PRI: partido zombi

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Con más rutina que entusiasmo, los priistas del país festejaron su aniversario 88 el pasado 4 de marzo. Esta organización se fundó en 1929 como Partido Nacional Revolucionario (PNR); en 1938, Lázaro Cárdenas promovió otro nombre para este instituto: Partido de la Revolución Mexicana (PRM); en 1946, con otros vientos políticos soplando a la élite del poder, cambió a su actual nombre, Partido Revolucionario Institucional (PRI). Es obvio que una institución tan longeva no siga siendo la misma al nacer. El PRI actual tiene poco qué ver con sus antecesores, en cierto modo, es un cadáver viviente.

El PRI llegó a sus 88 años en uno de sus peores crisis de la historia. En este momento las encuestas de intención electoral lo colocan en tercer lugar, por debajo del Partido Acción Nacional (PAN) y del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). El PRI va en picada en preferencias electorales y sin duda el principal responsable de ello Enrique Peña Nieto. Ningún presidente en la historia reciente de México había tenido tal nivel de rechazo (cerca de 90 por ciento). El rechazo a Peña Nieto, se traduce en rechazo al PRI. Pero no es sólo el factor presidencial, pues el PRI es el partido de una camada de gobernadores corruptos y en fuga (César Duarte, Javier Duarte, Roberto Borge entre otros).

En el discurso del 88 aniversario, Peña Nieto trato de justificar por qué tiene tan mala imagen. Dijo que a diferencia de anteriores gobiernos de oposición, “nosotros sí nos atrevimos a asumir los costos y a tener la audacia para impulsar las grandes transformaciones del país. Entendimos que la popularidad es efímera, mientras que el ejercicio de la responsabilidad trasciende en el tiempo”. Es decir, trató de justificar que aunque impopulares, las reformas estructurales que ha impulsado son necesarias para el país. La oleada de protestas sociales que ha habido en el país a lo largo del sexenio, desmienten esta explicación del inquilino de Los Pinos.

Luego de tratar de justificar su mala imagen, Peña Nieto intentó rescatar el legado histórico del PRI para el país. En 88 años de existencia, dijo Peña Nieto, “el PRI ha estado en los momentos cruciales de México, ha sido protagonista de las grandes hazañas de nuestra historia reciente. En ese lapso, el PRI una y otra vez ha sabido adaptarse, levantarse cuando ha sido necesario y salir a triunfar por el bien de México”.

LA FRASE ESTÁ BIEN COMO DISCURSO DE MITIN PARTIDARIO, PERO NO RESISTE EL ANÁLISIS DE NINGÚN HISTORIADOR SERIO

Si bien el abuelo del PRI fue fundado todavía por algunos actores de la revolución mexicana y en los siguientes gobiernos desplegó una política reformista que produjeron la narrativa de un programa de desarrollo dentro del “nacionalismo revolucionario”, antes de la mitad de su vida, el PRI se convirtió en lo que es ahora: un partido autoritario, impuesto a ganar con votos o con fraude, una correa de transmisión del poder a las clases sociales mediante los sectores corporativos, una clase política acostumbrada a permanecer en el poder y a enriquecerse.

En suma, el PRI se convirtió en una pieza clave en el sistema político de dominación y en desarrollo capitalista del país. La clase adinerada de este país le debe buena parte de sus fortunas al PRI.

Fueron gobiernos priistas los que mediante golpes represivos de gran envergadura impidieron la organización independiente de distintos sectores sociales (ferrocarrileros, maestros, médicos, estudiantes, campesinos, partidos opositores). Mediante la persecución, la ilegalidad, los encarcelamientos y en no pocas veces, con grandes masacres, los gobiernos priistas mantuvieron el control del poder.

Ahora en su senectud, Peña Nieto pide a la sociedad que se recuerde al tricolor como el partido de las “grandes hazañas” de este país. Más que a las “grandes hazañas”, la mayoría asocia al PRI con autoritarismo, clientelismo, crisis económicas, matanzas como la de 1968, fraudes electorales como el de 1988 y escandalosa corrupción a lo largo de su historia. Si alguna vez el PRI fue una fuerza progresista, hace mucho dejó de serlo. Desde hace tiempo es un partido zombi, una fuerza política muerta en vida.

@rmartinmar

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