¿La hora de AMLO?

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Salvador Cosio-08El escenario de cara a la elección federal de 2018 es, a todas luces, adverso para el Presidente de la República. Su grupo más cercano de colaboradores, y podría decirse socios o cómplices, de su proyecto político, muestra un escenario mucho muy complejo para el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Éste, al ser y estar sometido al “liderazgo” de Enrique Peña Nieto, el PRI carga con todo el peso negativo de la pésima imagen que guardan tanto el mandatario como su administración.

Es evidente la profunda debilidad institucional al no existir condiciones adecuadas para combatir con energía el incremento de violencia e índice de criminalidad, además del flagelo que son la corrupción y la impunidad. Todo esto demuestra la terrible incapacidad del Estado para brindar certidumbre, legalidad, seguridad jurídica y protección a los ciudadanos. Se destaca, también, la tremenda incapacidad e insolvencia de las instituciones que deberían de brindar procuración e impartición de Justicia a la sociedad, acusando severas fallas en la salvaguarda y defensa de los derechos humanos fundamentales.

La mayoría de la población mexicana vive sin acceso a la justicia. La fragilidad institucional permite tanto el abuso en el uso de la fuerza de las corporaciones  policiales como de las dependencias castrenses. Sin contar el abuso de poder de funcionarios que se sirven de su encargo público y flagelan al pueblo tanto con el desfalco al erario, la maquinación de contratos para el beneficio personal, como con el perverso control de las instancias que deben generar transparencia, rendición de cuentas y fiscalización y sirven sólo de criminales comparsas de los maleantes. Son miles de millones de pesos los que se sabe han sido malversados; es grave, pues, el altísimo monto del endeudamiento público.

Así mismo, la vulnerabilidad institucional que ha engendrado gran penetración del hampa en los gobiernos, permite extrema violencia que produce turbulencia social, ausencia del imperio del estado de derecho pleno con degradación de la seguridad, injusticia y saqueo de recursos naturales y fondos públicos empujando a la nación al abismo. Estas tropelías son soslayadas o toleradas por quienes detentan el poder, al grado que el Presidente Peña Nieto ha llegado a expresar que no se explica el malhumor social, y se manifiesta sorprendido y desilusionado por que la sociedad no le aplaude. Peña sigue sin aceptar que, según encuestas, 93 de cada 100 mexicanos repudia su gestión, además de haber perdido el respeto y liderazgo en su partido el PRI.

Y es que al seno del PRI es un asunto claro el que Peña Nieto cuenta con la aceptación de sólo poco más del 6% de los mexicanos. Y aunque tras los constantes altercado de México con Trump surgió un gran movimiento nacionalista repudiando al lenguaraz racista que desgobierna EEUU, deben distinguir entre manifestación a favor del país y el que sea perseverante el rechazo social a las medidas gubernamentales impulsadas por el Presidente de México quien, como se señala, enfrenta la insurrección al seno de su partido, así como la división y choque entre sus colaboradores más cercanos. Hay voces de personajes influyentes al seno del PRI que plantean la urgente remoción del gerente en turno de la dirigencia nacional, Enrique Ochoa Reza, para poder elegir un nuevo dirigente con fuerza para concitar a los diversos grupos al seno del priismo. Se pretende así buscar opciones ante la debacle del gobierno, separando al partido del nefasto control y pésima imagen social del Presidente a fin que ya no los arrastre más hacia un hondísimo abismo.

Es partir de la creciente inconformidad como aumenta entre los priistas la búsqueda de opciones para eliminar a Peña de su esfera, y buscar oxigenar la institución sin el influjo de la podrida imagen presidencial. A éstos les resulta claro que deben buscar postular candidatos exentos de ese mal influjo con los que puedan, quizá, aspirar a una menos catastrófica derrota que les permita resurgir en futuros comicios.

Es por ello que muchos liderazgos priistas, con influencia e impacto estatal o regional, han abandonado al PRI para aceptar candidaturas de alto o mediano nivel de encargo por otros partidos.

Incluso iniciando acciones para instaurar sus candidaturas independientes a los diversos partidos y con posibilidades de alcanzar mayor éxito electoral que los que sean postulados por el tricolor. Cabe señalar que también hay grupos fuertes e influyentes en el ámbito nacional que están impulsando fuertemente un cambio radical al seno del otrora partidazo, incluyendo la remoción del gerente en turno Enrique Ochoa Reza. Su propósito es provocar el arribo de un nuevo dirigente con peso e impulso político, alterno a la égida presidencial, y pensando en producir la eventual candidatura a la Presidencia de la Republica de un personaje alejado de Peña y su grupo. A estos últimos se les acusa de haber secuestrado a su partido y ser cómplices de la destrucción del mismo, y haber negociado el apoyo a posibles abanderados de otras fuerzas políticas a cambio de prebendas y protección de sus intereses particulares o de facción. Ejemplo de ello podría ser el respaldo a Rafael Moreno Valle o Margarita Zavala. También puede citarse el caso concreto de Nayarit: ahí el ex diputado, ex senador y ex alcalde de la capital del estado, Raúl Mejía será el abanderado a la Gubernatura por el partido Movimiento Ciudadano (PMC). Sin embargo, pueden sumarse en la misma entidad otros, hasta ahora, militantes del PRI que decidan dejar ese partido en busca de otras expectativas electorales o políticas en los ámbitos de los ayuntamientos o el congreso local. Ese ejemplo puede cundir en Coahuila y el Estado de México, en cuanto a las elecciones locales a celebrarse el primer domingo de junio de este 2017. Pero, además, esto podría ser inicio de una desbandada mayor de cara a la elección federal y a las diversas locales a efectuarse el primer domingo de junio de 2018.

No debe  extrañar que todos los sondeos de opinión señalen ampliación permanente del rechazo a la figura presidencial y el notable incremento de las posibilidades en cuanto a que tras los fallidos intentos en 2006 y 2012, en esta ocasión la ciudadanía le dé la oportunidad de ser Presidente de México a Andrés Manuel López Obrador. Al recorrer el país y algunas ciudades del vecino país del norte, AMLO provoca muestras fehacientes de incremento paulatino del respaldo a su aspiración. Y no sólo de los segmentos populares sino también de liderazgos sociales, académicos, profesionales, sindicales, del sector productivo, reduciéndose el acre señalamiento negativo. Se advierte, incluso, que muchos antes frontales denostadores del líder tabasqueño ahora lo escuchan, tanto otorgándole el beneficio de la duda como incluso ya expresando posible respaldo y en ocasiones mostrando públicamente ya su apoyo abierto.

El escenario en el 2005 rumbo a la elección presidencial de 2006 es, de alguna forma, similar al actual de 2017.

Sin embargo, hay algunos matices que podrían ser la gran diferencia que marcarían la pauta para AMLO y su partido, MORENA, otorgando así la gran posibilidad que de nuevo tiene Andrés Manuel López Obrador de convertirse en Presidente de la Republica y gobernar a México de 2018 a 2024.

En 2006, López Obrador se quedó a muy poco de lograrlo ya que oficialmente perdió con una diferencia pírrica de sólo aproximadamente 50 mil votos que, según los polémicos conteos oficiales, significan sólo el .25%, o sea un cuarto de punto porcentual. Conteo polémico porque según los sondeos de opinión, López Obrador llegó a tener más de 15 puntos porcentuales de diferencia a su favor en cuanto a las expectativas de voto; y aunque aún es mucho muy discutible que en realidad haya ganado Felipe Calderón, lo cierto es que sí hubo al final del proceso comicial de 2006 una pérdida de respaldo popular a favor de López Obrador. Entre otras cosas, le hizo mucha mella la gran campaña en su contra que además de los otros partidos que eran sus adversarios como abanderado entonces de la unidad de partidos de izquierda, hicieron para pernear aquello de que el tabasqueño era ‘un peligro para México’. Dicho eslogan fue de ataque frontal contra el tabasqueño que, en conjunto con sus varios errores personales y grupales, propiciaron descarrilarlo y dejar a un lado lo que parecía una inminente victoria, que al final polémicamente fue otorgada a Felipe Calderón Hinojosa, el abanderado del Partido Acción Nacional (PAN). Este último recibió el apoyo de muchos priistas que, impulsados por varios dirigentes, decidieron ‘quemar sus naves’ traicionando a su entonces candidato presidencial que fue Roberto Madrazo Pintado, y dándole votos a Calderón.

Empiezan a intensificar ataques

En la elección de 2012, López Obrador fue recipiendario de amplia votación a su favor. Y aunque inició el proceso en tercer lugar, apretó el paso y logró quedar en segundo lugar a sólo aproximadamente 3 puntos porcentuales de Enrique Peña Nieto.

Pero ahora parece distinto y existe una clara posibilidad para López Obrador. Es interesante ahora notar las recientes concentraciones humanas en Puebla, Tuxtla Gutiérrez, Tlaxcala y Villahermosa en las que, acompañando al líder de MORENA a la firma de un acuerdo sociopolítico por la democracia y desarrollo socioeconómico, han aparecido públicamente destacados personajes tanto de ideología plural como con diversa formación y actividad productiva, sin dejar de contar a políticos priistas que ya están abiertamente sumados a su proyecto.

Tampoco es extraño que empiecen a intensificarse ataques y guerra sucia, además de la búsqueda de mecanismos legislativos que, según sus antagonistas, pudieren frenarlo, como suponen fuera la segunda vuelta comicial. Sin embargo, es visible que, a pesar de todo, la sociedad está dispuesta a encauzar su hartazgo y ejercer a plenitud su poder para definir en las urnas lo que sea la mejor opción para un mejor destino para México y los mexicanos, votando masiva, libre y dignamente, sin permitir la rapiña electoral, defendiendo su voto, pero procurando desde antes de los comicios establecer estructuras y estrategias útiles a fin de evitar tener que llegar al famoso ‘votó por voto, casilla por casilla’. Es necesario, pues, procurar y generar una distancia más amplia en cuanto a la votación, así como establecer una estructura que evite el hurto electoral y el consecuente fraude, además que se consolide plenamente la percepción de triunfo y no sea fácil intentar escatimarlo.

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