Nación desgarrada

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El gobierno de Enrique Peña Nieto está tan mal que hasta los actos cívicos cotidianos le salen mal. Buena parte de los mexicanos vieron en noticieros tradicionales o en redes sociales las imágenes y videos del acto oficial de conmemoración del día de la bandera el pasado viernes 24 de febrero, convocado en el Campo Marte de la Ciudad de México. La ceremonia se encontraba en su punto clave, es decir, en el izamiento de la bandera monumental, cuando un incidente desgarró la tela por lo que, cuando la bandera se exhibía por lo alto del mástil, mostraba una rotura descomunal.

Fue cuestión de minutos para que la república instantánea que son las redes sociales encontraran el sentido irónico de ese desaguisado: la bandera rota era la mejor metáfora de una nación desgarrada y en profunda crisis.

En efecto, la mexicana es una sociedad desgarrada. Desgarrada por la guerra no convencional que sangra a millones de familias, por los asesinatos, las desapariciones, los secuestros, los perseguidos o los desplazados. Es una guerra mal llamada contra el crimen organizado que se ha vuelto en la principal fuente de violencia, estrés y preocupación para la mayoría de la población. Nunca varias generaciones de mexicanos nos sentimos tan inseguros o amenazados como ahora.

México es una sociedad desgarrada por la economía política neoliberal que ha agravado los problemas de la nación y que ha incrementado el antagonismo social al favorecer a una pequeña minoría de propietarios a costa de la exploración y el despojo sobre la mayoría. Nunca tan pocos tuvieron tanto a costa de millones con tantas carencias en este país.

La mexicana es una sociedad desgarrada por una clase política que al mirar sólo a favor de sus intereses, ha traicionado sus promesas de cumplir las leyes y representar al pueblo, convirtiéndose en una aristocracia que mediante maquinarias de corrupción se enriquece y entrega los bienes comunes a favor de grandes corporaciones privadas.

En este cuadro desolador, no es casual que se destruyan las esperanzas de los mexicanos, y de que la crisis de las instituciones se acentúe.

En una encuesta mundial reciente, México encabeza la lista de países donde las cosas van en la dirección equivocada.

En la encuesta Ipsos Public Affairs levantada en 25 naciones (con entrevistas a 18,110 personas) la pregunta central es si las cosas van en la “dirección correcta” o “dirección equivocada”. En México, 94 por ciento de los entrevistados respondió que van en dirección equivocada y solamente 4 por ciento respondió que van en la dirección correcta. Dos países se acercan a México: Francia con 88 por ciento y Corea del Sur con 87 por ciento de entrevistados que consideran que las cosas van por el mal camino. En contraste, en China 90 por ciento de la población cree que las cosas van por el buen camino y 10 por ciento por el camino equivocado. Arabia Saudita y la India están en el top tres de poblaciones optimistas con 90 por ciento y 80 por ciento, respectivamente, de quienes creen que sus naciones van por el camino correcto. El promedio mundial dijo que 63 por ciento van en la dirección equivocada y 37 por ciento por el camino correcto (los resultados de esta encuesta s pueden consultar aquí: http://www.visualcapitalist.com/countries-going-right-direction/).

Esta encuesta se levantó en noviembre de 2016, por lo que no mide el estado de ánimo de los mexicanos tras el gasolinazo y tras la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, con su rosario de agravios y amenazas a México.

Pero no es ésta la única medición que confirma el estado de crisis de las instituciones y la percepción de hartazgo e irritación social que permea en la sociedad mexicana. El portal de Expansión acaba de reseñar el TrustBarometer 2017 de la consultora Edelman, Allan McCrea.

Según este estudio de opinión, únicamente 8 por ciento de los entrevistados manifestó confianza en el sistema, pues entre la población persisten sentimientos como la injusticia, la falta de esperanza, la desconfianza y el deseo de cambio. Los asuntos que generan mayor temor son el desgaste de valores sociales (84 por ciento), la globalización (81 por ciento) y la corrupción (79 por ciento). Por eso no extraña que la clase política (“dirigentes del sector público”) aparezca apenas con 20 por ciento de confianza, uno de los menores niveles a nivel mundial (la nota completa puede consultarse aquí: http://expansion.mx/nacional/2017/02/22/la-desconfianza-de-los-mexicanos-un-caldo-de-cultivo-para-el-populismo).

Éste es el tamaño del desastre nacional, sintetizado en la anécdota de la bandera desgarrada.

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