SIRIA: ACCIONES Y REACCIONES

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La guerra civil en Siria podría considerarse el conflicto más sangriento del siglo XXI.

LOS REPRESENTANTES DE RUSIA Y SIRIA DENUNCIARON LA “AGRESIÓN” ESTADOUNIDENSE  CONTRA UN ESTADO SOBERANO Y UNA VIOLACIÓN AL DERECHO INTERNACIONAL

La guerra civil en Siria podría considerarse el conflicto más sangriento del siglo XXI. Basta con ver los números: en siete años hay más de cinco millones de refugiados sirios y millones más han huido a otras regiones del país. Desde 2011, más de 400,000 personas han muerto y casi 600,000 viven en zonas asediadas.

Entender este conflicto que desde sus inicios, en 2011, hasta hoy ha sufrido una gran evolución y ha contado con la participación de diferentes figuras de distintos países, no es cosa sencilla. La llamada “Primavera Árabe” fue una ola de protestas y manifestaciones pacíficas y violentas que se dieron en distintos países del Medio Oriente. Inició con la rebelión en Túnez y se dispersó a otros países árabes como Libia, Egipto, Yemen, Irak y Siria. El 15 de marzo de 2011, iniciaron las protestas en Siria después de que 15 niños fueron detenidos y torturados por pintar graffitis de apoyo a la Primavera Árabe.

El régimen del actual presidente Bashar al-Assad denunció una “rebelión armada” y respondió a las protestas matando y encerrando a cientos de manifestantes. La oposición se extendió y radicalizó, llamando a la caída del régimen. En julio de ese año, desertores del ejército sirio crearon el Ejército Sirio Libre (ESL), un grupo rebelde integrado por civiles que buscaban derrocar el gobierno de Assad. Otros grupos de tendencia islamista se suman a la rebelión y así comienza el país a hundirse en una guerra civil.

Ese mismo mes, el ESL lanza la batalla de Damasco, el gobierno logra conservar el control de la capital, pero las zonas de la periferia quedan bajo control rebelde. Tres días después, los rebeldes inician la batalla en Alepo.

Otras partes de Medio Oriente se involucran en la guerra civil siria cuando el Hezbolá chiiita libanes reconoce que combate junto al ejército sirio, mientras que el Irán chiita se convierte en el principal aliado del régimen de Assad. En agosto de 2013 el régimen sirio ataca dos zonas controladas por los rebeldes, cerca de Damasco, y es acusado de utilizar gas sarín. Según Washington, cerca de 1,400 personas murieron en ese ataque. En septiembre, un acuerdo ruso-estadounidense sobre el desmantelamiento del arsenal químico sirio evita la amenaza de bombardeos de Estados Unidos y Francia. Los yihadistas del Estado islámico en Irak y en Levante (EIIL) conquistan la ciudad de Raqa, al norte de Irak, tras combates contra rebeldes rivales. A fines de junio, el EIIL se hace llamar “Estado Islámico” (EI) y anuncia la proclamación de un califato en las amplias zonas conquistadas en Siria y el vecino Irak.

Tras más de cuatro meses de combates liderados por fuerzas kurdas (una minoría étnica que vive entre Turquía, Siria, Irán e Irak) el Estado Islámico es expulsado de la región kurda Kobané que comparte frontera con Turquía. Las fuerzas recibieron el apoyo de la coalición antiyihadista liderada por Estados Unidos. En septiembre de 2015, Rusia, aliado del régimen de Assad, inicia una campaña de bombardeos aéreos contra grupos “terroristas”, entre ellos el Estado Islámico. Sin embargo, los rebeldes y Occidente acusan a Moscú de atacar sobre todo a grupos rebeldes moderados opuestos a Assad. Estos bombardeos ayudaron al régimen, que en ese momento estaba a punto de derrumbarse, a recuperar terreno.

Casi un año después, en agosto de 2016, Turquía lanza la operación “Escudo del Eufrates” en Alepo contra dos grupos que considera “terroristas”: el EI y los combatientes de las Unidades de protección del pueblo kurdo (YPG), aliados de Washington en la lucha contra los yihadistas.

El 5 de noviembre 2016 la fuerza árabo-kurda apoyada por Estados Unidos lanza una gran ofensiva para recuperar Raqa, capital de facto del EI en Siria, paralelamente a la ofensiva llevada a cabo contra Mosul, el feudo en Irak del EI. Tras meses de intensa batalla, que costó más de 400,000 muertos, el 22 de diciembre de 2016, el régimen de Assad logró reconquistar la ciudad de Alepo. La mayor victoria del régimen desde el inicio de la guerra, gracias al apoyo militar de sus aliados rusos e iraníes.

La organización de derechos humanos Human Rights Watch reportó que en la batalla por recuperar la ciudad, el gobierno también utilizó armas químicas. El 30 de diciembre de 2016 un alto al fuego global entró en vigor, en virtud de un acuerdo cerrado bajo la protección de Rusia y Turquía, sin Estados Unidos.

Tras la victoria del régimen en Alepo, una nueva alianza militar de grupos rebeldes se formó en norte de Siria, con la intención de consolidar el control militar en la provincia de Idlib, al oeste de Alepo. El jueves 4 de abril el mundo amaneció con la noticia de que 86 sirios, entre ellos 30 niños, murieron en un ataque químico en la ciudad de Jan Sheijun, en la provincia de Idlib.

Las imágenes desgarradoras de las víctimas de este terrible ataque dieron la vuelta al mundo y la oposición y los líderes occidentales acusaron al régimen de Assad de utilizar armas químicas. Moscú y Damasco negaron dichas acusaciones. El gobierno estadounidense condenó los hechos y aseguró durante una reunión con el rey Abdullah de Jordania que tomaría responsabilidad sobre los hechos en Siria, días después el ejército estadounidense lanzó 59 misiles contra una base aérea desde donde supuestamente despegaron los aviones que lanzaron las armas químicas sobre la provincia de Idlib.

El gobierno de Damasco confirmó que durante los bombardeos murieron seis personas. En tanto, la comunidad internacional ha mostrado su apoyo al gobierno estadounidense tras el ataque a una base aérea siria que dejó un saldo de nueve personas fallecidas, incluyendo a cuatro niños.

El gobierno británico dijo que se le informó con antelación del ataque y que respalda con firmeza la operación estadounidense.

Unas horas después del ataque, el presidente francés François Hollande, se manifestó sobre el proceso de transición política necesario en Siria. Italia e Israel también calificaron de forma positiva el ataque de Estados Unidos a la base aérea de Shayrat, en la ciudad siria de Homs.

Por su parte, el primer ministro de Australia, Malcolm Turnbull, calificó la respuesta de Estados Unidos como “proporcional”. En un comunicado, el gobierno japonés mostró su apoyo por la determinación de Estados Unidos de no tolerar la proliferación y el uso de armas químicas.

El ministro turco de Exteriores, Mevlut Cavusoglu, dijo que el gobierno de Assad “debe ser apartado del control de Siria tan pronto como sea posible, y la mejor manera de hacerlo es iniciando el proceso de transición”.

Dos países del Golfo Pérsico; Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, también apoyaron el ataque de Estados Unidos a Siria. Los Emiratos Árabes Unidos, en donde están asentados 4,000 efectivos estadounidenses, dieron su “pleno apoyo” a Estados Unidos.

En contraste, aunque Estados Unidos contó con el apoyo de un gran número de naciones, otros condenaron y se opusieron al ataque aéreo. Irán, por ejemplo, condenó la “peligrosa” operación, que calificó de “acción unilateral” y aseguró que complicará más la situación en Siria y denunció a Estados Unidos por recurrir a “falsas acusaciones” para atacar a Siria. Rusia condenó la operación, calificándola como una “agresión contra un Estado soberano”, y suspendió el acuerdo firmado con Washington para impedir incidentes entre aviones de los dos países en Siria.

Javad Zarif, Ministro de Relaciones Exteriores de la República Islámica de Irán, tuiteó tras el ataque: “Estados Unidos ayudó a Sadam Husein a utilizar armas químicas contra Irán en 1980. Luego, recurrió a falsas acusaciones respecto a las armas químicas: primero en 2003 (Irak) y ahora en Siria”.

Hasta el momento, aquí en México Enrique Peña Nieto ni la Secretaría de Relaciones Exteriores se han manifestado abiertamente  sobre el reciente ataque ordenado por el gobierno estadounidense. Sin embargo, en el marco de la reunión del proceso de integración comercial entre los bloques del Mercosur y la Alianza del Pacífico, los Gobiernos de Argentina, Chile, Colombia, México, Paraguay, Perú y Uruguay manifestaron en un comunicado conjunto su profunda preocupación ante la escalada de violencia en Siria. Los países condenaron enérgicamente el empleo de armas químicas en contra de la población civil, en particular niños.

El documento, difundido por la canciller argentina Susana Malcorra, reafirmó que “el uso de armas químicas es un crimen de lesa humanidad y un crimen de guerra, proscrito por los tratados internacionales, entre ellos la Convención de las Naciones Unidas sobre la prohibición del Desarrollo, la Producción, el Almacenamiento y el empleo de Armas Químicas y sobre su destrucción”.

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Bashar Háfez al-Ásad.

El comunicado remarcó que las acciones para prevenir “esa clase de atrocidades” deben ser respaldadas por toda la comunidad internacional de conformidad con las normas del derecho internacional y los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

Las naciones hicieron un llamado a todas las partes involucradas, incluyendo a los actores con influencia en la región, a “ejercer la mayor prudencia para evitar una escalada de las tensiones y para encontrar una solución política a la muy compleja y dramática situación en Siria, bajo los auspicios de las Naciones Unidas.

Convocado en emergencia, horas después que el ejército estadounidense lanzó decenas de misiles contra la base militar aérea de Al Shayrat, en Siria, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) se convirtió, de nuevo, en un escenario de enfrentamiento entre los bloques de gobiernos afines a Estados Unidos y Rusia, lo que provocó los lamentos de los países neutrales, entre ellos China. Si bien los representantes de los países involucrados de manera directa o indirecta en el conflicto sirio afirmaron la disposición de sus respectivos gobiernos para encontrar una solución política, cada bloque de países echó la culpa al rival sobre el fracaso de la ONU para resolver la situación. El gobierno de Estados Unidos justificó el lanzamiento de misiles al aseverar que el de Bachar Al Asad perpetró el ataque con armas químicas en la ciudad de Khan Cheikhun el pasado 4 de abril. En tanto, los gobiernos de Reino Unido, Francia, Italia, Japón y Ucrania aprobaron la acción estadounidense, a la que calificaron de “respuesta proporcionada” al uso de armas químicas.

Los representantes de Rusia y Siria, por su parte, denunciaron la “agresión” estadounidense contra un Estado soberano y una violación al derecho internacional.

Mounzer Mounzer, diplomático sirio, añadió que las fuerzas armadas de su país no tienen armas químicas, a diferencia de los grupos rebeldes que, aseveró, fueron armados por Estados miembros de la ONU.

Respecto a los señalamientos de que el gobierno sirio empleó las armas químicas, sostuvo que “se busca justificar una mentira para destruir Siria, como se hizo en Irak con las armas de destrucción masiva inexistentes en 2003”.

Vladimir Safronkov, representante de Rusia ante el organismo internacional, denunció que Estados Unidos, Francia y Reino Unido parten de una lógica “troncada” cuando afirman que el gobierno sirio fue el autor del ataque aéreo, pues buscan en prioridad “un cambio de gobierno” en el país.

Las voces neutrales en el conflicto urgieron a encontrar una salida política y diplomática. El sueco Olof Skoog planteó que “el ataque levanta cuestiones sobre su compatibilidad con el derecho internacional” y pidió una investigación “imparcial y profunda” sobre el presunto bombardeo con armas químicas.

Liu Jieyi, representante de China en el organismo internacional, exigió que las investigaciones sobre los acontecimientos en Siria estén guiadas por criterios “imparciales”, y resaltó que “la vía militar sólo agravaría la situación”.

“¿Qué imagen mandamos a la comunidad internacional y qué mensaje enviamos al pueblo sirio desubicado?”, preguntó por su parte el representante de Senegal, tras deplorar la profunda división del consejo sobre la guerra en Siria.

En otras partes en Siria, ataques aéreos encabezados por Estados Unidos causaron la muerte de al menos 21 personas, entre ellas una mujer y sus seis hijos que huían en una embarcación por el río Éufrates, cerca de Raqqa, la autoproclamada capital del grupo Estado Islámico y objetivo de una importante ofensiva de las fuerzas sirias encabezadas por los curdos con apoyo de Washington. El ataque aéreo sobre una localidad en poder de los rebeldes en la provincia norteña de Idlib dejó por lo menos 18 muertos, entre ellos mujeres y niños, según el grupo activista Ariha Today. De momento no queda claro qué bando del conflicto efectuó el ataque.

Cerca de la ciudad de Homs, en la región central, una bomba estalló a bordo de un autobús que transportaba a trabajadores, lo que provocó la muerte de una mujer y que más de 20 personas resultaran heridas, según la televisión estatal.

Debido al ataque con armas químicas, Estados Unidos disparó casi 60 misiles Tomahawk contra una base aérea siria en las primeras horas del viernes. Esa acción dejó nueve muertos y constituyó la primera vez que Washington ataca directamente a las fuerzas del gobierno sirio desde que la guerra empezó en 2011.

El ataque estadounidense fue aclamado por la oposición siria y los que la respaldan, entre ellos Turquía y Arabia Saudí, pero Rusia e Irán, que apoyan a Assad, lo condenaron enérgicamente y señalaron que agredir a las fuerzas del gobernante sirio complicará la lucha contra los grupos extremistas.

El canciller turco Mevlut Cavusoglu dijo que el ataque aéreo estadounidense debería ser el inicio de un nuevo intento para poner fin a la guerra civil, en la que aproximadamente 400,000 personas han muerto y más de la mitad de la población ha sido desplazada.

Dijo que el mejor desenlace sería un acuerdo de paz que conduzca a un gobierno de transición aceptable para todos los sirios, después de las elecciones en las que todos ellos, incluidos los que viven en el exterior, pudieran votar para elegir al nuevo gobierno del país.

Pitin, presidente de Rusia.

Pitin, presidente de Rusia.

En medio de todo esto, Rusia, Irán, Hezbolá y varias milicias afines al régimen del presidente sirio, Bachar el Asad; lanzaron una advertencia a Estados Unidos de que responderán con fuerza, si es que se vuelve a atacar a Siria, como ocurrió el viernes de la semana pasada, cuando el gobierno de Trump, ordenó el bombardeo con 59 misiles Tomahawk a la base aérea de Shayrat. “Lo que Estados Unidos ha perpetrado es una agresión contra Siria, la cual cruza las líneas rojas. A partir de ahora responderemos con fuerza a cualquier agresor o cualquier violación de las líneas rojas de quien sea; América conoce nuestra capacidad de responder bien”, manifestaron en un comunicado.

Por otro lado, aliados acusan que la presencia de militares de Estados Unidos en el norte de Siria es ilegal y las convierte en ‘fuerzas de ocupación’. Las fuerzas integradas de dicha coalición de países, aseguran que redoblarán el apoyo al ejército sirio como consecuencia del ataque de Estados Unidos.

La declaración de este comando conjunto de países, se produjeron horas después de que Bachar Al Asad afirmara que Estados Unidos había fracasado en su objetivo de elevar la moral de “los terroristas” a los que apoya en Siria, con su ataque de hace días contra la base aérea. Asimismo, este pronunciamiento se da después de las declaraciones de la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, quien aseguró que no existe solución política alguna para este conflicto en Siria, si el presidente Bachar Al Asad continúa en el poder. Por su parte, Moscú ha asegurado que el presidente iraní ha transmitido a Putin que el ataque de Estados Unidos es inaceptable. “Los líderes intercambiaron opiniones sobre la situación en Siria, ambos destacaron que son inadmisibles las acciones agresivas de EE.UU. contra un Estado soberano en violación de las normas del derecho internacional”, mencionó el comunicado del Ministerio de Exteriores ruso.

Rusia suspendió un acuerdo con Estados Unidos en materia de seguridad aérea en Siria, y anunció que exigirá a Washington que explique las razones por las que lanzó un ataque contra la base aérea siria de Shairat, al que comparó con la invasión de Irak en 2003. Luego de destacar que esta vez “no se molestaron siquiera en presentar hechos”, subrayó: “Volvieron a explotar las fotografías de niños y los testimonios de diversas ONG, incluyendo a los granujas de los llamados Cascos Blancos que se dedican a diversos montajes para provocar acciones contra el gobierno de Siria”.

La diplomacia rusa ha declarado que Washington tomó la decisión de realizar una agresión contra Siria antes del supuesto ataque químico perpetrado el martes 4 en la provincia de Homs, que a su vez “ha sido usado como pretexto para una demostración de fuerza”.

“Siria no pudo usar armas químicas en Idlib porque no las tiene, como lo han demostrado en repetidas ocasiones expertos cualificados”, explicó la cancillería.

Según la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajarova, la Casa Blanca sencillamente aprovechó la ocasión para realizar el planeado lanzamiento de misiles contra el país árabe y “hacer una demostración de fuerza”.

El país gobernado por Vladimir Putin considera además que la acción unilateral obstaculiza la creación de una coalición internacional contra el terrorismo. Momentos antes del ataque, Moscú había advertido a Washington de las “consecuencias negativas” que tendría una acción militar en Siria.

“Hay que pensar en las consecuencias negativas. Toda la responsabilidad, si hay una acción militar, estará sobre los hombros de aquellos que la inicien”, dijo el embajador ruso ante la ONU, Vladimir Safronkov.

Por su parte, Damasco aseguró que estudiará la situación junto con Moscú para dar una respuesta a la reciente agresión de Washington.

En tanto, ha trascendido que un buque de guerra ruso ingresó al Mediterráneo oriental y se dirige a donde se ubican los dos destructores de la Marina de Estados Unidos que lanzaron misiles Tomahawk contra una base militar en Siria, con lo que la situación en ese punto geográfico se tensado aún más en perjuicio no solo de la región sino del mundo entero, pues de desencadenarse un conflicto bélico numerosas naciones se replegaran tanto en apoyo a Rusia y sus aliados, como a los Estados Unidos y los suyos, lo que al final podría derivar en un conflicto de proporciones mayúsculas.

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