Periodistas: ¡Cristo, Ten Misericordia!

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Bruno Lopez-02-02“Me hartan esas personas que publican todo en Facebook: ‘La mosca más grande que he visto (foto de la mosca) #moscagrande #jajajadisfrutandoelsol’… ¡Eso a nadie le interesa! ¡CTM! (¡Cristo Ten Misericordia!)”.

El primer párrafo no es mío. Es de Frida, una jovencita muy lista de 13 años que le da un uso extraordinario a sus redes sociales: es simpática, entretenida, escribe sin errores de ortografía, sus post tienen principio, desarrollo y fin, son atemporales, siempre están contextualizados, pero sobre todo van dirigidos a un público muy concreto, sus amigos…

Frida no estudió periodismo. Al menos todavía no. Pero usa sus redes de mucho mejor forma que algunos periodistas que leo cotidianamente en internet. Esto viene a cuento por el alboroto que se hizo con el profesor de la Preparatoria 10 de la UdeG: un alumno lo graba dando una clase, edita el video, sube a las redes su mensaje machista y grosero, los periodistas y los medios lo replican sin consultar la fuente.

Posteriormente vino la cruda: los periodistas linchan sin investigar; replican noticias falsas; debemos repensar el papel de los periodistas en tiempo de redes sociales…

Después de leer el rosario de mea culpa y de buenos propósitos, no estaría mal empezar por lo primero: hoy algunos periodistas no sólo hacen mal su trabajo, sino que ¡una niña de 13 años como Frida podría hacerlo mejor que ellos!

Aquí van unos ejemplos: periodistas que muestran en redes sociales sus deficiencias gramaticales y estructurales pero lejos de avergonzarse de ellas todavía invitan a leer sus columnas; periodistas que escriben comentarios que ni en su casa los entienden, pues siguen la moda de poner en redes lo que les pasa por la cabeza; periodistas que avientan frases como “pero ya sé quién fue y en esta vida todo se paga” y uno con cara de ¿a qué carajos se refiere esta mujer?; periodistas que postean sin dar contexto alguno como si estuvieran frente al salón de clases de siempre o en el lavadero de la vecindad a donde acuden con regularidad…

Incluso hay periodistas de ésta y otras ciudades que postean mensajes para sus familiares esperando que todos entendamos su significado; fotoperiodistas que se la pasan posteando fotos de ellos en la cantina pero que nunca presumen una foto suya de primera plana; en las redes el fotógrafo es en sí mismo el objetivo de su trabajo, mientras sus fotos se quedan arrumbadas en alguna cuenta de flickr de algún funcionario.

Periodistas cuya mayor gracia es replicar contenidos de otros medios, la mayoría de las veces sin ton ni son; periodistas que se sienten periodistas replicando todo el día los tweets de Donald Trump o videos de Michelle Obama: normalmente son también los que replican información de algún asalto a punta de pistola en el Mercado San Juan de Dios o algún incendio en el Bosque de la Primavera, o lo que es peor, frases de algún filósofo al que nunca han leído o fechas de eventos importantes ocurridos hace 200 años. El chiste es tener presencia en las redes sociales.

PERIODISTAS QUE NO HAN ADVERTIDO QUE SU CUENTA DE FACEBOOK ES EN MUCHAS OCASIONES MÁS IMPORTANTE O MÁS LEÍDA QUE SU COLUMNA PUBLICADA EN UN MEDIO QUE YA NADIE COMPRA NI BUSCA

Periodistas queriendo distinguir su vida profesional de su vida privada: “en mi cuenta del feis sólo tengo amigos”; periodistas con problemas de identidad: “lo que publico en Facebook es a título personal, no refleja mi trabajo en mi periódico”; periodistas aventando madres y un sin fin de palabras altisonantes: “porque tengo derecho a hablar y escribir como me dé la gana por eso es mi feis”. Periodistas cuyas columnas tienen 5o visualizaciones en su medio porque ni ellos las promueven, pero 200 likes la última foto que compartieron de su último evento social.

Periodistas que se han convertido en su principal noticia, como lo fotógrafos se convirtieron en su mejor objetivo, en su mejor disparo; periodistas de televisión a los que nunca se ha visto a cuadro o informando, pero que en redes invariablemente difunden sus fotos en bodas y quinceañeras. Periodistas cuya mayor gracia es reproducir GIF’s o el meme del día vociferando que lo que piensen de él le vale madre.

No falta el periodista quien, rascándose la panza en el Olimpo, da clases de ética y buenas costumbres exigiendo que no se entrometan en la vida privada de los políticos, cuando ellos nos comparten las fotos de todo lo que hacen para ganar votos y likes: fotos con su familia, fotos con la esposa, fotos del carrito del supermercado, fotos en el menudo y en los grasientos tacos de la esquina, fotos jugando futbol, fotos dando una limosna a la pobre señora que vende mazapanes. Ah, pero que no lo sorprendan dándole sus besitos a una mujer que no es su esposa porque eso es invadir su vida privada “y eso a nadie nos conviene”. Periodistas que quieren defender con arcaicos preceptos morales algo que tecnológicamente los rebasó hace muchísimo tiempo…

Ergo: la opinión pública ya no es la publicada, sino la compartida; contenido que no se promueve no existe, porque el lector ya no va, desde hace mucho tiempo, a los sitios de noticias, sino llega a ellos a través de la ventana que suponen las redes sociales; el medio ya no es el mensaje, ahora las plataformas pueden ser ilimitadas; y mientras algunos periodistas quieren conservar en su Facebook sólo a sus amigos, queriendo ser periodistas de 9 a 6, los políticos quieren convertirse en periodistas y le meten un mundo de dinero público para crecer sus seguidores en redes.

¿El meollo es si se debe reproducir un contenido sin antes ir a la fuente primaria? Sin duda eso es muy importante, pero también mientras están enfrascados en esas discusiones, Frida, una muchachita de secundaria, sabe dónde está parada, entiende mucho mejor la manera en que debe transmitir su mensaje, usa de manera natural el lenguaje que requiere la red. Periodistas: ¡CTM!

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