas, obviamente permaneciendo impune.

También lastima el asunto del tal Édgar Veytia Cambero, a quien detuvo y sometió a proceso el gobierno de EE.UU.

Veytia es acusado de diversos delitos graves ligados a narcotráfico y delincuencia organizada; fue calificado como apto en las pruebas de control de confianza que le practicó la Secretaria de Gobernación que encabeza Miguel Ángel Osorio Chong. Por ello, no se entiende ni justifica que hayan pasado por alto sus características personales que le reputan como tendiente a actos criminales. Tampoco se entiende que todos los órganos federales de seguridad e inteligencia para la prevención del crimen no hubieren caído en cuenta de las actividades delictivas del polémico y señalado personaje que fue Jefe Policial en Tepic, Sub Procurador y encargado oficial de la Procuraduría de Justicia. Ocupó, pues, un espacio preferencial en el Consejo Nacional de Seguridad, adquiriendo información delicada que se usó por el hampa en contra de la Nación y el pueblo; más que torpeza, lo que tenemos es ineficacia supina o negligencia, y es también la más crasa muestra de complicidad gubernamental con los cárteles criminales que azotan a México.

No debemos olvidar el asunto del ex gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo, quien a pesar de ser investigado por la Fiscalía de Quintana Roo, tiene asignados muchos elementos policiales en calidad de escoltas y varios vehículos oficiales. Es absurdo que aunque dicha protección se haya ordenado y esté vigente desde la anterior administración gubernamental a su cargo, ésta se haya revalidado en la actual administración quintanarroense que encabeza Carlos Manuel Joaquín González quien, aunque llegó al cargo por partido distinto, fue funcionario de Borge Angulo. Este último enfrenta indagatoria por manejos irregulares de las finanzas públicas y enriquecimiento ilícito, con señalamiento claro por desfalco de 25 mil millones de ocurrido entre 2011 y 2016. Hasta ahora no se le ha incoado averiguación criminal por ineptitud o complicidad de la PGR, y es visto frecuentemente paseando en Miami, Florida, exhibiéndose acompañado de sus escoltas.

Tema no menos importante es el asunto del maniqueísmo financiero de la empresa brasileña Odebrecht, que habiendo causado desfalco en varios países del orbe, incluyendo operaciones fraudulentas en México con Petróleos Mexicanos (PEMEX), en otras naciones ya están procesando funcionarios e inclusive ex presidentes, pero en nuestra patria el tema permanece oculto y están impunes personajes como el ex director de PEMEX, Emilio Lozoya Austin, el gran amigo de Peña Nieto, así como el ex presidente Felipe Calderón.

Flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones

En México campea la impunidad y sigue la burla al pueblo, aplicando esa sentencia popular que dice que no hay más ciego que el que no quiere ver, ni más tonto que el tío Lolo, ese que se hace tarugo solo.

Hay una canción titulada “Fotografía” que hizo famosa un cantante mexicano llamado Óscar Athié.  Esa pieza, en algún estribillo, se decía: ‘flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones’ en referencia a cómo estaba y se veía físicamente, representando también el estado anímico de un hombre aquejado de sufrimiento por ya no tener consigo a la mujer amada. Sin embargo, esa descripción de semblante podría ser ideal para endilgársela al Presidente de México, Enrique Peña Nieto. Ello porque es así como se le ve: demacrado y con una imagen mucho muy diferente a la que lucía cuando, en sus mejores momentos anímicos y políticos, aún era gobernador del Estado de México y tenía en la bolsa la candidatura presidencial del PRI a la Presidencia de la República para la elección federal del año 2012. En esa época sólo le hacía leve sombra Manlio Fabio Beltrones Rivera, quien le disputaba sin mucha, o mejor dicho sin ninguna, posibilidad la candidatura. Fueron meses en los que el entonces mandatario mexiquense hacía campaña adelantada recorriendo el país, acudiendo a diversos eventos sociales y de orden político, incluyendo apoyar las campañas de su partido en otros estados tanto con su presencia como con recursos financieros y materiales; uno de esos apoyos que otorgó fue para los famosos Duarte, el de Veracruz y el de Chihuahua. También acompañó al de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo.

Hay una gran diferencia entre la imagen del entonces gobernador mexiquense que ya saboreaba las mieles de la candidatura presidencial del PRI; y parecía sin problemas, ya que los que surgían en su entidad los resolvían otras personas: Peña dedicaba gran parte de su tiempo a la ante precampaña presidencial, así como a las del PRI en los estados y regiones del país, su mente estaba más en la tarea proselitista para sí mismo y sus correligionarios que para la compleja problemática de una entidad tan importante como el Estado de México. Además estaba, seguramente, más involucrado en el armado de la estrategia para abordar la candidatura a la Primera Magistratura de la Nación, y como existía una gran seguridad en su equipo cercano de colaboradores en cuanto a ganar la elección pues eran tiempos de popularidad. Su rostro y ánimo irradiaban alegría y festividad, muy diferente a como ahora se le ve: demacrado y con el marcado paso de los años. Se ve, pues, cómo más el peso de los problemas y las angustias van demacrando su rostro y facciones. Ello porque la administración de Peña Nieto ha sido una administración plena de asuntos complicados e inmersa en dificultades crecientes.  

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