La imagen de Javier Duarte

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Rossy Garbbez

Rossy Garbbez

Existen tres aspectos importantes a considerar en la construcción de la imagen de una figura pública.

  1. Apariencia: Los trajes que usaba Javier Duarte mientras fue Gobernador eran muy finos, seguramente usaba las mejores marcas: se notaba al sólo verlos, lo fino de las telas y la precisión del corte. Además, aplicaba todos los códigos del buen vestir y las estrategias para comunicar aspectos positivos en cuanto a su apariencia se refiere: lucía una imagen limpia, mostrando esmero en su arreglo personal, su cabello bien peinado mostrando una apariencia pulcra.
  1. Comunicación: Dentro de su lenguaje corporal cuando fue gobernador, Javier Duarte se caracterizaba por mantener elevado el mentón; esto tiene connotaciones con una actitud de soberbia, de sentirse superior y ésa era una constante en él. Tenía también su sonrisa transmitiendo seguridad con ciertos toques de narcisismo. De hecho, llaman mucho la atención las imágenes del día de su detención: aun en ese escenario sonreía aunque sus ojos fueran de pánico. La sonrisa al hacer el análisis parecía un poco irónica y retadora como diciendo “quisieron que empezará el show, adelante, pero conmigo se irán varios”.
  1. Comportamiento: Considero que no tengo que ahondar mucho en este tema pues ya es del dominio público el resultado de sus hechos en la gestión pública; sin embargo, es importante puntualizar cómo se ve afectado el PRI por lo que Duarte hizo: se tienen prejuicios, pensamos que, si es de cierto partido, todos sus miembros serán así, y no les tendremos confianza.
Javier Duarte.

Javier Duarte.

Como podemos observar aunque se tenga todo el dinero para comprar la ropa más fina y proyectar una buena imagen, si no hay un comportamiento y una comunicación adecuada, esa imagen pública no servirá de nada porque no tiene sustento.

Así mismo, si se tiene un impecable comportamiento y una buena comunicación, pero la apariencia es descuidada, tampoco funciona. La imagen que se proyecta debe ser integral.

A Javier Duarte lo relacionan hoy en todo México con palabras negativas que lo van a acompañar toda su vida; y no sólo a él, sino a toda su familia y sus siguientes generaciones. Esta mancha se extiende a todo aquel político, amigo o compañero que haya trabajado o colaborado con él, tendrá una repercusión.

Una desprestigiada imagen tiene una alta repercusión que no sólo afecta al partido o al Estado, sino también a nuestro propio país.

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