Aristóteles, glosa y likes

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Ruben MartinLos informes de gobierno convertidos en el ritual de elogio al presidente o al gobernador en turno durante la larga era del autoritarismo priista eran tan aburridos y lo más alejado de un ejercicio de rendición de cuentas, que la mínima modificación a ese ritual es considerado un acto valiente, fresco, democrático e innovador.

Este comentario viene a cuento por la glosa ciudadana que el gobernador Aristóteles Sandoval Díaz ha instaurado como su forma personal de presentar su informe anual de actividades al frente del poder Ejecutivo de Jalisco. El gobernador acaba de terminar la cuarta edición de esta glosa ciudadana. El ejercicio consiste en invitar a ciertos académicos, periodistas, representantes empresariales, activistas a formularle preguntas libres sobre cinco ejes temáticos definidos por anfitrión: gobierno y gestión pública; desarrollo económico; gobernabilidad y seguridad pública; desarrollo social; y territorio, movilidad y medio ambiente.

Antes el presidente o el gobernador leían un discurso frente a la clase política del partido de Estado sin cuestionamientos y el ritual se convertía en un día de celebración del Ejecutivo en turno; el humor político del mexicano bautizó al día del informe de gobierno como el día de besamanos. Este ritual se convirtió al paso de los años en el mejor performance de la antidemocracia y el autoritarismo en México. El mismo informe ponía a la vista de todos que no había rendición de cuentas ni equilibrio o independencia de poderes, que no había democracia, pues.

Ahora la novedad es que el gobernador y su equipo seleccionan a un conjunto de invitados y frente a ellos responden las preguntas que le formulan. Esa es la glosa ciudadana que se presume como innovadora forma democrática de rendición de cuentas.

¿Realmente es tan distinto este ejercicio al viejo ritual de los informes de gobierno? En la forma sí, en la sustancia no.

La glosa ciudadana de Aristóteles Sandoval sigue siendo un ejercicio limitado de interacción del ejecutivo con un puñado de invitados, las respuesta a unas cuentas preguntas que los ciudadanos pueden formular en un portal en Internet (de las cuales apenas se eligieron tres) y en una agenda y un formato elegido por el propio presentador del informe.

Es decir, los invitados van al tiempo y el espacio del gobernador y éste, al final de cuentas, convierte la glosa ciudadana en otro día del titular del Ejecutivo. Por más buena voluntad que tengan los invitados, al final sus intenciones son utilizadas y rentabilizadas por las estrategias de publicidad del gobernador que los invita. Para muestra pueden escucharse los extractos de las intervenciones de los participantes enviadas por la oficina de comunicación del Poder Ejecutivo de Jalisco, donde las palabras de los expertos quedaron convertidas en elogios al gobernador. Es decir, el resultado final es un día de cámaras y protagonismo para el gobernante y no en un ejercicio de democracia horizontal y deliberativa.

Las ideas y horizontes políticos predominantes están tan limitados y constreñidos por las anteojeras liberales que cualquier mínima modificación de un ritual parece una maravilla. Si no se dejan a un lado las anteojeras liberales, la glosa ciudadana de Aristóteles Sandoval parece una innovación democrática, cuando no es sino una variación de un ritual en el que se sigue reproduciendo un sistema político donde predomina el poder Ejecutivo sobre los otros poderes, y donde se sigue apostando a la política del espectáculo que busca capitalizar el nuevo formato en reflectores mediáticos y likes en redes sociales para el gobernador.

Al final de cuentas lo que hace Aristóteles Sandoval no es muy distinto a lo que hacía Guillermo Cosío Vidaurri hace 25 años. Es el nuevo ritual del besamanos, pero en tiempos de redes sociales y con auditorios renovados, pero igualmente utilizados para los afanes de reproducción del poder.

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