REPLIEGUE Y REVIRE

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Salvador Cosio-08Como torrencial aguacero ha caído sobre la Casa Blanca el hecho de las ya no supuestas, sino confirmadas y reiteradas reuniones que hoy altos funcionarios del gobierno de Donald Trump han tenido con el gobierno ruso de Vladimir Putin en diversas recientes fechas. Incluso como ya es del dominio público, se ha dicho que hasta el propio magnate podría estar directamente involucrado en los señalamientos y peor aún, que el gobierno ruso lo tendría captado en videos reveladores que exhiben a Trump en escandalosas fiestas sexuales, asunto que hasta ahora no ha dejado ser más que una mera especulación, pero que genera duda porque no ha sido desmentida de manera tajante, ni categórica. En este sentido es ahora el influyente joven Jared Kushner, el asesor y yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de quien se ha relevado que también se reunió con el embajador ruso en Washington, Sergei Kislyak, aunque en su caso lo hizo durante el periodo de transición, una vez que el empresario neoyorquino ya había ganado las elecciones.

La Casa Blanca confirmó el encuentro entre Kushner y Kyslyak, que ocurrió durante el mes de diciembre en la Torre Trump de Manhattan en el marco de una procesión de empresarios, embajadores, políticos, celebridades e incluso mandatarios por las oficinas del entonces presidente electo.

Kushner, el marido de Ivanka Trump, participó del encuentro que tenía como objetivo, dicen, “establecer una línea de comunicación” entre el Kremlin y los nuevos inquilinos de la Casa Blanca como invitado del dimitido asesor de seguridad nacional de Trump, el general Michael Flynn, que era el que tenía el contacto con Kislyak.

A diferencia de los escándalos que estallaron con Flynn y con el fiscal general, Jeff Sessions, por reunirse con Kislyak durante la campaña, en medio de una tormenta política por la presunta injerencia del Kremlin en los comicios, el encuentro con Kushner sucedió una vez electo presidente a Trump, pero ello no para la polémica.

Flynn dimitió hace unas semanas después de que se filtrara que mintió a altos cargos de la Casa Blanca sobre el contenido de sus reuniones con Kislyak, mientras que Sessions anunció recientemente que se aparta de las investigaciones que su departamento, el de Justicia, lidera sobre la injerencia de Rusia en los comicios y los nexos entre la campaña de Trump y el Kremlin.

Las primeras semanas de una presidencia de Estados Unidos suelen estar llenas de optimismo.

La revelación se produjo sólo dos semanas después de que el principal asesor de seguridad nacional de Trump, Michael Flynn, se vio obligado a dimitir luego de engañar al vicepresidente Mike Pence sobre una conversación con el embajador de Rusia en Washington, Sergey Kislyak, el mismo diplomático con el que Sessions se reunió dos veces el año pasado, según el Departamento de Justicia.

Kislyak está resultando venenoso para el gobierno de Trump. Se descubrió que dos altos funcionarios nombrados por el presidente hablaron con el embajador antes del primer día de Trump en la presidencia y luego no revelaron esas conversaciones cuando se les preguntó acerca de las comunicaciones con Rusia.

Kislyak es considerado por la inteligencia estadounidense como uno de los principales espías de Rusia y reclutadores de espías en Washington, según los actuales y antiguos funcionarios del gobierno estadounidense.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró: “Nadie ha escuchado una sola declaración de los representantes de las agencias de inteligencia de Estados Unidos con respecto a nuestro embajador. De nuevo, estas son suposiciones despersonalizadas de los medios que están constantemente tratando de sacar esta situación de sus proporciones”.

Cuando se le preguntó sobre Rusia durante su audiencia de confirmación, Sessions respondió que “no tenía comunicaciones con los rusos”. Pero un funcionario del Departamento de Justicia confirmó más tarde que el actual secretario de Justicia se había reunido en dos ocasiones con Kislyak: en julio, al margen de la convención republicana, y en septiembre en su oficina cuando era miembro del Comité de Servicios Armados del Senado.

Sessions respondió rápidamente a las acusaciones, asegurando que él “nunca se reunió con funcionarios rusos para discutir asuntos de la campaña”, diciendo que los señalamientos eran “falsos”.

La portavoz de Sessions, Sarah Isgur, dijo que no había nada “engañoso sobre su respuesta”, ya que no se le preguntó específicamente sobre “las reuniones que tuvo como senador y miembro del Comité de Servicios Armados”.

Los demócratas de la oposición se han apresurado a pedir la renuncia de Sessions, señalando que él supervisa al Departamento de Justicia y al FBI, que han liderado una investigación sobre las actividades rusas en Estados Unidos.

La historia con Flynn es similar. El Washington Post informó en primera instancia que Flynn había hecho varias llamadas al embajador en diciembre, antes de que Trump asumiera el cargo, incluidas algunas el mismo día en que el gobierno de Barack Obama había impuesto nuevas sanciones a Rusia por la presunta intromisión electoral. 

Flynn admitió haberle dado a Pence “información incompleta” sobre sus “llamadas telefónicas con el embajador ruso” y se vio obligado a dimitir el 13 de febrero después de sólo 23 días en el cargo.

La renuncia de Flynn se produjo después de que surgieran informes según los cuales el Departamento de Justicia había dicho a la Casa Blanca sobre las llamadas telefónicas de Flynn con el embajador. Sólo dos días después, oficiales de la policía y funcionarios del gobierno y de inteligencia dijeron que los asesores de alto nivel cercanos a Trump estaban en constante comunicación con los rusos conocidos por la inteligencia estadounidense durante la campaña electoral.

Ellos mencionaron a Flynn, así como al entonces presidente de la campaña, Paul Manafort, quien niega las acusaciones.

Las comunicaciones fueron interceptadas durante la reunión rutinaria de inteligencia dirigida contra funcionarios rusos y otros ciudadanos rusos conocidos por agencias estadounidenses.

Trump descartó las acusaciones en un tuit, diciendo que “el sinsentido de la conexión rusa es simplemente un intento de ocultar los muchos errores cometidos en la campaña perdedora de Hillary Clinton”.

El magnate se quejó de las fugas que salían de las agencias de inteligencia, calificándolas de amenazas a la seguridad y tildando de propagadores de “noticias falsas” a los medios que cubrieron la información.

Un poco más de una semana antes de que Trump fuera juramentado como cuadragésimo quinto presidente estadounidense, se dio a conocer que Trump y el ahora expresidente Barack Obama fueron informados sobre la existencia de un expediente que hacía acusaciones condenatorias pero infundadas, incluyendo que los agentes rusos tenían información comprometedora sobre Trump.

En febrero, investigadores estadounidenses dijeron que habían corroborado algunos detalles en el documento de 35 páginas, compilado por un exagente de inteligencia británico, a través de comunicaciones interceptadas, dando cierto peso a la veracidad de algunas partes del documento mientras se investigan otras acusaciones.

Los investigadores no confirmaron algunas de las acusaciones más polémicas, pero sí detallaron alrededor de una docena de conversaciones entre altos funcionarios rusos y otros individuos de ese país mencionados en el documento.

La sinopsis de dos páginas presentada originalmente a Trump y a Obama incluyó acusaciones de un intercambio continuo de información durante la campaña entre los representantes de Trump y los intermediarios del gobierno ruso, según dos funcionarios de seguridad nacionales. La Casa Blanca ha negado las acusaciones hechas en el expediente y también las ha descartado como “noticias falsas”.

El presidente ruso, Vladimir Putin, también rechazó las acusaciones como “basura”.

Tanto el equipo de Trump como los funcionarios rusos habían abogado por mejores relaciones entre los antiguos adversarios de la Guerra Fría, y Trump y Putin intercambiaron elogios abiertamente durante la campaña.

A pesar de los llamamientos del Kremlin para unas relaciones más cálidas, Rusia ha hecho una serie de movimientos provocativos desde que Trump asumió el poder. El 14 de febrero, un alto funcionario militar aseguró que Rusia había desplegado un misil de crucero en una aparente violación a un tratado que lo prohíbe.  El Kremlin negó haber violado el tratado.

Moscú también ha puesto un barco de espionaje frente a la costa de Delaware y realizó vuelos cerca de un buque de guerra de la Armada estadounidense, lo que inquietó a funcionarios estadounidenses. El gobierno en Washington no ha establecido oficialmente ningún vínculo entre los tres eventos. El misil de crucero lanzado desde tierra parece ir en contra del tratado de 1987 sobre las Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio, dijo el funcionario militar. El New York Times informó del lanzamiento en primera instancia.

Aunque se negó a hablar sobre asuntos de inteligencia, un portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos dijo que Rusia estaba violando el tratado.  Mark Toner, portavoz interino, dijo que Rusia estaba obligada a “no poseer, producir, ni probar un misil de crucero lanzado desde tierra con una capacidad de alcance de 500 a 5,500 kilómetros, o poseer o producir lanzadores de tales misiles”. 

Se cree que Rusia probó uno de esos misiles en 2014. El 10 de febrero, un buque de guerra de la Marina de Estados Unidos en el Mar Negro tuvo tres encuentros considerados inseguros y poco profesionales con aviones rusos, debido a lo cerca que volaron éstos, según un alto funcionario de defensa. Moscú rechazó la acusación, con el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Igor Konashenkov, asegurándole a los medios de comunicación que no había habido tal incidente.

Por otro lado, el gobierno de Trump y el Kremlin ya se han entrelazado en una polémica sobre la anexión de Crimea por parte de Rusia. Mientras crece el escrutinio sobre los vínculos de Washington con Rusia, el secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, dijo que Trump, por el contrario, había sido “increíblemente duro con Rusia”.

“Él continúa insistiendo sobre la cuestión de Crimea, una región la cual el gobierno anterior permitió que fuera anexionada por Rusia. Su embajadora ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, se presentó ante el Consejo de Seguridad de la ONU en su primer día y denunció enérgicamente la ocupación rusa de Crimea”, le dijo a periodistas en una rueda de prensa.

Donald Trump.

Donald Trump.

Afirmó que Trump había dejado claro que esperaba que el gobierno ruso “desescale la violencia en Ucrania y devuelva a Crimea”, mientras que al mismo tiempo persigue mejores relaciones con Rusia.

En tanto, el Kremlin respondió a los comentarios de Spicer. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Maria Zakharova, dijo que Rusia “no devolverá nuestro territorio, y Crimea es parte de la Federación Rusa”.

Rusia se anexó Crimea, un territorio en la antigua república soviética de Ucrania, en marzo del 2014 luego de las tensiones con su vecino. Estados Unidos, la Unión Europea y varios países occidentales impusieron sanciones a Rusia por la anexión.

Donald Trump firmaría este lunes una nueva versión de su decreto sobre la inmigración, suspendido por la propia justicia norteamericana tras haber suscitado una enorme controversia y sembrado el caos en los aeropuertos del país y a la par en los del mundo donde hubiera vuelos hacia los Estados Unidos en que pudieran estar viajando ciudadanos originarios de los países vetados de manera unilateral por el xenófobo inquilino de la Casa Blanca.

La acción ejecutiva del 27 de enero prohibía el ingreso a Estados Unidos por 90 días de personas originarias de siete países de población mayoritariamente musulmana, por 120 días de los refugiados de cualquier procedencia y de los refugiados sirios de manera permanente.

La medida provocó desde luego, indignación en todo el mundo y una ola de protestas en Estados Unidos, así como el caos en decenas de ciudades, especialmente en los aeropuertos.

El 3 de febrero un juez de Seattle bloqueó la aplicación del decreto y el 9 de febrero el tribunal de apelaciones de San Francisco mantuvo esta suspensión.

La orden original, que se dejó de aplicar por la intervención de la Justicia federal, alcanzaba indiscriminadamente a quienes no tenían visado, a quienes tenían visas que les permitían viajar o trabajar —se revocaron unas 60,000— y también a poseedores de permiso de residencia, comúnmente llamado green card.

Algunos altos funcionarios de la administración Trump, como el Secretario de Estado, Rex Tillerson, o el Secretario de Defensa, James Mattis, abogan para que Iraq sea sacado de la lista de países con veto para viajar. Las razones que aducen los funcionarios son diplomáticas, ya que Iraq juega un papel importante en la lucha contra la denominada agrupación terrorista conocida como ISIS.

A mediados de febrero, el Secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, había dicho que Trump consideraba “emitir una versión más ajustada, más simplificada, de la primer orden ejecutiva”. Kelly agregó que el nuevo texto incluiría la provisión de un breve período de introducción gradual del veto, para permitir que la gente que ya está en tránsito pueda ingresar al país, algo que se impidió con el decreto original.

Según una fuente de la Casa Blanca, en el nuevo veto están exentas las personas con tarjeta de residencia y con doble ciudadanía que incluya la estadounidense y los países que estén en la lista del veto. El nuevo bosquejo tampoco ordenaría a las autoridades que pongan especial atención —y rechacen— a refugiados sirios cuando procesen nuevas solicitudes de visa.

La nueva firma del decreto estaba prevista para el pasado miércoles, pero dada la buena recepción que tuvo el discurso de Trump en el Congreso y que fue favorable para su imagen, la fecha fue recorrida.

La nueva versión de las restricciones migratorias del Donald Trump se centra en las mismas siete naciones listadas en el decreto original y exenta a personas que de antemano cuentan con una visa para viajar a Estados Unidos, aun si no la han usado todavía.

El periódico Wall Street Journal también reportó que el borrador actual del decreto modificado se enfocaba en las siete naciones pero excluía a personas con tarjeta de residencia permanente, conocida como green card.

El decreto original de Trump ocasionó caos en varios aeropuertos alrededor del mundo cuando los viajeros, incluidos residentes permanentes de Estados Unidos, quedaron varados al entrar en vigor la orden ejecutiva. Abogados brindaron asistencia jurídica a los retenidos y manifestantes llegaron a los aeropuertos una vez que se propagaron las noticias sobre la implementación del decreto.

Si bien los refugiados sirios ya no son rechazados automáticamente bajo el nuevo decreto, es muy probable que el ritmo de ingreso de refugiados de todos los países a Estados Unidos disminuya significativamente, ya que las cortes que suspendieron el decreto no abordaron el límite de los 50,000 refugiados por año establecido por Trump, una reducción de más de la mitad con respecto al límite impuesto por el gobierno de Barack Obama.

Otro tema que será relevante en próximos días es que lo que no ha hecho el gobierno mexicano en meses, luego de la impresionante devaluación del peso mexicano frente al dólar estadounidense, lo vino a hacer el nuevo Secretario de Comercio del vecino país del norte, que al emitir una declaración con respecto a nuestra moneda, hizo casi por arte de magia que misma recuperara terreno frente al billete verde.

El multimillonario Wilbur Ross fue confirmado recientemente por el Senado estadounidense como nuevo secretario de Comercio, a pesar de los intensos cuestionamientos sobre sus contactos comerciales con oligarcas rusos.

En total, 72 senadores (de un total de 100) votaron a favor de la nominación de Ross, un empresario de 79 años que tendrá la responsabilidad de hacer realidad la política industrial de Donald Trump, quien prometió promover la creación de empleos.

Ross -quien sucede en el cargo a otra millonaria, Penny Pritzker, quien ocupó el cargo durante el gobierno de Barack Obama- deberá coordinar la política comercial estadounidense con Robert Lighthizer, quien espera ser confirmado como representante especial de comercio exterior.

Nacido en 1937, Ross hizo fortuna al frente de su propia empresa, WL Ross & Co., especializada en “salvar” empresas siderúrgicas en dificultades. En la actualidad, la revista Forbes estima su fortuna personal en unos 2,500 millones de dólares.

La primer sorpresa fue el voto de 20 senadores del Partido Demócrata a la nominación de Ross, la segunda, que sus primeras declaraciones, oxigenaron al peso mexicano.

Durante el debate, la senadora Elizabeth Warren, representante del ala más progresista del Partido Demócrata, había definido a Ross como la “caricatura” de una marioneta de Wall Street.

Los cuestionamientos a Ross, sin embargo, se centraron en su desempeño como vicepresidente del Banco de Chipre, desde 2014, lo que le habría permitido establecer vínculos cercanos con importantes empresarios rusos.

Rescatado de la quiebra en 2013, ese banco chipriota tiene como segundo mayor accionista al conglomerado ruso Lamesa Holding, de propiedad del ruso Viktor Vekselberg, quien posee una fortuna estimada en unos 12,000 millones de dólares.

En el cuadro del directorio de administración del banco se encontraba también Vladimir Strzhalkovsky, señalado como un exagente de la inteligencia rusa cercano al presidente Vladimir Putin.

Por esa razón, los senadores quisieron saber si Ross había mantenido “el menor contacto” con funcionarios rusos durante la campaña presidencial del año pasado y si el banco de Chipre había realizado negocios con el grupo inmobiliario de Trump. Total que al margen de ello, lo que para nuestro país importa es lo que dijo el funcionario, y es que la declaración fue así: El peso podría recuperarse “bastante” si México y Estados Unidos logran un acuerdo sensato en una renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). “El peso ha caído bastante, principalmente debido a temores sobre qué ocurrirá con el TLCAN”, dijo Ross en una entrevista. “Creo que, si nosotros y los mexicanos logramos un acuerdo comercial sensato, el peso mexicano se recuperará bastante”.

Y el funcionario tiene razón, el peso ha perdido más de 10 por ciento en el último año, lo que ha aumentado el costo de las importaciones de México y ha hecho más competitivas sus exportaciones.

El peso mexicano llegó a apreciarse un 2.3 por ciento tras las declaraciones de Ross. El secretario de Comercio dijo que la primera prioridad comercial de la administración de Donald Trump es renegociar el TLCAN, pacto que Trump calificó en su campaña como el “peor” acuerdo comercial de la historia. El Gobierno ha indicado que el objetivo de las reformas será México y que solo se efectuarán ajustes a los lazos con Canadá.

Las prioridades estadounidenses en la negociación del TLCAN serán ajustar “bastante” las normas de denominación de origen, que determinan cuántos productos pueden ingresar de países que no son miembros del TLCAN, pero que de todos modos reciben beneficios arancelarios del acuerdo, los que ahora son “demasiado indulgentes”. Las negociaciones para modernizar el pacto comercial también abordarán mecanismos para asegurar que la tasa de cambio peso-dólar sea más estable y analizar formas para que los trabajadores mexicanos reciban mejores salarios y tengan mejores estándares de vida.

“El énfasis estará puesto primero en facilitar las exportaciones estadounidenses a otros países, eliminando las barreras arancelarias y no arancelarias al comercio”, dijo Ross. “La otra parte de eso será evitar que bienes subsidiados de manera ilegal ingresen (a Estados Unidos), y que ello realmente se cumpla”.

El estratega que Trump buscó para fortalecer el comercio estadounidense con el mundo también ha dejado entrever qué líneas de crédito apuntalarían la recuperación que el peso ha enfrentado en los últimos meses, como una de las monedas más vapuleadas del mundo.

La divisa mexicana cerró el viernes en una cotización de 19.54 pesos frente a los 19.87 pesos por unidad del viernes 24 de febrero.

El peso se apreció 2.0% este viernes en las ventanillas de los bancos al cerrar en 19.90 unidades por dólar contra las 20.30 del jueves. Ese día el dólar llegó a retroceder hasta 43 centavos al cierre de la sesión cambiaria en bancos de la Ciudad de México, generando así una frágil primer buena noticia para nosotros como país en todo lo que va del nuevo gobierno estadounidense, días en que no hemos sentido lo duro, sino lo tupido de un inentendible odio del racista que por ahora está sentado en la silla principal del gobierno más influyente del mundo.

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