Aristóteles y los movimientos sociales

725
0
Compartir

Ruben MartinDesprecio, falta de atención, incumplimiento de compromisos, hostigamiento y represión. Estas palabras definen el trato que el Gobierno del estado de Aristóteles Sandoval Díaz dispensa hacia pueblos, comunidades y organizaciones que han encabezado la protesta social en Jalisco.

En el discurso, el gobierno de Aristóteles Sandoval trata de venderse como vanguardista, con políticas de avanzada en el medio ambiente, en el trato a trabajadores y de supuesta innovación democrática. En la glosa ciudadana que realiza en ocasión de la presentación de su informe de labores, se escucharon elogios al mandatario por animarse a dar respuesta a las preguntas “ciudadanas” y a los cuestionamientos de algunos académicos, empresarios y periodistas.

Ojalá el Gobernador se animara a dar respuesta directa a un amplio número de pueblos, comunidades y organizaciones que, a lo largo de todo su mandato, le han hecho no sólo preguntas, sino cuestionamientos y pliegos petitorios completos.

Por ejemplo, a las familias organizadas que buscan a sus desaparecidos. Es triste y lamentable que el Gobernador tenga tiempo de sobra para asistir a los eventos importantes de las cámaras empresariales, a los actos de anuncios de inversión o apertura de plantas industriales y en las giras para buscar inversiones en el extranjero, pero no para reunirse con los colectivos que están buscando a sus desaparecidos. La desaparición de personas es en México el principal problema que enfrentamos como sociedad, más que la pobreza, la falta de empleos o de servicios públicos. Y ni el Gobierno federal ni el de Aristóteles Sandoval le dan la importancia que se merece.

Por el contrario, el trato del gobierno de Jalisco hacia los familiares de los desaparecidos es de desprecio y desatención.

Hay muchas comunidades que están a la espera de los compromisos asumidos por el Gobernador. Por ejemplo, las poblaciones de Temacapulín, Acasico y Palmarejo que siguen al pendiente de que Aristóteles Sandoval cumpla su promesa de que sus pueblos no se van a inundar, como ofreció en un mensaje en tuit en febrero de 2013. Lo que sí han recibido estos pueblos, así como cientos de miles de habitantes de municipios alteños, son señales de que el Gobernador Aristóteles Sandoval sigue respaldando el megaproyecto hidráulico de la presa El Zapotillo y el acueducto a León con el que se pretende trasvasar (despojar, robar) el agua de la cuenca del río Verde de Los Altos para ofrecérsela al complejo industrial, comercial, inmobiliario de Guanajuato.

En las palabras y en sus giras a reuniones como la Cop de París, Aristóteles Sandoval se presenta como un gobernante preocupado por el medio ambiente e impulsor de políticas ecológicas de vanguardia. En los hechos respalda políticas industriales y energéticas devastadoras del medio ambiente. Los pueblos de El Salto y Juanacatlán jamás han sido escuchados por el actual Gobernador para atender su añejo pliego petitorio en el que exigen poner fin a la devastación que el corredor industrial deja en el río Santiago y en los suelos y aires de su territorio. Por el contrario, el Gobernador sigue impulsado esas industrias y por omisión, negligencia o complicidad, esos pueblos siguen contaminándose y envenenándose, al igual que los pueblos de la barranca en Zapopan, invadidos por la basura metropolitana y por los desarrollos inmobiliarios.

En el bosque el Nixticuil avanza el despojo encabezado por los intereses inmobiliarios, mientras que el bosque de La Primavera enfrenta otro gran riesgo ambiental al reanudarse la explotación geotérmica a manos de empresas vinculadas al empresario Ricardo Salinas Pliego (dueño de TV Azteca y de negocios mineros y energéticos) con quien ya firmó acuerdos para la compra de energía eléctrica.

Con todos los pueblos indígenas de Jalisco (wixaritari, nahuas, cocas y migrantes en la zona metropolitana) impera no sólo la desatención o el desprecio (como en Mezcala el pasado 26 de noviembre), sino también la protección a los invasores y saqueadores de los recursos.

En el caso de varios campesinos invadidos o despojados, como en El Zapote por el aeropuerto, como en Campo Acosta por el megaproyecto turístico de Chalacatepec, o como en El Rebalse en Tenacatita, el gobierno del estado ha estado de lado de quienes despojan y no del lado de los campesinos y ejidatarios.

Todos los movimientos sociales que se han expresado en la zona metropolitana de Guadalajara, como los que luchan contra proyectos inmobiliarios o turísticos han enfrentado no sólo el desdén, sino el hostigamiento y hasta la represión de parte del gobierno estatal.

No puede llamarse o considerarse democrático, sin faltar a la verdad, un gobierno que trata así a miles de ciudadanos que mediante protestas y movimientos sociales, exigen el cumplimiento de sus derechos y la defensa de sus territorios y de su vida.

Compartir

Dejar un comentario

WordPress Image Lightbox