Trump: la retórica de la prevaricación

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Bruno Lopez-02-02He decidido ponerme escribir esta columna a pesar de que sé que ustedes no tienen la menor idea de lo que está pasando con Donald Trump; lo haré a sabiendas de que todos ustedes se creen analistas políticos cuando en realidad no tienen un dedo de materia gris en el cerebro…

¿Qué les parece esa entrada? ¿Alguna vez habían leído algo así de un articulista? En todo caso debí empezar con algo así como “ustedes y yo sabemos que la actitud del nuevo Presidente de los Estados Unidos no podrá vencer tan fácilmente el coraje, la fuerza y la entereza del pueblo mexicano”. Mucho mejor, ¿verdad?

Pues bien, el primer párrafo es una figura retórica que no puede existir, llamada “captatio malevolentiae”; por su parte, la segunda frase es una “captatio benevolentiae”, técnica de persuasión, y consiste en ganarse de inmediato la simpatía del lector.

Los recientes acontecimientos que involucran a Trump y a los mexicanos me hicieron recordar un extraordinario artículo que leí hace tiempo del semiólogo italiano Umberto Eco, titulado “El lobo y el cordero. Retórica de prevaricación”. Lo he leído de nuevo para compartirles sus tesis que, espero, aporten algo al debate después de los miles de artículos que se han escrito sobre el particular presidente de los Estados Unidos.

La retórica, pues, busca lograr consensos y evade todo aquello que, en primera instancia, genere discordia. Por eso esta técnica, que no es del todo mal vista por Eco, tiene en las sociedades libres y democráticas los espacios adecuados para florecer. En cambio, lo que se establece unilateralmente, lo que se impone por la fuerza, no necesita consensos. Por eso los violadores, atracadores, golpeadores, la gente abusiva no necesita para nada la retórica…

Pero hay casos extremos donde esos violadores y abusivos, aparte de pasar por encima de su víctima, todavía intentan convencerla de que lo que hace está bien y que es conveniente y quiere contar con su aprobación y su simpatía.

Lo que Trump nos está recentando es un actuar despótico regido por la fuerza y la prevaricación. ¿Problemas con los mexicanos? Les levanto un muro y todavía hago que lo paguen.

¿Problemas con China? Les triplico los aranceles y les cierro las fronteras. ¿Problemas con el vecino? Cómprate una pistola y dale un balazo. ¿Qué dijo Madonna? No le hagan caso, es una asquerosa…

Prevaricar, según el diccionario, significa “abusar del propio poder para obtener ventaja en contra del interés de la víctima” y “actuar en contra de la honestidad transgrediendo el límite de lo lícito”. Si al abuso del poder que está utilizando Trump le sumamos la retórica con la que intenta convencer al pueblo estadounidense de que está haciendo lo correcto, llegamos a lo que Eco denomina la retórica de la prevaricación. Y, para explicarlo todavía más sencillo, lo ejemplifica en su artículo con una fábula del “Fedro”, de Platón:

Un lobo y un cordero, empujados por la sed, llegaron al mismo riachuelo. El lobo se detuvo más arriba, y mucho más abajo se situó el cordero. Entonces, aquel bribón, empujado por su desenfrenada glotonería, buscó pretextos para pelearse.

-¿Por qué –dijo- enturbias el agua que estoy bebiendo?

El cordero, atemorizado, respondió:

-Perdona, ¿cómo puedo hacer eso, si bebo el agua que pasa antes por ti?

Y aquél, derrotado por la evidencia del hecho, dijo:

-Hace seis meses hablaste mal de mí.

Y el cordero rebatió:

-¡Pero si aún no había nacido!

-¡Por Hércules! Fue tu padre el que habló mal de mí –dijo el lobo. E inmediatamente se le echó encima y lo despedazó hasta matarlo injustamente.

Como el lobo de la fábula, Trump busca elementos retóricos para convencer de que hacer el muro y que lo paguen los mexicanos es lo correcto. Intenta convencer a los mexicanos, a los estadounidenses y a él mismo de que está en lo correcto. Dice que cruzan la frontera para quitarles el trabajo, que las empresas americanas como Ford dejan Estados Unidos para irse a generar riqueza a otros países, pero también linduras como la narrativa de que el muro será benéfico para nosotros.

Siguiendo el texto de Eco, podemos “tropicalizar” que la actitud de Trump es una auténtica retórica de la prevaricación, que si bien a ratos –sumamente escasos- intenta bajarle un poco a su radio, en realidad no busca justificaciones para quedar bien o convencer a los mexicanos. Está abusando de su poder para querer pasar por encima de nosotros, transgrediendo incluso los límites de lo lícito.

La persuasión de Trump se centra más en la retórica “captatio malevolentiae” con la que empecé esta columna: “Enano, o te comes la sopa, o te tiro por la ventana”. 

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