DE MINERO A PERIODISTA

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Juan-Carlos-Partida-03-03-300x200-2En México es de mayor riesgo ser bombero, rescatista, policía, obrero de la construcción, minero o pobre, que periodista. Y eso que México es de los países calificados como peores en materia de seguridad para ejercer el periodismo. ¡Pum!, las 9 milímetros.
 
¿Entonces por qué cobran especial relevancia en redes sociales y en los medios de comunicación los asesinatos y atentados contra periodistas; nos sentimos acaso una casta especial de súper héroes dignos de la atención universal en ese nuestro ego tan propio?
 
Tal hecho además de solidaridad gremial proviene por supuesto de que un periodista no es sólo un profesional que ejerce con ética su trabajo, como se espera suceda en cualquier labor especializada.
 
Alguien que se sienta periodista debe ser vocero de una encomienda pública muy clara, la de la justicia: Ojos, oídos y contactos puestos al servicio de la ciudadanía toda. Su interés es encontrar investigando los hechos que otros -el poder, ese que ejecuta a mansalva y con impunidad- quieren ocultar.
 
Entonces matar a un periodista es cortar de la manera más brutal el derecho a la libertad de información que todos tenemos, evitar que se conozcan los entresijos del poder público, que queden en evidencia sus miserias, sus tratos y tripas con mafias empresariales y de la delincuencia organizada.
 
Al asesinar a Miroslava Breach Velducea, la corresponsal en Chihuahua y querida compañera de La Jornada, quedó de manifiesto el mensaje. “Por lengûona”, decía la cartulina que arrojaron cerca del cuerpo.
 
¿Así o más directa la cosa? No sólo con ella sino con todos los que le tecleamos o cliqueamos para ganarnos el aguachile. De Mérida a Ensenada.
 
Un poder desde lo oculto quiso dejar sentado que en México, que en Chihuahua, ser lengûón se paga con la vida. Y entonces empiezan las pulsiones: ¿Pa qué chingados se mete uno en camisa de once varas, qué acaso no piensa uno en la familia, en los hijos, en las hijas, en padres y hermanos? El mensaje soltando su veneno.
 
En Jalisco hay otras formas de matar a los periodistas, me dijo mi carnal Mario Ávila el último domingo de marzo, cuando un puñado de compañeros fuimos a realizar una protesta en el parque Revolución o Rojo (como prefiera) por los asesinatos de tres periodistas durante ese mes, incluido el de Miros.
 
En el gremio es evidente la falta de unidad, la inseguridad y precariedad laboral, los bajos salarios y las excesivas jornadas. Es común tener dos y hasta tres trabajos para completar el chivo.
 
Pero es notorio también que, pese a ese carácter justiciero que por vocación debe tener un periodista, no se ha podido lograr la unidad suficiente para en conjunto luchar por reivindicaciones laborales que beneficien a todos, para exigir seguridad y el cumplimiento de protocolos a las autoridades cuando existan amenazas.
Falta algo muy importante porque mártires hay muchos. En mis primeras semanas de reportero, allá en los lejanos 90’s, ya me tocó gritar consignas por el esclarecimiento a dos años de la muerte de Manuel Burgueño Orduño, a quien un comando armado asesinó dentro de su casa y frente a su familia en Mazatlán, Sinaloa, el 22 de febrero de 1988.
Desde entonces muchos otros periodistas han sido asesinados en todo el país, mientras la sociedad se acostumbra a meterlos dentro del desván de las cifras de muertos, víctimas colaterales en esta guerra mayor que es un país donde la delincuencia reina y manda, bien atascada desde la impunidad.
Lo mejor de todo este marasmo de injusticias, es que no han logrado que el periodismo calle. Al contrario, las balas no pueden con la verdad, que se multiplica a partir de trabajos de investigación impecables y escritos en la mejor narrativa, de su difusión y repetición espontánea en redes.
Queda eso sí el dolor y la impotencia, la rabia por otra, otras, muchas más injusticias. Pero todos sabemos que la venganza está en el teclado o en el obturador, ahí mero.
PARTIDIARIO
Mensaje 2: El 29 de marzo, de seis a diez cadáveres fueron dejados en los límites entre Colima y Jalisco, horas antes de que fuera firmado en Manzanillo un acuerdo de seguridad regional al que acudieron el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y los gobernadores de Colima, Ignacio Peralta; de Michoacán, Silvano Aureoles, y de Jalisco, Aristóteles Sandoval, además de un representante de Guanajuato. De nuevo la impunidad, la delincuencia actuando a sus anchas con mensajes escritos con la sangre de víctimas que a su vez dejan familias fracturadas…
 
Y ya con esta: Los 21.45 kilómetros de la línea 3 del tren eléctrico urbano deberían ser otros tantos aprovechados para ciclovías. El proyecto detalla que dejarán de circular 4 millones 130 mil vehículos al año gracias al tren (lo que cuando mucho corresponde a la circulación de cuatro días del parque vehicular en la zona metropolitana), también que casi 5 millones de usuarios comunes de auto optarán por el tren anualmente o que evitará que se emitan unas 17 mil toneladas de contaminantes a la atmósfera. Pero ni una ce de ciclovías, lo cual es un contrasentido pues existe el espacio y sería un boom para la circulación no motorizada…
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